Historias del verde urbano: Los jardines en medialuna del Refugio Alto recobran su belleza

Historias del verde urbano: Los jardines en medialuna del Refugio Alto recobran su belleza

La erosión eólica y las heladas de la madrugada afectaron las dos jardineras que tiene el Jardín Botánico de Bogotá en este barrio de la localidad de Chapinero.

Con el replante de más de 1.000 plantas de siete especies, estas coberturas vegetales creadas hace una década recuperaron sus colores.

Los 100 metros cuadrados de estos jardines en forma de medialuna también recibieron fertilización y aplicación de chipeado.

Bogotá, 27 de agosto de 2025. En la calle 87 con carrera 3, un sector del barrio Refugio Alto ubicado en las faldas de los cerros orientales en la localidad de Chapinero, la naturaleza se siente a sus anchas.

Durante todo el día, los colibríes revolotean tranquilos y se alimentan del néctar de las flores de los arbustos. El canto de los toches o turpiales se escucha con claridad por el poco flujo vehicular.

Los abejorros, insectos robustos, peludos y especialistas en la polinización que tenían una alta presencia en Bogotá, zumban en paz por todos los recovecos verdes de la zona. Las mariposas pintan de diversos colores el paisaje.

Historias del verde urbano: Los jardines en medialuna del Refugio Alto recobran su belleza
Historias del verde urbano: Los jardines en medialuna del Refugio Alto recobran su belleza

Debido a su cercanía con los cerros tutelares, los zorros cangrejeros, zarigüellas, comadrejas y ardillas aparecen con frecuencia. En las noches, los murciélagos, lechuzas y búhos sobrevuelan el sitio en busca de alimento.

El arbolado de este sitio residencial de conjuntos de casas y altas torres de apartamentos, es abundante y variado. Sangregados, cauchos, robles, urapanes, eucaliptos, sauces y saucos son algunas de sus especies.

Las ramas de los chicalás amarillos, un árbol nativo de Sudamérica y Centroamérica con una altura de 10 metros y que florece con mayor intensidad entre junio y septiembre, albergan decenas de bromelias.

Los jardines también hacen parte del panorama. Hace aproximadamente 10 años, el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) montó jardineras en forma de medialuna en dos sitios triangulares con alta pendiente ubicados en medio de la calle vehicular.

Según Édgar Bernal, ingeniero agrónomo de la entidad que tiene a su cargo las zonas ajardinadas de la localidad de Chapinero, estas coberturas vegetales suman 100 metros cuadrados, 50 metros cada una.

“Las dos jardineras fueron construidas en zonas cubiertas por pasto que eran utilizadas por algunas personas del sector para que sus perros hicieran las necesidades. Con el montaje de los jardines, esto llegó a su fin”.

Estos jardines del barrio Refugio Alto ubicados a pocos metros del conjunto de casas donde vive el expresidente Juan Manuel Santos, son gemelos: cada uno tiene el diseño, forma y las mismas especies.

“Son espejos. Desde sus inicios han contado con especies como clivia, lirio iris, agapanto, bella a las once y sietecueros mexicano; ambas albergan en su interior varias mermeladas, arbustos que atraen a los polinizadores”.

Impactos climáticos

La mayoría de jardineras del espacio público de Bogotá se ven afectadas por el ser humano. Arrojo de residuos sólidos y líquidos, la mala tenencia de las mascotas y constantes pisadas, las hacen palidecer a diario.

Esto no ocurre en los jardines en medialuna del Refugio Alto. Los orines, excrementos, colillas, plásticos, vidrios y el ingreso de perros o personas, brillan totalmente por su ausencia en el sector residencial.

Sin embargo, las miles de plantas de las dos coberturas vegetales sufren por impactos relacionados con el clima: la erosión eólica, un proceso natural donde el viento arrastra y modela el terreno, es su único verdugo.

Historias del verde urbano: Los jardines en medialuna del Refugio Alto recobran su belleza
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“En este sitio de los cerros orientales el viento es muy fuerte y frío, factores que afectan el crecimiento adecuado de las plantas. Las heladas de la madrugada y la temporada de verano, también las perjudican”.

Ante esto, aproximadamente cada mes y medio, el ingeniero agrónomo y su cuadrilla de nueve operarios realizan un mantenimiento integral conformado por actividades como deshierbe, fertilización, riego y replante.

“Cuando la pérdida del material vegetal es muy alta, hacemos el replante en las zonas más afectadas manteniendo las mismas especies y diseño. Sin embargo, este proyecto se ha mantenido adecuadamente en los más de 10 años que lleva”.

Hace algunos años, cuando la Embajada de los Emiratos Árabes funcionaba en una de las casas de la cuadra, era una mano amiga en el mantenimiento. “Nos dejaban guardar las plantas y herramientas y en varias ocasiones nos ayudaban con el riego”, informó Édgar.

Recuperación

En los últimos dos meses, la erosión eólica causó serias afectaciones en estas jardineras de Chapinero. Luego de analizar las dos coberturas, Édgar concluyó que se debían replantar 1.010 plantas.

“Decidí trabajar con siete especies: clivia, lirio iris, agapanto, sietecueros mexicano, bella a las once, gazania y oreja de ratón. Con estas dos últimas, nuevas en la zona, haríamos varios ojos en los jardines”.

Daniel Escobar, profesional del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB, visitó el sector para encontrar un sitio que permitiera guardar el material vegetal y las herramientas de los operarios.

Historias del verde urbano: Los jardines en medialuna del Refugio Alto recobran su belleza
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“El dueño de una casa ubicada al frente de una de las jardineras, al lado de la antigua sede de la Embajada de los Emiratos Árabes, nos abrió las puertas de su parqueadero porque quiere ver la zona florecida”.

El pasado martes 26 de agosto, Édgar, ocho operarios y Daniel intervinieron las dos jardineras en forma de medialuna del barrio Refugio Alto. Durante todo el día, retiraron el material vegetal que no sobrevivió y plantaron las más de 1.000 nuevas plantas.

“En cada una hicimos tres ojos con gazanias y orejas de ratón. Además, podamos las mermeladas para hacer un tipo de barrera en las partes inferiores de los jardines y así evitar que el suelo se desprenda durante la época de lluvia”, informó el ingeniero.

Los 100 metros cuadrados de las jardineras recibieron fertilización y también se les aplicó chipeado en algunos sectores, material producto de algunos árboles que fueron talados en otros sitios de la ciudad.

“Con la barrera natural, fertilización y chipeado, buscamos mitigar un poco la problemática relacionada con la erosión eólica. En los próximos días vamos a realizar el riego para que las nuevas plantas crezcan adecuadamente”.