Historias del verde urbano: Homenaje al agua en el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme
El Jardín Botánico José Celestino Mutis y el IDPC iniciaron la segunda fase del proyecto de restauración en esta joya arqueológica del sur de la ciudad.
Entre 2026 y 2027, la meta es restaurar con árboles y arbustos nativos del bosque altoandino cerca de cinco hectáreas más del parque.
27 estudiantes del colegio Francisco Antonio Zea de Usme celebraron el Día Mundial del Agua con la plantación de 37 individuos vegetales en uno de los nuevos polígonos.
Bogotá, marzo de 2026. En los cultivos de flores de la sabana de Bogotá, Francisco Salas encontró el campo ideal para aplicar los conocimientos de ingeniería agrónoma que adquirió en la Universidad Nacional de Colombia.
Durante varias décadas, mezcló la ciencia y la tecnología para aumentar la producción industrializada de plantas ornamentales, en especial rosas y claveles, en las empresas de flores que contrataron sus servicios.
Sin embargo, con el paso de los años comprendió que este negocio, en el cual lideraba un personal superior a 100 personas, no le dejaba tiempo para compartir con su familia. Los fines de semana no existían y debía estar disponible para trabajar en las madrugadas.


“No tenía calidad de vida debido a la sobrecarga laboral y los altos grados de estrés. La producción de flores para fechas como los días de San Valentín, la Madre y Amor y Amistad era una locura y casi no llegaba a la casa”.
Hace nueve años, Francisco tomó la decisión de abandonar los cultivos de flores y empezó a buscar un nuevo horizonte laboral. Encontró una buena opción en el equipo de jardinería del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).
“Siempre he pensado que para las personas que estudiamos alguna carrera relacionada con el tema ambiental, uno de los grandes sueños es trabajar en ese centro de investigación dedicado al estudio de la botánica”.
Como jardinero, el ingeniero agrónomo lideró proyectos en la mayoría de localidades de la ciudad que lograron transformar zonas deterioradas por los residuos sólidos, en edenes coloridos y repletos de flores.
“En este grupo de la Subdirección Técnica Operativa del JBB aprendí nuevos conocimientos, me reencontré con amigos y colegas agrónomos de la Universidad Nacional y conocí muchas personas en la comunidad que se dedican a cuidar las coberturas vegetales”.
En 2021, luego de los meses más críticos de la pandemia del covid-19, Francisco volvió a cambiar de rumbo. Ingresó al grupo de restauración ecológica de esta subdirección, una nueva línea que trabaja en las localidades rurales de la ciudad.
“Mi nuevo reto laboral consistía en restaurar zonas afectadas o degradadas por las actividades agropecuarias con la plantación de árboles y arbustos de especies nativas del bosque altoandino”.
Francisco también cambió de oficina. Pasó de crear jardines en el espacio público urbano de la ciudad a llenar de vida y biodiversidad las montañas de localidades como Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Santa Fe.
“El trabajo en campo es mi pasión. Aunque me lo han propuesto, nunca me ha llamado la atención asumir la coordinación del grupo porque no me interesa el tema administrativo; soy feliz en medio de la naturaleza rural de Bogotá”.
La joya arqueológica de Bogotá
A finales de 2022, el ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional fue escogido para liderar un proyecto de restauración ecológica en la antigua hacienda El Carmen, un predio de 30 hectáreas ubicado en la vereda La Requilina de la localidad de Usme.
“Se trataba de un proyecto muy especial. En el predio, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) estaba adelantando la conformación del primer parque arqueológico de Bogotá debido al hallazgo de varios restos humanos de la comunidad indígena muisca”.
Humberto Medellín, profesional del IDPC, se encargó de poner en contexto a Francisco sobre este futuro ícono de la capital. Todo empezó en 2006 cuando en la zona se empezaba a construir el proyecto urbanístico Ciudadela Nuevo Usme.


