Historias del verde urbano: ¡Arte botánico en el bosque urbano Canal Boyacá!
Cerca de 15 adultas mayores dibujaron y pintaron con acuarelas las hojas, frutos y flores de varios de los árboles que habitan este oasis verde de Fontibón.
Durante este taller lúdico y ambiental también aprendieron las diferencias entre las especies nativas, introducidas e invasoras.
Esta es una de las actividades que realiza el Jardín Botánico José Celestino Mutis para fortalecer el tejido social de este bosque urbano del occidente de la ciudad.
Bogotá, mayo de 2026. En los alrededores del Canal Boyacá, un colector de aguas lluvias con una longitud de 1,9 kilómetros, se consolidó uno de los mayores tesoros botánicos de la localidad de Fontibón.
Se trata de un bosque urbano con un tamaño cercano a las siete hectáreas y que está rodeado por viviendas, torres de apartamentos y establecimientos comerciales de los barrios Modelia, La Esperanza y Tarragona.
Más de 1.700 árboles y arbustos de diferentes especies habitan en este edén de biodiversidad que hace parte de la cuenca hidrográfica del río Fucha, una cobertura vegetal que es defendida por la comunidad desde hace décadas.


Por ejemplo, en 2019, luego de conocer un proyecto de alto impacto que pretendía construir un complejo deportivo en medio del bosque, los ciudadanos se unieron para protestar pacíficamente por los impactos ambientales que arrojaría la obra.
Según la Fundación Dodo Colombia, organización que lucha por conservar la biodiversidad de este sector, cientos de habitantes de Modelia realizaron una velatón para evitar la tala de casi 160 árboles adultos.
Los ambientalistas denunciaron que el proyecto iba a dejar sin hogar y alimento a cientos de especies de aves residentes y migratorias. “Si tenemos esa fractura, vamos a afectar el ecosistema frágil porque es una zona verde”, revela Dodo en su página web.
En 2015, una caminata liderada por la fundación, el ecólogo Juan Carlos Caicedo y vecinos de la zona, arrojó registros de 41 especies de la avifauna en el bosque urbano Canal Boyacá, entre ellas varias rapaces como el halcón pecho canela y el búho orejudo.
Esto dio paso a la creación de un proyecto comunitario de monitoreo de biodiversidad del Canal Boyacá, una página en la plataforma iNaturalist donde los amantes y defensores de la naturaleza suben sus registros y observaciones.
“Este corredor ecológico pasa a una cuadra de nuestras casas, lo que ha facilitado su permanente monitoreo. En iNaturalist sumamos 4.176 observaciones de 570 especies de la flora y fauna del canal”, informó la fundación Dodo.
Cocreando el bosque
A finales de 2021, la aprobación del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá le dio la razón a la defensa ciudadana por el verde del Canal Boyacá, que está dividido en dos zonas debido al paso de la avenida La Esperanza.
La carta de navegación de la ciudad le ordenó a la Secretaría de Ambiente y el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) fortalecer o consolidar 21 bosques urbanos en la ciudad, un listado que incluyó a este tesoro botánico de Fontibón.
Desde 2022, ambas entidades iniciaron un proceso de cocreación con la comunidad para aumentar o robustecer las coberturas vegetales del Canal Boyacá, un trabajo en el que también participan el IDRD y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado.


“Mientras aprueban los diseños de las nuevas plantaciones, hemos realizado varias jornadas de replante para recuperar el arbolado joven. La comunidad también quiere consolidar jardines biodiversos”, dijo Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo del JBB.
La cocreación también incluye fortalecer el tejido comunitario y aumentar los conocimientos ambientales de los líderes del bosque, un trabajo que es liderado por el equipo social de la Subdirección Técnica Operativa.
Este año, Liseth Reyes, licenciada en biología que se encarga de los procesos sociales en la localidad de Fontibón, ha hecho varios talleres y recorridos en el Canal Boyacá con algunos de sus líderes y habitantes del sector.
“Decenas de ciudadanos han participado en jornadas de avistamiento de aves y exploraciones en medio del bosque para conocer las características y servicios ecosistémicos que prestan las especies arbóroeas y arbustivas”.
Liseth, una gran apasionada de los insectos y la pintura, fijó su mirada en un grupo de más de 30 adultas mayores que hacen ejercicio dos veces a la semana en una zona dura que colinda con el CAI de Modelia.
“Quería brindarles un taller que conecta la ciencia con el arte, una jornada de diario de naturaleza para explorar la morfología, texturas y estructuras del arbolado a través de la pintura en acuarela”.
Jamelis Amador, líder de este grupo de abuelas deportistas y que también hace parte de la red de cuidadores del bosque urbano Canal Boyacá, aceptó encantada la invitación de la profesional social del JBB.
“Acordamos reunirnos el 15 de mayo a las ocho de la mañana, hora en la que las adultas mayores terminan sus actividades físicas. Para que estuvieran más cómodas durante el taller, empecé a buscar un espacio cerrado en el sector”.
El Grupo Alianza Estratégica GAE Ltda., una empresa de asesoría, adquisición, mantenimiento y suministro de partes para instrumentación analítica y que tiene su sede en una moderna edificación ubicada al lado del canal, le abrió sus puertas.
“La señora Jamelis ha realizado varias reuniones en los salones de esta empresa. Uno de sus directivos me dijo que podía contar con sus instalaciones para los talleres y jornadas de cocreación del bosque urbano”.
Arte botánico
El pasado viernes 15 de mayo, Liseth llegó al bosque urbano Canal Boyacá a las 7:30 de la mañana. Antes de recoger a las futuras alumnas en el CAI de Modelia, recorrió algunas zonas boscosas para colectar muestras botánicas.
“El objetivo de esta jornada de diario de naturaleza era que las adultas mayores dibujaran y pintaran con acuarelas las hojas, flores y frutos de cuatro especies arbóreas que habitan el bosque: chicalá amarillo, caucho sabanaero, sauco y jazmín del cabo”.
El cansancio de la actividad deportiva no fue un impedimento para que cerca de 15 mujeres asistieran a la actividad artística y botánica. “Amamos la naturaleza y además queríamos volver a dibujar y pintar, algo que no hacemos desde que éramos niñas”, dijo Jamelis.


