Historias del verde urbano: “Encontrémonos en los bosques urbanos” llegó a La Esmeralda
Cerca de 40 personas de este barrio de Teusaquillo participaron en dos talleres de la nueva estrategia social y técnica del Jardín Botánico.
Los ciudadanos aprendieron sobre los tipos, reproducción y conservación de semillas y conocieron la técnica para preparar mermeladas con acelga, remolacha y uchuva.
La siguiente parada de “Encontrémonos en los bosques urbanos” será en Tierra Viva, un proyecto ambiental y comunitario de la localidad de Bosa.
La Esmeralda, un barrio de 45,5 hectáreas ubicado en la localidad de Teusaquillo y que empezó a gestarse a mediados de la década de 1960, es uno de los territorios más verdes y ambientales de la capital del país.
En sus inicios, este proyecto urbanístico de la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy y el Instituto de Crédito Territorial fue nombrado Urbanización Urapanes debido a los cientos de árboles de esta especie que alberga.
Luego cambió a La Esmeralda por el parecido a la forma de esta piedra preciosa de color verde. Con el paso de los años se construyeron casas coloniales de dos pisos con fachadas enladrilladas y amplios antejardines repletos de flores de diversos colores.


Más de 2.500 árboles y arbustos de especies como urapán, roble, guayacán de Manizales, sauco, chicalá amarillo, nogal, alcaparro, cerezo y jazmín del cabo, decoran sus cuatro parques y zonas verdes, coberturas vegetales que purifican el aire.
La agricultura urbana también está presente en la zona. Varias huertas urbanas comunitarias y una granja con animales de corral, fueron construidas por habitantes del sector para dar marcha a proyectos de investigación y seguridad alimentaria.
La mayoría de los residentes antiguos de La Esmeralda estudiaron carreras ambientales, como biología, agrología, agronomía e ingeniería forestal y ambiental. Ellos fueron los que propusieron convertirlo en un ecobarrio.
“Somos un modelo de ocupación ecosostenible donde se compensan recursos que contribuyan a disminuir y reducir la emisión de gases de efecto invernadero que causa el cambio climático”, cita un documento creado por la comunidad.
Más de 40 viviendas cuentan con sistemas de recolección de agua lluvia y energía sostenible. Esta apuesta del barrio fue reconocida por la Embajada de Francia a través de la entrega de un sello verde.
Verde fortalecido
En 2021, cuando fue aprobada la nueva hoja de ruta de Bogotá para la próxima década, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), las zonas verdosas de este barrio de Teusaquillo fueron elevadas a una mayor categoría.
La Esmeralda quedó como uno de los 21 bosques urbanos de la ciudad que serían fortalecidos y consolidados a través de una estrategia de la Secretaría Distrital de Ambiente y el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) que contaría con la activa participación de la comunidad.
A través de varias jornadas de cocreación, profesionales de estas y otras entidades del Distrito y los líderes ambientales del sector, definieron las acciones que necesitaba el bosque para robustecer sus coberturas vegetales.


Este trabajo mancomunado arrojó la plantación de 53 nuevos árboles y arbustos de diversas especies en varios polígonos. Además, La Esmeralda fue escogido como el sitio para dar marcha a un proyecto pionero en la ciudad.
En los alrededores de la sede de la junta de acción comunal y la parroquia Cristo Resucitado, se plantaron cuatro magnolios de tres especies endémicas de Colombia: Magnolia georgii, Magnolia caricifragrans y Magnolia cespedesii.
La Esmeralda hizo historia: se convirtió en la primera zona del espacio público de Bogotá en recibir este tipo de magnolios que fueron propagados por investigadores de la Subdirección Científica del Jardín Botánico.
Javier Quintana, líder ambiental de La Esmeralda que reutiliza el agua lluvia en su vivienda, plantó uno de los magnolios como un homenaje a su padre, quien había fallecido hace poco. “Le escribimos esta frase: con amor para Alberto”.
Las jardineras, procesos educativos y científicos y los proyectos de agricultura urbana de este bosque urbano, como el de las huertas El Colibrí y La Mariposa, también fueron fortalecidos a través del trabajo mancomunado del Distrito y la comunidad.
Judith Jiménez, una agróloga, química y habitante del barrio Pablo VI, ha consolidado varios proyectos de investigación en La Mariposa, una huerta comunitaria de 144 metros cuadrados ubicada en el parque central del barrio.
“La huerta es un laboratorio de investigación y aula ambiental donde el suelo es el protagonista. Acá realizamos proyectos que buscan darle voz a este recurso natural no renovable que ha sido invisibilizado y maltratado a pesar de su enorme importancia para la vida”.
Su trabajo como huertera y defensora del suelo en La Esmeralda, la convirtieron en una de las lideresas más reconocidas en la localidad de Teusaquillo. “Lidero varias actividades para fortalecer más el bosque urbano, un trabajo en el que participan varios amigos y mi esposo”.
“Encontrémonos en los bosques urbanos”
En el marco de las actividades de la Semana Ambiental, el Jardín Botánico lanzó “Encontrémonos en los bosques urbanos”, una nueva estrategia social y técnica para seguir fortaleciendo los tejidos comunitarios de estos tesoros verdes de la ciudad.
Talleres de coberturas vegetales, agricultura urbana, árboles patrimoniales, jardines biodiversos y manejos silviculturales, además de jornadas de avistamiento de aves e identificación de hongos e insectos, son algunas de las actividades de esta apuesta.
Hasta agosto, cuando el JBB celebrará sus 70 años de vida, profesionales del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB organizarán actividades en bosques urbanos como San Carlos, Parkway, La Esmeralda, Santa Helena, Brazo Salitre, Ciudad Montes y Tierra Viva.