“Mientras las máquinas de Metrovivienda removían el suelo y demolían la casa colonial de la hacienda, aparecieron esqueletos humanos y antiguas figuras de cerámica. Los habitantes de la zona se percataron del descubrimiento y prendieron las alarmas”, recuerda el ingeniero.
Todo indicaba que se trataba de una fosa común. Sin embargo, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) analizó el hallazgo y concluyó que los restos óseos eran muy antiguos. En ese momento se involucró el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).
“Humberto me contó que el ICANH le exigió a Metrovivienda formular un plan de manejo arqueológico del predio. En las primeras excavaciones encontraron 108 cuerpos humanos, pero los georadares evidenciaron que pueden haber más de 2.000 enterramientos o tumbas”.
Algunos de los más de 30.000 fragmentos cerámicos encontrados en El Carmen datan del periodo Herrera (600 al 500 antes de Cristo) y de la época en que los muiscas habitaban la sabana de Bogotá.
En 2015, el ICANH declaró la hacienda El Carmen como un área arqueológica protegida de interés nacional. “En sus terrenos, los muiscas habitaron durante más de 40 generaciones”, le informó Medellín a Salas.
Ante estos descubrimientos, la Alcaldía de Bogotá decidió que la zona se iba a convertir en un parque arqueológico, un proyecto que fue incluido en el Plan de Desarrollo de la pasada administración.
Parque arqueológico verde
El Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme, donde se han instalado 49 señaléticas con la historia de la hacienda, un tótem con la figura representativa de una de las cerámicas encontradas y varios domos, no solo iba a tener como protagonistas a los muiscas.
Según Medellín, el IDPC elaboró un estudio para realizar la restauración ecológica del predio, por donde pasan las quebradas La Taza, Aguadulce, La Fucha y La Requilina. El documento fue aprobado por la Secretaría Distrital de Ambiente.
“A finales de 2020 suscribimos un convenio marco con el Jardín Botánico para el manejo de las coberturas vegetales asociadas a sitios icónicos, históricos y patrimoniales. Luego, firmamos un convenio específico para restaurar las rondas de las cuatro quebradas de El Carmen”.


Entre noviembre de 2022 y septiembre de 2023, Fracisco y su cuadrilla de ocho operarios iniciaron actividades para restaurar estas zonas con la plantación de 10.580 árboles y arbustos de especies nativas del bosque alto andino.
“La primera actividad fue el control de especies invasoras como Muehlenbeckia y calabaza, que impiden el crecimiento normal de los árboles nativos. Realizamos la limpieza de estos tensionantes”, anotó Salas.
Luego, con la poda del pasto kikuyo, prepararon los terrenos para las futuras plantaciones. “Es otra especie que impide el desarrollo de los individuos arbóreos. Posteriormente procedimos a hacer el trazado a tres bolillos y con 1,5 metros de distancia entre cada uno de los árboles”.
En 2024, las rondas de las cuatro quebradas quedaron llenas de verde con la plantación de más de 10.000 nuevos árboles y arbustos. “Logramos restaurar 3,26 hectáreas con más de 45 especies nativas”.
Algunos de los tesoros nativos que ahora habitan en el parque arqueológico, el único en Bogotá, son roble, gaque, borrachero, arboloco, garrocho, mano de oso, tomatillo, arrayán, aliso, amargoso, caucho, chilco, duraznillo, garbancillo, mangle, mortiño y tinto.
Los bosques nativos de la antigua hacienda El Carmen no quedaron a la deriva. Desde que los individuos vegetales fueron plantados y hasta la fecha, Francisco y sus operarios realizan frecuentes jornadas de mantenimiento integral.
“Replantamos el material vegetal que no se ha adaptado a las condiciones climáticas del sitio o que se ven afectados por el ganado. También realizamos podas al pasto kikuyo, una cobertura que ahoga los árboles jóvenes”.
Las nuevas coberturas vegetales del parque arqueológico se han convertido en hábitats para la fauna silvestre. “Hemos registrado 284 individuos de 39 especies de aves (33 residentes y seis migratorias) y 20 familias”.
Segunda fase
Este año, el Jardín Botánico y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural renovaron el convenio específico para restaurar otras zonas de la antigua hacienda, una de las 23 áreas arqueológicas protegidas de Colombia.
Según Francisco, la segunda fase de este proyecto tiene la meta de restaurar cerca de cinco hectáreas del parque arqueológico entre 2026 y 2027, las cuales se van a sumar a las 3,26 hectáreas recuerdas alrededor de las rondas de las cuatro quebradas.
“La meta ya no se va a medir en cantidad de árboles o arbustos plantados sino en hectáreas restauradas. Con esta nueva fase del convenio, vamos a llegar a casi nueve hectáreas restauradas con especies nativas”.


