Historias del verde urbano: Explorando la biodiversidad de Ciudad Montes bajo la luz de la Luna
La red de cuidadores de este bosque urbano realizó su primer monitoreo nocturno de biodiversidad.
Los guardianes de este pulmón verde de Puente Aranda agudizaron sus sentidos para observar aves, insectos, arácnidos y reptiles.
Esta actividad hace parte de un proyecto de ciencia participativa que ha registrado más de 190 especies de fauna y flora.
Bogotá, 4 de agosto de 2025. Cuando las manecillas del reloj marcan las seis de la tarde, el parque estructurante o metropolitano Ciudad Montes, un terreno de 6,4 hectáreas de la localidad de Puente Aranda que ya supera los 60 años de vida, cierra sus puertas.
A esa hora, los niños dejan de jugar en la arenera y rodaderos; los deportistas abandonan las canchas de fútbol, baloncesto y tenis; los caminantes terminan sus recorridos por los senderos; y las parejas de enamorados ponen fin a sus apasionados besos.
La ausencia de los humanos deja a este bosque urbano, el primero en Bogotá en ser postulado por la ciudadanía, a merced de la vasta naturaleza que habita o se refugia en este lugar que hace parte de la cuenca hidrográfica del río Fucha.

Mientras el Sol se esconde por el occidente de la ciudad y la Luna aparece para dejar ver la belleza de sus cráteres, las aves regresan a los árboles. Los insectos y arácnidos se camuflan en los troncos y las serpientes sabaneras zigzaguean silenciosas en medio de la tierra.
Esta rutina diaria se vio interrumpida el viernes 1 de agosto. Cerca de 15 personas estaban organizadas en forma de círculo en la zona de los eucaliptos más altos y longevos del parque, un predio que fue propiedad del político y militar Antonio Nariño, prócer de la independencia.
Los visitantes no eran desconocidos en la zona. Se trataba de varias de las personas que conforman la red de cuidadores del bosque urbano Ciudad Montes y algunos profesionales del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).
Su presencia tenía como objetivo realizar el primer monitoreo nocturno de biodiversidad en el parque, una actividad que hace parte del proyecto de ciencia participativa que adelantan los guardianes del bosque con la asesoría del JBB.
Ángela Montoya, bióloga de la Subdirección Científica que lidera proyectos de ciencia participativa con la comunidad en varias zonas de la ciudad para obtener datos sobre la biodiversidad e interacciones bióticas, tomó la vocería.
“Hoy vamos a explorar por primera vez este bosque urbano en horas de la noche para monitorear la fauna. Aunque haremos énfasis en las aves, agudicemos nuestros sentidos para también observar insectos, arácnidos, reptiles e incluso murciélagos”.
Alexánder Guáqueta, uno de los miembros de la red de cuidadores, les compartió a los participantes un archivo digital con un mapa que revela los siete puntos donde se han hecho monitoreos de biodiversidad.
“A través de los recorridos y avistamientos que hemos realizado en estos puntos, ya sumamos 438 observaciones de 198 especies de fauna y flora en nuestro proyecto de ciencia participativa en la plataforma iNaturalist”.
La bióloga del JBB les dio varias recomendaciones para la jornada nocturna, como permanecer en silencio, estar 10 minutos en cada uno de los puntos, no separarse del grupo y agudizar el sentido del oído.
“Aunque todos queremos registrar la fauna con nuestras cámaras y celulares, la actividad de hoy es más de observación e identificación. Queremos ver cómo se comporta la fauna en horas de la noche”.
Registros nocturnos
El primer monitoreo nocturno de la biodiversidad en Ciudad Montes inició con el avistamiento en uno de los eucaliptos longevos de dos búhos orejudos (Asio stygius), una especie nativa de América Latina que habita en los bosques urbanos de Bogotá.
Estas rapaces, que alcanzan a medir entre 38 y 46 centímetros, cazan en horas de la noche y duermen en los árboles durante el día. Cuando el parque quedó gobernado por la penumbra, ambos búhos alzaron vuelo en busca de comida, como roedores.
La jornada continuó en sitios como la arenera, los alrededores de la Casa Museo Antonio Nariño, la zona donde recientemente se plantaron varios árboles y arbustos jóvenes, la cancha de fútbol y el ecoparque, el lugar más conservado donde habita un roble de más de 60 años.


“Evidenciamos que el parque está demasiado iluminado durante la noche, un factor que afecta el comportamiento de las aves. Los patos y el pisingo del lago no se fueron a dormir en la jornada”, dijo Yenny Rosas, licenciada en biología del JBB.
Sin embargo, los cerca 15 expedicionarios pudieron observar el vuelo de los búhos orejudos en medio de los árboles de gran porte y varios alcaravanes en la cancha de fútbol, sitio donde ponen sus huevos.
También registraron polillas, cochinillas, mariquitas, arañas y orugas en los tallos de los árboles o en el suelo bajo los troncos del ecoparque, un sitio donde estuvo el primer vivero del Distrito en los años 80 y 90.
“Los monitoreos nocturnos en zonas urbanas son complejos por factores como la iluminación y el ruido. A pesar de esto, el primer ejercicio en Ciudad Montes nos dejó muchos aprendizajes y seguiremos realizando estas actividades”, expresó Ángela.
Por ejemplo, la profesional del JBB tiene pensado realizar otra jornada en horas de la madrugada. “La reciente actividad la realizamos hasta casi las 10 de la noche. Tal vez en la madrugada podamos registrar más especies”.
Para Alexánder, licenciado en ciencias sociales, el resultado más positivo de la jornada fue contar con un alto número de participantes. “Esto demuestra que estamos bastante comprometidos con conocer y estudiar la biodiversidad del bosque urbano”.
A través del proyecto de ciencia participativa, la red de cuidadores y el JBB han logrado identificar 31 especies de aves locales, 29 de aves migratorias, cuatro de rapaces, 63 de artrópodos, 12 de hongos y reptiles como la serpiente sabanera”.
“Además, este bosque urbano de Puente Aranda alberga más de 1.400 árboles y arbustos de 136 especies y varios jardines biodiversos comunitarios que le sirven de hogar a los polinizadores. Seguiremos estudiando la naturaleza del lugar”, apuntó Alexánder.
La red de cuidadores ya tiene programados cinco monitoreos de aves en lo que resta del año, uno cada mes. “Esperamos que alguno sea nocturno para poder compararlo con el ejercicio que acabamos de hacer”.