Cuando se enteró de la estrategia, Judith Jiménez, la huertera y agróloga que le da voz al suelo en La Esmeralda, se comunicó inmediatamente con la profesional designada en este bosque para ampliar la información.
“Me interesaba mucho el tema de la gastrobotánica, las semillas nativas y criollas y la elaboración de productos transformados de la agricultura urbana. Natalia Rocha me informó que estos temas iban a ser abordados en La Esmeralda el sábado 21 de junio”.
Aunque quedó feliz y emocionada por las temáticas de los talleres en La Esmeralda, Judith le propuso cambiar la fecha. “Era un puente festivo y varios de los habitantes de la zona iban a salir de paseo”.
La experta en suelo sugirió hacer la actividad el viernes 20 de junio a las cinco de la tarde en el salón comunal del barrio. “Le dije a Natalia que en La Esmeralda esa hora funciona porque las personas ya están libres de sus actividades laborales y educativas”.
Judith socializó la pieza comunicativa elaborada por el JBB con sus conocidos y líderes ambientales del bosque urbano. “La gastrobotánica fue la temática que más les llamó la atención y la mayoría me confirmó su asistencia”.
Clase de semillas
La segunda parada de “Encontrémonos en los bosques urbanos” (la primera fue en Santa Helena – Suba), inició puntual. A las cinco de la tarde, el salón comunal del barrio La Esmeralda ya contaba con cerca de 40 personas listas para participar en las actividades.
Natalia Rocha y Alejandra Moreno, profesionales sociales del JBB, les dieron la bienvenida e informaron que se realizarían dos talleres: guardianes de semillas y transformados alimenticios con énfasis en gastrobotánica.
“Si el tiempo nos lo permite, haremos un taller de pomadas con varias de las plantas de las huertas. Le agradecemos mucho a la señora Judith por ayudarnos a divulgar en la comunidad este evento social y técnico”.


Felipe Pinto, profesional de la estrategia de bancos agroecológicos de semillas, y Claudia Veloza, ingeniera que lidera la línea de transformados de la agricultura urbana, serían los docentes durante estos talleres.
El primer turno fue para “Guardianes de semillas”, un taller en el que Felipe abordó temas como conceptos básicos, tipos de semillas, las formas de reproducción y métodos de selección y conservación.
Antes de sumergirlos en el mundo de estos tesoros ancestrales, el profesional les informó a los participantes, algunos de ellos de otros bosques urbanos de la ciudad, sobre la estrategia de bancos de semillas del JBB.
“Esta estrategia nació hace cuatro años y hemos consolidado 10 bancos: uno madre en el JBB y nueve comunitarios. Funciona a través de préstamos: por cada semilla que saquen del banco, deben devolver el doble; el proyecto busca incentivar la siembra de semillas criollas y nativas”.
El taller continuó con el concepto de semilla, un material que producen las plantas en diversas formas y que al caer o ser sembrado, le da vida a nuevas plantas de la misma especie; y las formas de reproducción.
“La reproducción asexual, una de las más utilizadas por la comunidad, es por esquejes, tubérculos o partes de la planta. Aunque crecen rápido, no se adaptan fácilmente al clima y no cuentan con un refrescamiento genético”.
Según Felipe, la semilla es la forma de reproducción sexual adaptada por las plantas más evolucionadas y el mecanismo para adaptarse a diferentes ambientes. “Por lo general se extraen del fruto y contienen el embrión en una futura planta de la misma”.
Uno de los temas que más despertó curiosidad en los asistentes fueron los tipos de semillas: recalcitrantes (no toleran el almacenamiento durante periodos largos) y ortodoxas (pueden almacenarse a temperaturas bajas o inferiores a los 0°C durante largos periodos).
“El 90% de los árboles frutales tienen semillas recalcitrantes, como el aguacate. Por su parte, la mayoría de las plantas de las huertas cuentan con semillas ortodoxas, que se pueden almacenar durante largos periodos”.
También conocieron sobre las semillas criollas (desarrolladas por los agricultores), nativas (su centro de origen está en la misma región donde se cultivan), comerciales (que se venden en los almacenes) y transgénicas (creadas en laboratorios a partir de plantas modificadas).
“Perú es el centro de origen de la papa. Este país cuenta con 4.400 especies de papas nativas, algunas de las cuales podemos encontrar en Colombia (hay por lo menos 1.400). México es la cuna de los maíces”.
Por último, Felipe les informó sobre las condiciones para seleccionar las plantas y sacarles las semillas y algunos métodos de conservación, como tener en cuenta la humedad, temperatura y luz solar.
“En una isla de Noruega hay un banco de semillas global donde se protegen más de 100 millones de semillas ante una posible catástrofe biológica. Svalbard Global Seed Vault fue construido en 2008 y tiene una temperatura de 18 grados bajo cero”.
Judith y Ángela Berdugo, una de las líderes del bosque urbano Ciudad Montes, en la localidad de Puente Aranda, aseguraron que este taller de semillas les brindó muchos conocimientos nuevos que compartirán en sus grupos comunitarios.
“Aunque hemos liderado varios proyectos de agricultura urbana en nuestros territorios, en esta actividad aprendimos muchas cosas nuevas. El conocimiento no debe parar y por eso queremos seguir disfrutando de estos talleres del JBB”.
Mermeladas con las plantas de la huerta
Mientras Felipe respondía varias preguntas sobre el tema de semillas, las profesionales sociales Natalia Rocha y Alejandra Moreno fueron a la huerta La Mariposa para cosechar el material del segundo taller.
“La señora Judith nos dio permiso para cosechar varias acelgas, remolachas y uchuvas, las principales materias primas del taller de gastrobotánica. También compramos galletas de soda y vinagre de manzana”.
Cuando llegó todo el material vegetal, Claudia Veloza, líder del tema de transformación de los productos de la agricultura urbana en el JBB, prendió una pequeña estufa y empezó a cortar los tallos, hojas y frutos.