Luego de una corta caminata, las estudiantes, vestidas con sudaderas, llegaron a la empresa Grupo Alianza Estratégica GAE e ingresaron a un amplio salón desde donde se ve parte de la magia biodiversa del bosque.
Liseth organizó en una mesa todo el material botánico y artístico, como hojas, frutos, flores, rectángulos de papel reciclado, paletas de acuarelas, lápices, colores, pinceles, vasos con agua y un microscopio digital.
“Con este taller quiero que conozcan y diferencien las especies arbóreas nativas, introducidas o foráneas e invasoras. Mientras ustedes dibujan y pintan en el papel, yo les iré contando información sobre estos habitantes del bosque Canal Boyacá”.
El taller inició con el chicalá amarillo, un árbol nativo del centro y sur de América que puede alcanzar los los 10 metros de altura y es bastante conocido por su intensa floración amarilla entre los meses de junio y septiembre.
“Tiene una flor en forma de trompeta para que los picos de los colibríes puedan obtener su néctar y polen. El tono amarillo de sus flores no es un capricho de la naturaleza: es uno de los colores que más atraen a los polinizadores”.
Las adultas mayores dibujaron y pintaron con las acuarelas las formas de las hojas aserradas, las flores amarillas y los frutos alargados (vainas) del chicalá amarillo, un árbol que abunda en el Canal Boyacá.
El segundo turno fue para el caucho sabanero, una especie nativa del continente americano (Andes del norte y América Central) con una altura superior a los 20 metros y que cuenta con frutos redondos y rosados y hojas alternas.
“Es uno de los árboles más representativos de Bogotá. Lo podemos encontrar en los andenes de las vías principales de la ciudad y en los parques y bosques urbanos. Es polinizado por varias aves e insectos”.
La licenciada en biología les informó que las especies nativas son originarias de una región geográfica específica. “El chicalá amarillo y el caucho sabanero son nativas de nuestro continente, es decir que no crecen de forma natural en ninguna otra parte del planeta”.
El taller continuó con el jazmín del cabo o laurel huesito, un arbusto perenne y ramificado originario de Australia que abunda en la mayoría de las zonas verdes de Bogotá. Es conocido por sus frutos redondos de color amarillo y naranja.
“El jazmín llegó a la ciudad de una manera antrópica, es decir que el ser humano la introdujo. Además, está catalogada como una planta altamente invasora y agresiva; las sustancias químicas de sus hojas y raíces impiden el crecimiento de otras plántulas”.
“¿Y por qué hay tantos jazmines del cabo en Bogotá?”, preguntó una de las alumnas. “Es una especie que se propaga sola con mucha facilidad. Sus semillas germinan a donde llegan y cuando se consolida su copa, bloquea la luz e inhibe la regeneración natural”.
Según Liseth, esta especie no es plantada por ninguna autoridad ambiental en el país. “La CAR en Cundinamarca y la Secretaría de Ambiente de Bogotá la han clasificado dentro de sus inventarios de especies con alto potencial de invasión”.
El último turno fue para el sauco, un arbusto bastante famoso en la comunidad debido a sus propiedades medicinales. Por ejemplo, con sus frutos morados y flores blancas se hacen infusiones que mejoran los quebrantos respiratorios.
“En Bogotá encontramos un sauco nativo de nuestro continente y otro europeo que fue introducido. No todas las especies introducidas son invasoras; por ejemplo, el sauco de Europa no afecta a las demás especies”.
Luego de más de dos horas de taller, una actividad donde las adultas mayores también pudieron observar todos los detalles de las hojas, frutos y flores de estos árboles a través de un microscopio digital, las obras de arte botánicas quedaron listas.
“Al comienzo sentí pena porque llevo más de 50 años sin dibujar. En este hermoso taller aprendí mucho sobre los árboles y además regresé a la primaria; mis compañeras me dijeron que tenía talento para la pintura y por eso voy a enmarcar mi cuadro botánico”, dijo una de las participantes.
Para Jamelis Amado, líder de este grupo de abuelas deportistas, la lección más valiosa fue aprender a diferenciar las especies nativas, introducidas e invasoras. “Yo pensaba que todas eran originarias de Bogotá; estos talleres son muy valiosos para conocer el bosque”.
La profesional social tiene pensado realizar otros talleres o actividades lúdicas con estas adultas mayores. “Ellas ya hacen parte del fortalecimiento del bosque urbano Canal Boyacá. Me dijeron que quieren aprender sobre las aves que observan a diario en este pulmón de Fontibón”.






