Historias del verde urbano: Comunidades de cuatro bosques urbanos participaron en los talleres de codiseño biofílico del Jardín Botánico
Esta actividad hace parte de un proyecto de investigación que busca definir y aplicar criterios y patrones de diseño biofílico en los bosques urbanos de Bogotá.
Líderes de Tierra Viva (Bosa), Santa Helena (Suba), La Esmeralda (Teusaquillo) y Ciudad Montes (Puente Aranda) participaron en los talleres e hicieron sus aportes.
El objetivo es que el diseño paisajístico del arbolado, jardinería y huertas de los bosques incorpore elementos naturales, sociales, de identidad y de memoria.
Bogotá, 6 de agosto de 2025. Durante el mes de julio, cuatro bosques urbanos ubicados en el sur, norte, centro y suroccidente de la ciudad recibieron a tres investigadoras que comparten una pasión por el estudio y cuidado de la naturaleza.
Tierra Viva, Santa Helena, La Esmeralda y Ciudad Montes fueron visitados por Yenny Román y Magda Lorena Palacios, profesionales del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), y Evelyn Giraldo, estudiante de la maestría de diseño sostenible de la Universidad Católica.
Su objetivo no era plantar nuevos árboles o arbustos, hacerle mantenimiento a los jardines, fortalecer huertas comunitarias o realizar tratamientos fitosanitarios, actividades que lidera la Subdirección Técnica Operativa de la entidad.

La visita fue para socializar un novedoso proyecto de investigación que busca definir y aplicar criterios y patrones de diseño biofílico en las coberturas vegetales de los bosques urbanos de Bogotá.
Según Román, profesional del equipo de investigación aplicada del JBB, el proyecto busca incorporar “las interrelaciones que tenemos con los ambientes urbanos a través de la biofilia, es decir el apego innato que sentimos hacia la naturaleza, y la biomímesis”.
La doctora en estudios territoriales aseguró que estos diseños biofílicos incorporarán las formas, colores, sensaciones y emosignificaciones que se conjugan con otros aspectos culturales propios de las prácticas y relaciones de las comunidades con los bosques urbanos.
“Buscamos incluir la percepción sensorial, todo aquello que se recoge a través de los sentidos, como colores, formas, olores y texturas, y la percepción sensitiva; esto nos permitirá tener más elementos para generar otra forma de diseño, más de abajo hacia arriba”.
Además, el proyecto busca enriquecer los criterios de diseño paisajístico del Manual de Coberturas Vegetales de la ciudad y será abordado por medio de metodologías que se trabajarán con las comunidades de los bosques urbanos.
“Por ejemplo, podemos utilizar troncos, cortezas y chipeado para diseñar caminos, estaciones, sillas, materas y obras de arte en los bosques urbanos. Se busca aprovechar los espacios para que la ciudadanía permanezca y se apropie de ellos”.
Participación activa
Para definir los criterios de diseño biofílico en las coberturas vegetales de los bosques urbanos, Román, Palacios y Giraldo primero hicieron recorridos por la mayoría de sitios que ya fueron reconocidos por esta estrategia de manejo silvicultural.
“Con esto hicimos un diagnóstico de observación y aplicamos una matriz para valorar los criterios del Manual de Coberturas y así conocer cómo se hizo el diseño del arbolado, jardinería y huertas en los bosques”.
Este ejercicio arrojó la priorización de cuatro bosques urbanos para construir los criterios o patrones del diseño biofílico: Santa Helena en Suba, Ciudad Montes en Puente Aranda, Tierra Viva en Bosa y La Esmeralda en Teusaquillo.


“Los escogimos porque tienen diferentes niveles de avance: muy adelantado en Ciudad Montes y La Esmeralda, medio en Santa Helena y en inicio en Tierra Viva. Esta variedad nos permitirá recoger una mayor amplitud de criterios y luego aplicarlos en los otros bosques”, dijo Román.
Además de socializar el proyecto, las visitas de las profesionales durante el mes de julio tenían como objetivo realizar la segunda etapa de la investigación: una serie de talleres de codiseño biofílico con la comunidad de estos bosques urbanos.