“Aunque yo me encargo de los talleres de transformados, es decir la elaboración de productos como aceites, bálsamos labiales, desodorantes y pomadas con las plantas de las huertas, hoy les voy a preparar una mermelada saludable y deliciosa”.
En su sartén, Claudia puso a caramelizar los trozos de las uchuvas. Por su parte, cada uno de los asistentes tomaron una hoja de menta para olerla y macerarla con sus dedos. “Los olores de las plantas aromáticas son benditos para la salud; el estrés desaparece”.
Las pequeñas partes de las acelgas y remolachas fueron fusionadas con el caramelo de las uchuvas. La sala de juntas del salón comunal quedó con un olor a dulce que despertó el apetito en los cerca de 40 ciudadanos.
La mezcla estuvo durante varios minutos a fuego lento, tiempo en el que Claudia le añadió el vinagre de manzana, agua y algunas hojas de menta. Durante este proceso, Natalia y Alejandra dialogaron sobre algunas de las propiedades y características de las plantas.
“La acelga contiene fibra que contribuye a regular el estreñimiento y disminuye el colesterol en la sangre. Contiene vitamina C, tiene función antioxidante y ayuda al sistema inmune; sus hojas suelen aplicarse para curar llagas de poca malignidad”.
La fibra de la remolacha, según explicaron las profesionales, contribuye a regular el estreñimiento. “Tiene funciones antioxidantes, ayuda a mejorar el sistema inmune y tránsito estomacal y reduce los niveles de colesterol”.
La uchuva, una de las plantas insignia de las huertas urbanas de Bogotá, es diurética, ayuda a purificar la sangre, tonifica el nervio óptico, elimina las amebas y sus hojas se usan en casos de enfermedades de los riñones, delirio, vértigo y parálisis facial.
Cuando la mermelada quedó lista, Claudia la untó sobre las galletas de soda y se las repartió a todos los participantes. “Aunque su aspecto no es el de una mermelada, su sabor y textura sí lo son. Quedó deliciosa y se la voy a preparar como postre a mis familiares”, dijo una ciudadana.
“Las acelgas y remolachas no solo son para hacer ensaladas. Esta mermelada es uno de los transformados alimenticios con énfasis en gastrobotánica que hacemos en el JBB. Nuestro chef Diego Huertas ha creado muchas recetas de alta cocina con las plantas de las huertas”.
Como los dos talleres terminaron casi a las ocho de la noche, la ingeniera no pudo realizar el taller de pomadas. “Voy a agendar una fecha en el mes de julio para venir a La Esmeralda y enseñarles a hacer pomadas. Lo que no nos comemos en las huertas, no lo podemos untar”.
Judith y los demás participantes quedaron contentos y satisfechos con estas actividades. “Queremos seguir aprendiendo y por eso tenemos pensado asistir a los talleres de los otros bosques urbanos”.
Según las profesionales sociales del JBB, la tercera parada de “Encontrémonos en los bosques urbanos” será en Tierra Viva, un proyecto comunitario de la localidad de Bosa que logró consolidar un robusto bosque en uno de los meandros del río Tunjuelo.
“Este evento lo vamos a divulgar a través de las redes sociales del JBB. Los invitamos a estar pendientes para que puedan asistir: son talleres y actividades gratuitas donde abordaremos temas relacionados con todas las coberturas vegetales de los bosques urbanos”.






