Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines

Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines

El Jardín Botánico José Celestino Mutis continúa transformando las jardineras de la avenida más verde de la capital.

Los alrededores de Intiwatana, uno de los monumentos del Museo Vial de la calle 26, volvió a florecer con más de 3.400 plantas de cinco especies.

Los 378 metros cuadrados de esta nueva cobertura vegetal albergan circunferencias y triángulos que representan la forma del sol y los puntos cardinales.

Bogotá, junio de 2026. La emblemática calle 26, una moderna avenida pintada de verde que nace en las faldas de los cerros orientales y termina en el Aeropuerto Internacional El Dorado, cuenta con un museo al aire libre.

A finales de 1994, ocho monumentos metálicos o en concreto de gran porte fueron ubicados en varios sitios del separador central de este corredor vial que lleva el nombre de Jorge Eliécer Gaitán, un político que la historia inmortalizó como el caudillo del pueblo.

Según “Bogotá, un museo a cielo abierto”, libro del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), el Museo Vial de la también llamada avenida El Dorado nació durante la presidencia de César Gaviria y estuvo en cabeza de la primera dama.

Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines
Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines

“Ana Milena Muñoz, motivada por la celebración de los 456 años de la fundación de Bogotá, conformó un grupo de trabajo para diseñar y ejecutar un proyecto que dotara de esculturas a varias avenidas a través de una gran convocatoria de artistas”.

“Pedazo de río”, “Horizontes”, “Doble Victoria Alada”, “El Viajero”, “La Ventana a Bogotá”, “Intiwatana”, “Eclipse” y “Longos” son las obras de arte de este museo comprendido entre la carrera 50 y el aeropuerto.

Hace más de 10 años, los alrededores de tres monumentos reverdecieron con varias de las especies más tradicionales de la jardinería urbana, un proyecto que estuvo a cargo del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).

“En esa época montamos 42 jardineras a lo largo de la calle 26. La Ventana, Intiwatana y Longos hicieron parte de esta nueva cobertura vegetal que suma más de 4.200 metros cuadrados”, informó Jorge Rodríguez, ingeniero que lideró la creación de los jardines.

El tíbar de jardín, un arbusto con ramas gruesas y flores de color rosado, fue el tesoro botánico insignia del proyecto. Miles de estas plantas fueron ubicadas en los extremos de todas las jardineras para proteger a las demás especies.

“Durante muchos años, estos jardines, la mayoría en forma triangular, les dieron más vida y color a las tres esculturas y demás sectores que reverdecimos en la calle 26. Sin embargo, las dinámicas sociales empezaron a deteriorarlos”, apuntó Rodríguez.

Cambuches y basureros

Los habitantes en condición de calle se apoderaron de varias de las 42 jardineras de la avenida más verde de Bogotá, un corredor vial de 13,3 kilómetros donde habitan más de 12.000 árboles y arbustos de diversas especies.

Así lo evidenció Sergio Rivera, ingeniero agrónomo del JBB que tiene a su cargo las áreas ajardinadas de los principales corredores viales de la capital, en un recorrido realizado a inicios del año pasado.

“Los tíbares, arbustos que alcanzaron un tamaño superior a los dos metros de altura, se convirtieron en refugios de los habitantes de calle debido a su densidad y exceso de ramificación”.

Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines
Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines

Los jardines de la calle 26 necesitaban una intervención urgente. Sergio le propuso a Laura Posada, coordinadora del equipo de jardinería del Jardín Botánico, transformar estas coberturas vegetales.

“Sin embargo, antes de la transformación realizamos la poda drástica de los tíbares. Entre junio y agosto del año pasado, el operario Ferney Loaiza, del equipo de colecciones vivas, utilizó una motosierra y dejó los arbustos a una altura de aproximadamente 80 centímetros”.

La poda dejó ver el lamentable estado en el que se encontraban varios de los jardines. Plásticos, papeles, botellas, colillas, cobijas, ropa, inodoros, navajas, cuchillos, llantas, tablas, muebles y colchones habitaban en el interior de las jardineras rodeadas por los tíbares.

“Durante esta ardua y larga limpieza recogimos 134 metros cúbicos de residuos sólidos y material vegetal en todas las jardineras de la avenida. Al disminuir el tamaño de los arbustos, los habitantes de calle abandonaron la zona”.

Luego de la poda, Sergio creó un plan de trabajo para comenzar a transformar los afectados jardines de la calle 26. Su objetivo era que tuvieran un nuevo diseño y reemplazar los tíbares por otras especies de porte bajo.

“Decidí empezar de occidente a oriente. Sin embargo, como además de la calle 26 tengo a cargo otros 10 proyectos de jardinería en varias avenidas y corredores viales de la ciudad, la transformación será gradual”.

El nuevo vestido del monumento inca

La transformación jardinera inició en septiembre del año pasado. Sergio y su cuadrilla de nueve operarios recuperaron dos jardineras cercanas al Portal ElDorado de TransMilenio que suman un área de 152 metros cuadrados.