“De nada sirve diseñar un lugar que la gente no va a utilizar o por el cual no siente apropiación. Por esta razón, es fundamental conocer la percepción de la comunidad que lleva décadas cuidando las coberturas vegetales”.
Los cuatro talleres de codiseño contaron con una alta participación de la ciudadanía, la mayoría miembros de las redes de cuidadores que se han conformado a través del proceso de fortalecimiento de las coberturas vegetales que lidera el JBB.
“En los talleres de codiseño biofílico conocieron los resultados de los diagnósticos y cada comunidad escogió un sitio del bosque urbano que cuenta con iniciativas propias en sus coberturas vegetales para luego hacer el piloto de los criterios”, expresó Román.
La selección de los lugares por parte de la comunidad es fundamental para la investigación. La doctora en estudios territoriales afirmó que solo se valora lo que se conoce. “Cuando se experimenta en un lugar, hay sensaciones positivas (topofilias) y negativas (topofobias)”.
Los guardianes de Ciudad Montes, La Esmeralda, Santa Helena y Tierra Viva contaron cómo han sido sus experiencias en el manejo de las coberturas vegetales y dibujaron el arbolado, jardinería y huertas de los sitios que escogieron.
“También conocieron fotografías aéreas de diferentes décadas que plasman cómo ha sido la evolución de cada uno de los bosques. La comunidad nos pidió que les dejáramos el material para alimentar más sus procesos”.
El paso a seguir es diseñar las coberturas con los elementos de la biofilia, un concepto que busca vencer la visión del diseño eurocéntrico, es decir cuadrado, lineal y rectangular, y la concepción de paisaje ordenado y limpio.
“En los talleres observamos y sentimos elementos como la luz, colores, formas de la vegetación, elementos naturales, cambios de temperatura y fauna; todo esto fortalecerá otros servicios ecosistémicos de los bosques urbanos”.
Talleres biofílicos
El primer taller de codiseño biofílico fue realizado en Santa Helena, un bosque urbano lineal de Suba con cerca de 13 hectáreas ubicado a lo largo de la calle 146a entre la autopista Norte y la avenida Las Villas.
Cerca de 10 ciudadanos, la mayoría miembros del grupo “Amigos del Bosque Urbano Santa Helena” que logró frenar el desarrollo de una vía que iba a atravesar el bosque, participaron en el encuentro.
Los guardianes del bosque escogieron una zona con jardines comunitarios y una pequeña huerta de plantas medicinales para trabajar en la definición de los criterios y patrones de diseño biofílico.


Amparo Téllez y Olga Luz Cardona, dos de las lideresas más activas del bosque, compartieron algunas historias sobre las coberturas vegetales. “En los jardines sembramos especies con flores que atraen a las mariposas, abejas y aves”.
La comunidad dibujó el arbolado, jardinería y huerta del lugar y dio sus aportes para los futuros diseños. “Podemos utilizar los troncos de los árboles que ya cumplieron su ciclo de vida para hacer cerramientos o inmobiliarios naturales; siempre hemos querido eso”.
Tierra Viva, un bosque urbano de la localidad de Bosa que nació hace más de tres años y medio por medio del trabajo de la organización comunitaria Corredor de Integración Vecinal y el grupo Sembrando Conciencia Ambiental, fue el escenario del segundo taller de biofilia.
Jose Luis Sanabria, María Eulalia Ávila, otros miembros de los grupos comunitarios y varios estudiantes de la universidad Uniminuto, se reunieron en una zona de este bosque de siete hectáreas ubicado en uno de los meandros del río Tunjuelo.
“En 2020, varios habitantes de los conjuntos residenciales decidimos recuperar ese meandro que estaba afectado por los habitantes de calle. En 2021 hicimos jornadas de limpieza y en marzo de 2022, con la Alcaldía Local de Bosa, plantamos 3.200 árboles de 21 especies”.
