Tejiendo territorios: Saberes que germinan: Ciudadela Educativa de Bosa y la Universidad Distrital en diálogo con el Jardín Botánico
Entre juegos, preguntas y sonrisas, los estudiantes del curso 705 del Colegio Ciudadela Educativa de Bosa se convirtieron en maestros por un día, compartiendo con futuros ingenieros ambientales de la Universidad Distrital todo lo aprendido en su proceso de participación acompañado por el Jardín Botánico José Celestino Mutis, demostrando que el cuidado de la vida también se enseña jugando.
Un jueves cualquiera puede convertirse en una experiencia inolvidable cuando el conocimiento se comparte con alegría. Así ocurrió cuando los estudiantes del curso 705 del Colegio Ciudadela Educativa de Bosa recibieron a un grupo de futuros ingenieros ambientales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. El auditorio se transformó en un recorrido por cinco estaciones temáticas, resultado del proceso que los jóvenes han trabajado durante meses junto al Jardín Botánico José Celestino Mutis.
Biodiversidad: un país lleno de vida
Para iniciar el viaje, los anfitriones explicaron qué es la biodiversidad y por qué Colombia está entre los países más ricos en especies del mundo.
Pero no fue una simple charla: los universitarios tuvieron que ponerse a prueba dibujando o listando animales y plantas que habitan el país.
Entre risas y algunos momentos de duda, quedó claro que aún los más grandes aprenden algo nuevo cuando los pequeños enseñan.
Conciencia ambiental: jugar para cuidar
El siguiente punto fue uno de los más aplaudidos. Tres juegos — caza colores, mini basket y arma la torre— pusieron a prueba la rapidez y los conocimientos ambientales de los estudiantes invitados.
Cada paso, cada lanzamiento y cada pieza de torre venían acompañados de una pregunta sobre el uso responsable del agua, la protección de los ecosistemas y el manejo adecuado de residuos.
El mensaje fue contundente: aprender a cuidar nuestro entorno es un deber de todos.
Arboles: guardianes silenciosos de la ciudad
Los niños y niñas del 705 hablaron de los árboles que acompañan la vida diaria en Bogotá: sus formas, sus hojas y su papel en la calidad del aire.
Luego vino el reto: una sopa de letras que escondía especies emblemáticas. Los universitarios, con mayor o menor velocidad, descubrieron que conocer los nombres de los árboles también es una forma de comenzar a protegerlos.
Huertas: cultivar para sanar.
A pesar de enfrentar un imprevisto técnico, los estudiantes encargadas de este eje no se rindieron. Transformaron la actividad en una dinámica de verdadero o falso y un juego para adivinar frutas y verduras.
Además, compartieron un aprendizaje valioso: las huertas no solo alimentan el cuerpo, también ayudan a cuidar la mente y las emociones.
Una simple semilla puede convertirse en bienestar.
Aves: alas que cuentan historias
El recorrido culminó con un bingo de aves, donde especies como la mirla, el azulejo y la tángara fueron las protagonistas.
Para ganar, había que escuchar y responder. Así, los jóvenes demostraron que las aves no solo embellecen los cielos urbanos, también cumplen funciones esenciales en los ecosistemas.
El encuentro terminó con agradecimientos y una certeza compartida: cuando se confía en los niños y jóvenes, ellos nos demuestran la fuerza de la construcción del conocimiento colectivo.
Los universitarios se llevaron la sorpresa de aprender de quienes, al menos por ahora, son más pequeños; y los chicos del 705 descubrieron que su voz tiene poder, que sus juegos educan y que su compromiso con el ambiente inspira.
Un día de enseñanza y aprendizaje mutuo que, como una semilla, seguirá creciendo.