En varios polígonos del predio, Francisco y sus ocho operarios crearán núcleos de restauración en forma de círculo que contarán con especies priserales en los extremos, es decir las que crecen más rápido (como los arbolocos).
“En el medio irán las especies mesoserales y en el interior una tardiceral, es decir las de crecimiento más lento (robles o nogales, por ejemplo). Los árboles priserales y mesoserales se encargarán de proteger al tardiceral”.
La semana pasada, el Jardín Botánico realizó el montaje del primer núcleo de restauración en una zona cercana a la quebrada La Fucha, un sitio que recibió 37 árboles y arbustos de 31 especies nativas del bosque altoandino.
“Todas las zonas donde hemos y vamos a plantar en El Carmen, son previamente revisadas por los profesionales del IDPC con el fin de evidenciar que no hayan restos óseos o fragmentos cerámicos de los muiscas”, aclaró Salas.
Homenaje al agua
Las 3,26 hectáreas que fueron restauradas en la primera fase del proyecto del JBB y el IDPC en el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme, contaron con la ayuda de cientos de manos amigas.
Más de 300 personas, entre habitantes de la zona, estudiantes de colegio o ciudadanos que asistieron al Festival Patrimonios en Ruana, participaron en varias de las plantaciones que fueron realizadas en la hacienda El Carmen.
La fase dos del proyecto también contará con la participación comunitaria. Para el montaje del segundo núcleo de restauración, Humberto Medellín invitó al colegio Francisco Antonio Zea de Usme, ubicado en el sector.


“El objetivo era que varios estudiantes y docentes ayudarán a plantar 37 nuevos árboles y arbustos y además celebrarán el Día Mundial del Agua, una fecha ambiental establecida por las Naciones Unidas en 1992 y que se realiza el 22 de marzo”.
Como el homenaje mundial al recurso hídrico de este año cayó un domingo, los directivos del colegio le pidieron a Medellín realizar la actividad un día entre semana. Acordaron hacer la plantación el jueves 26 de marzo.
Mientras Francisco y los ocho operarios alistaban el terreno de la nueva plantación, ubicada al lado del primer núcleo de restauración montado la semana pasada, el profesional del IDPC se dirigió al colegio para recoger a 27 estudiantes y dos docentes.
“Varios de los alumnos son de inclusión, es decir con necesidades educativas específicas como discapacidad, barreras de aprendizaje o vulnerabilidad social. Esto hizo que la actividad fuera mucho más especial”, precisó Medellín.
Luego de un recorrido de más de una hora por varias zonas del parque arqueológico, los futuros plantadores, niños y jóvenes entre los grados quinto de primaria y 11 de bachillerato, llegaron al sitio de la plantación.
Los profesionales del JBB y el IDPC los organizaron en forma de medialuna para que escucharan las indicaciones técnicas de la actividad. “Hoy vamos a celebrar el Día Mundial del Agua con la plantación de estos árboles y arbustos nativos”.
Luego formaron grupos de cuatro personas, cada uno liderado por un operario del JBB, y plantaron especies como blanquillo, amargoso, chilco, arboloco, cajeto, duraznillo, mortiño, cucharo, garrocho, arrayán y encenillo.
“Los niños con alguna discapacidad fueron los grandes protagonistas. Se untaron de tierra abonada, ayudaron a plantar los árboles y tocaron con mucho cuidado las hojas. Al final de la actividad, nos dijeron que querían seguir plantado”, informó Francisco.
Terminado el montaje del segundo núcleo, Salas y Medellín les ofrecieron a los niños y jóvenes una corta charla sobre los servicios ecosistémicos que prestan los árboles y el importante rol que cumplen en la regulación del ciclo del agua.
“Los árboles no solo producen el oxígeno que respiramos: ellos facilitan la infiltración del agua lluvia, recargan los acuíferos y reducen el riesgo de inundaciones; por eso, quisimos rendirles un homenaje verde con esta plantación”.