Luego de conocer los pormenores del proyecto de diseño biofílico, estos líderes ambientales del barrio Villa Javier decidieron trabajar en una zona que abarca una extensa y colorida jardinera y huertas comunitarias como Celeste, Elefante y Naranja.
“Queremos que estas coberturas cuenten con cerramientos elaborados en elementos naturales y poner sillas y mesas hechas con troncos viejos en sus alrededores. También es importante hacer una cerca natural en la zona del bosque para evitar los impactos antrópicos”.
Estos sueños biofílicos fueron plasmados en los dibujos que hicieron del bosque. “La principal problemática del bosque son los partidos de fútbol que se organizan los domingos. Podemos hacer señalética y sillas rústicas en la zona”.
El tercer taller fue en Ciudad Montes, bosque urbano de la localidad de Puente Aranda que se convirtió en el primero en ser postulado por la comunidad y el cual incluye las 6,4 hectáreas del parque estructurante.
Alexánder Guáqueta, Ángela Berdugo y Luz Marina Cárdenas, miembros de la red de cuidadores, participaron en este encuentro realizado en el ecoparque, un conservado bosque donde funcionó el primer vivero del Distrito.
“Para el proyecto de biofilia escogimos la zona de los colibríes, un área del ecoparque donde estamos construyendo varios jardines biodiversos y senderos con el chipeado de los árboles que fueron talados”, dijo Alexánder.
El ideal es hacer cerramientos y otras estructuras con los elementos de la naturaleza del bosque urbano. “Aunque eso ya lo estamos haciendo, queremos desarrollar nuevos proyectos con el JBB, entidad que nos ha asesorado y apoyado mucho”.
El último taller fue en La Esmeralda, bosque urbano de la localidad de Teusaquillo que cuenta con más de 2.500 árboles y arbustos, jardines biodiversos y huertas comunitarias en los cuatro parques y zonas verdes que lo conforman.
Judith Jiménez, Javier Quintana, Sandra Forero, Ricardo Ortega, Pedro Rodríguez y Fernando Saavedra, fueron algunos de los líderes de la red de cuidadores que participaron en este encuentro realizado en el Jardín Utópico.
“Este bosque urbano, el único en Bogotá que cuenta con magnolios endémicos de Colombia, no es ajeno a la biofilia. Las huertas y jardines tienen cerramientos con material vegetal de los árboles que han sido talados, al igual que sillas y salas para contemplar la naturaleza”.
En el taller, la comunidad aseguró que este inmobiliario natural se ha visto afectado por las dinámicas sociales. “Los habitantes de calle y personas que vienen a almorzar al bosque, los utilizan de una manera inadecuada y dejan la zona llena de residuos”.
Ante esto, Román les explicó que el proyecto de biofilia no busca incentivar este tipo de problemáticas. “La seguridad debe primar. Ante eso, podemos trabajar en el desarrollo de otras estructuras que sean utilizadas adecuadamente”.
Los líderes de La Esmeralda escogieron trabajar en la zona de huertas del bosque urbano, un sitio donde varios de ellos tienen proyectos de investigación. “Un sueño que tenemos es hacer la señalética en materiales naturales”.
Sigue el proceso
Con la información recolectada durante los talleres en estos cuatro bosques urbanos, las profesionales del JBB y la estudiante de maestría de la Universidad Católica desarrollarán los pilotos para definir los criterios de diseño biofílico.
“La meta es que los criterios que arrojen los cuatro proyectos piloto puedan ser aplicados a mediano plazo en todos los bosques urbanos que sean fortalecidos. Vamos a sistematizar y hacer ejercicios comparativos con las experiencias”.
Al final de la investigación, el Jardín Botánico tiene proyectado realizar una publicación. Además, el equipo de investigación aplicada presentará la experiencia en ponencias nacionales e internacionales.


“No queremos confrontar los diseños paisajísticos del Manual de Coberturas Vegetales. A futuro, este proyecto será un complemento desde la innovación para una mayor apropiación de las coberturas y el fomento del bienestar físico, mental y emocional”, concluyó Román.






