Historias del verde urbano: San Isidro: el futuro bosque nativo del Mochuelo Alto
En este predio de ocho hectáreas ubicado en la ruralidad de Ciudad Bolívar, el Jardín Botánico de Bogotá inició un nuevo proyecto de restauración ecológica.
Con la plantación de 18.000 árboles y arbustos de especies nativas en varias zonas del terreno, se empezará a consolidar un nuevo bosque altiandino.
En las veredas Mochuelo Alto y Bajo, la entidad lleva cinco años restaurando 42,7 hectáreas en 10 predios que tiene la UAESP.
Bogotá, 3 de septiembre de 2025. En las casi 2.900 hectáreas del Mochuelo, uno de los tres corregimientos de la zona rural de Ciudad Bolívar, no tiene cabida la jungla de cemento que generó la acelerada urbanización de Bogotá.
Los cultivos de papa, arveja y cebolla; los corrales llenos de vacas, ovejas, caballos y cerdos; las viviendas de un piso con tejas antiguas; y el olor de la aguapanela con almojábana y queso; marcan la parada en las dos veredas que lo conforman: Mochuelo Alto y Bajo.
La vegetación del bosque altoandino conserva gran parte de su belleza. En esta zona montañosa desde donde aparece una amplia panorámica del sur de la ciudad, los raques, encenillos, sietecueros, canelos y alisos están cubiertos por musgos, bromelias y barbas de viejo.


Las aguas de las quebradas que atraviesan el corregimiento, las cuales nutren al caudaloso río Tunjuelo, aún lucen diáfanas. El viento helado y el sol picante les pintan de rojo los cachetes a los campesinos, ciudadanos de ruana y sombrero que ya manejan los aparatos tecnológicos.
La magia biodiversa y rural de los Mochuelos contrasta con un vecino no deseado que los acompaña desde 1988: el Relleno Sanitario Doña Juana, ubicado en el Mochuelo Bajo. A diario, a esta zona descapotada llegan 7.500 toneladas de residuos sólidos de la urbe.
Según Félix Pinzón, un campesino de 34 años que siempre ha vivido en la vereda Mochuelo Alto, los habitantes de esta parte de la ruralidad de Ciudad Bolívar se vieron obligados a convivir con los olores nauseabundos y vectores como moscas.
“Cinco generaciones de mi familia han vivido acá; mis dos hijos son la más reciente. A pesar de los impactos ambientales del relleno, ninguno ha querido sacar las raíces de este hermoso territorio cubierto por la niebla”.
Debido a su gran conocimiento sobre la zona, hace cinco años la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP), entidad que se encarga del manejo de Doña Juana, contrató a Felix como el guardabosques de los Mochuelos.
Su trabajo consiste en cuidar los árboles y arbustos de especies nativas del bosque altoandino que han sido plantados en los más de 15 predios que la UAESP compró para hacer restauración ecológica, una de las medidas de compensación por los impactos ambientales del relleno.
“Vigilo a diario que estos tesoros verdes no se vean impactados por la actividad pecuaria, es decir por las vacas, caballos y ovejas, o por la mano del hombre. También les ayudo a las entidades que lideran el proceso de restauración con temas logísticos”.
Un nuevo bosque
El guardabosques de los Mochuelos, que tiene un técnico en administración de empresas y actualmente cursa séptimo semestre de ingeniería agroforestal, asegura que el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) es uno de los grandes aliados en la restauración.
“Esa entidad hermosa que estudia la naturaleza, lleva más de cinco años restaurando la mayoría de predios que ha comprado la UAESP. Hoy en día, todos lucen como un bosque altoandino en desarrollo y crecimiento”.
En las montañas del Mochuelo Alto y Bajo, la Subdirección Técnica Operativa del JBB empezó su primer proyecto de restauración ecológica en 10 predios de la UAESP que suman un área de 42,7 hectáreas.