En octubre, el turno fue para la jardinera triangular que colinda con la estación Modelia de TransMilenio (200 metros cuadrados donde se plantaron 1.822 plantas); y el un triángulo de 70 metros cuadrados ubicado al frente de la DIJIN (830 plantas).

El equipo jardinero recuperó cuatro jardineras en los separadores centrales comprendidos entre las avenidas Boyacá y Rojas durante los primeros días de noviembre: 211 metros cuadrados se vistieron con 2.020 plantas.

Historias del verde urbano: Intiwatana: la escultura inca de la calle 26 que recuperó sus jardines
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“Este año tengo la meta de transformar los jardines de La Ventana, Intiwatana y Longos, tres monumentos que hacen parte del Museo Vial, además de otras jardineras críticas ubicadas en sectores de Engativá y Teusaquillo”, contó el ingeniero agrónomo.

“La Ventana a Bogotá”, un marco de hierro ubicado en el separador de la calle 26 con carrera 85d, fue el primer monumento renaturalizado. A mediados de abril, los 270 metros cuadrados que suman las dos zonas jardineras se transformaron en un tapete floral.

“Luego de retirar todos los tíbares y adecuar el terreno, plantamos cerca de 3.400 plantas de seis especies. El diseño representa el paisaje que podemos observar a través del monumento, como los cerros orientales, las nubes y los rayos del sol”.

En mayo, el turno fue para Intiwatana o Intihuatana, monumento ubicado a la altura de la carrera 81B (localidad de Fontibón). La escultura fue construida por el artista peruano Fernando de Szyszlo y es un homenaje a la cultura inca.

Según Sergio, este monumento de dos metros de altura y dos metros de ancho albergaba una de las jardineras más críticas en toda la calle 26. El gran tamaño de los tíbares ocultaba montículos de basura.

“En la poda drástica del año pasado, en esta jardinera de 378 metros cuadrados que están divididos en dos sectores, encontramos el cambuche de una pareja de habitantes de calle conformado por colchones, cobijas y una gran proliferación de residuos sólidos”.

Antes de empezar a transformar la deteriorada cobertura vegetal, el ingeniero consultó varios artículos y publicaciones para conocer algo de la historia del monumento, una escultura abstracta en cemento que tiene una H con tres círculos y un rectángulo abierto.

“El libro Bogotá, un museo a cielo abierto” informa que Intiwatana es una palabra quechua que significa el lugar donde se amarra el sol. El monumento hace referencia a los intihuatanas que son el centro de cada construcción inca”.

También leyó que la obra hace referencia a los calendarios solares que usaban los incas para guiarse durante las estaciones y que tiene una gran conexión con un monolito peruano llamado el Lanzón de Chavín.

“Esta información me inspiró para hacer el diseño del proyecto. Los dos nuevos jardines de Intiwatana contarían con una circunferencia en la mitad que simboliza el sol y la cual estaría rodeada por triángulos que indican los puntos cardinales”.

El 6 de mayo, Sergio y varios de sus operarios empezaron a transformar la zona. Con un dingo, un cargador utilitario compacto o minicargadora de pie, retiraron los tíbares de los dos sectores de la jardinera y lograron retirar cerca de 18 metros cúbicos de material vegetal.

“El 11 de mayo nos dedicamos a retirar el césped y voltear el suelo; y el 15 de mayo aplicamos en la zona 90 bolsas de compost que trajimos de una compostera que tenemos en la jardinera de la rotonda de la calle 63”.

Entre el 20 y 22 de mayo, Sergio y los nueve operarios de su cuadrilla, Maira Vargas, Damaris Sánchez, Rosa Ocampo, María Nontoa, Candelaria Arrieta, Karen Calambas, Omar Tombe, Elsa Bautista y Luis Caicedo, trabajaron bajo el sol y la lluvia para darle vida al nuevo jardín.

“Luego de nivelar la tierra, Maira y yo nos dedicamos de lleno a hacer el trazado, es decir pasar el diseño del papel al terreno por medio de piolas, estacas y varillas. Los círculos que simbolizan el sol y los triángulos de los puntos cardinales quedaron trazados el 20 de mayo”.

Intiwatana se iba a renatrualizar con cerca de 3.400 plantas de cinco especies: vinca, lirio amarillo, llama, bella a las once y clavel chino, material vegetal que fue propagado en el vivero satélite que el JBB tiene RenoBo, en el centro de la ciudad.

Maira, Damaris, Rosa, María, Candelaria, Karen, Omar, Elsa y Luis se dividieron en dos grupos. Uno se encargó de recoger las plantas del vivero y el otro empezó a plantar en uno de los sectores de la jardinera.

El viernes 22 de mayo, a las tres de la tarde, el nuevo vestido verde de Intiwatana quedó listo. “Cuando todo el material florezca, esta jardinera va a lucir como un atardecer por esa mezcla de tonos amarillos, naranjas, morados y rosados”, expresó Candelaria.

“Quedamos muy satisfechos con el resultado final de esta jardinera. La vamos a regar y podar con frecuencia para que su diseño colorido deleite a las personas que transitan por la calle 26, un ícono de la capital que seguiremos renaturalizando este año”, concluyó el ingeniero.