Paola Piñeros, coordinadora del grupo de restauración de la subdirección donde trabajan varios ingenieros y operarios, informó que en estos terrenos se han plantado más de 71.000 árboles y arbustos de especies nativas.
“Fueron plantados entre 2020 y 2022 y desde ahí el equipo se ha encargado de hacerles un mantenimiento constante. En el polígono o predio 8, varios de los trabajadores del JBB hicimos una plantación de 10.000 árboles en un solo día”.
Los predios que hacen parte de este proyecto, según informa Paola, ya tienen forma de bosque. “La mayoría de árboles han crecido adecuadamente y el cambio es bastante notorio desde las imágenes de dron. Sin embargo, la restauración es un proceso de largo aliento”.
En julio de este año, el Jardín Botánico inició un nuevo proyecto de restauración ecológica en el Mochuelo Alto: un predio de ocho hectáreas de la UAESP llamado San Isidro y que en el pasado fue destinado a las actividades agropecuarias.
“La meta es restaurar toda el área del predio, sitio donde está ubicado el acueducto veredal Asoporquera, con la plantación de 18.000 árboles y arbustos de aproximadamente 50 especies nativas del bosque altoandino”, afirmó Paola.
Luisa Morales y Ramiro Garzón, ingenieros del equipo de restauración, fueron escogidos para liderar el proyecto con 10 operarios, la mayoría habitantes de las zonas rurales de Ciudad Bolívar y Usme.
“Luego de recorrer la zona para hacer el diseño, decidimos dejar varias zonas sin plantar para que el chirlobirlo (Sturnella magna), ave nativa del continente americano, pudiera anidar con toda tranquilidad en el suelo”, mencionó Laura.
Avanza la restauración
Entre julio y agosto, el Jardín Botánico ha plantado cerca de 9.000 árboles y arbustos nativos en varias zonas de San Isidro, un predio por donde fluyen las aguas cristalinas de la quebrada La Porquera y que está ubicado en las faldas del cerro Gavilán.
“Entre las más de 50 especies del bosque altoandino más representativas que hemos plantado están el encenillo, palo blanco, arrayán, raque, mortiño, uva camarona, blanquillo y mano de oso”, apuntó la ingeniera.
En las jornadas de plantación, Laura, Ramiro y los operarios han quedado maravillados con la biodiversidad del sitio. Además del chirlobirlo, han observado águilas, colibríes, patos, toches, mochuelos y algunos mamíferos.


Sin embargo, los trabajadores del JBB se percataron que algunos de los tesoros verdes desaparecían o se veían bastante afectados al poco tiempo de ser plantados. El culpable de estos impactos era el ganado de la zona.
Según Laura, debido a la falta de cercas en el predio, las vacas y caballos de las fincas aledañas ingresan con facilidad a San Isidro y se alimentan de los árboles y arbustos que no superan el metro de altura.
Esto los llevó a buscar la ayuda de Félix, el guardabosques de los Mochuelos. “Gestioné los recursos para construir una cerca en las zonas que ya fueron plantadas. Yo me encargué de ese montaje con la ayuda de los operarios del JBB”.
La coordinadora del grupo de restauración de la Subdirección Técnica Operativa afirmó que, cuando la UAESP monte las demás cercas, volverán a hacer nuevas plantaciones en San Isidro con la participación de la comunidad.
“Tenemos proyectado terminar de plantar a mediados de noviembre, fecha en la que el predio contará con 18.000 nuevos árboles y arbustos. Este es el primer paso para la restauración de las ocho hectáreas, meta que necesita de los cerramientos”.
Además de conformar un futuro bosque nativo en San Isidro, este proyecto de restauración ecológica va a beneficiar a las 351 personas de la vereda Mochuelo Alto que hacen uso del acueducto veredal, en especial a las seis familias que habitan en las zonas aledañas.
“El proyecto de restauración será un gran aporte a la Estructura Ecológica Principal y beneficiará de forma indirecta a la Unidad de Planeamiento Local (UPL) de la cuenca del Tunjuelo, que corresponde a la zona rural de Ciudad Bolívar y Usme”, concluyó Laura.






