Historias del verde urbano: Chequeos fitosanitarios en los cerezos de Barrios Unidos
Una ciudadana reportó posibles afectaciones por plagas en varios cerezos de los barrios La Castellana y El Polo.
Investigadores del Jardín Botánico José Celestino Mutis atendieron la solicitud y les realizaron un diagnóstico fitosanitario y nutricional a los árboles.
Crónica de una visita técnica en campo que arrojó como resultado un parte positivo para estos árboles que les brindan alimento a las aves de la ciudad.
Bogotá, febrero de 2026. A finales de enero de este año, el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) recibió un derecho de petición de una ciudadana que denunciaba una posible afectación en varios cerezos de la localidad de Barrios Unidos.
En el documento, María Elena Triana Rivera reportó que nueve árboles de la especie Prunus serótina ubicados en dos sitios de los barrios La Castellana (calle 95 con carrera 47) y El Polo (Autopista Norte entre calles 80 y 82), estaban marchitos y con frutos minimizados.
“Puedo asegurar, aunque mi ignorancia científica no encuentra explicación, que los árboles se aprecian afectados comparativamente con el buen estado de otras especies con las que comparten espacio”, cita el derecho de petición.


La ciudadana adjuntó varias fotografías del estado de los cerezos. “Me permito exponerles la necesidad de una investigación científica contundente y la adopción de medidas para preservar esta especie que incluso ha permitido comercializar los frutos en épocas de cosecha”.
Gustavo Ardila Roa, ingeniero agrónomo que trabajó varios años en el grupo de Manejo Integral de Plagas y Enfermedades (MIPE) del Jardín Botánico y que actualmente hace parte del equipo de investigación aplicada, recibió el requerimiento.
El profesional revisó detalladamente las fotos enviadas por María Elena. Sin embargo, debido a la baja calidad de las imágenes, era imposible hacer un diagnóstico visual. “No se podía apreciar si se trataba de cerezos”, comentó el ingeniero.
Ardila se comunicó con Marcela Albornoz Barreto, bióloga del equipo MIPE y encargada de los tratamientos fitosanitarios al arbolado adulto de las localidades de Barrios Unidos, Chapinero y Usaquén.
“En algunas fotografías se podía apreciar un poco de marchitamiento en las hojas de los árboles. Esta afectación está más que todo asociada al accionar de la chamusquina del café (Monalonion velezangeli) en individuos como el falso pimiento”.
En Bogotá no hay registros de afectaciones a los cerezos por parte de este insecto reconocido como una plaga de importancia económica en cultivos de aguacate y café en el Eje Cafetero y el cual se adaptó a las condiciones climáticas y ambientales de la capital del país.
“Debíamos analizar minuciosamente los cerezos reportados por la ciudadana para ver si estaban siendo afectados por Monalonion velezangeli, un insecto que fue reportado por primera vez en Bogotá en 2016 en varios falsos pimientos”.
Chequeos fitosanitarios
El pasado martes 3 de febrero, Gustavo, Marcela y los cuatro operarios de su cuadrilla se dieron cita a las ocho de la mañana en la calle 95 con carrera 47, un parque que colinda con el Teatro La Castellana.
Los profesionales esperaban encontrar cerezos con un follaje marchito y poca presencia de frutos. Sin embargo, al bajarse de las camionetas evidenciaron todo lo contrario: cinco árboles frondosos y cargados de cerezas.
Los investigadores no se conformaron con la revisión ocular. Con una jama entomológica, herramienta especializada similar a una red para capturar insectos en campo, empezaron a recolectar muestras de los cerezos.
El Monalonion velezangeli no apareció durante el muestreo. Los operarios del JBB utilizaron una desjarretadera para desprender las pocas ramas secas de los cerezos y así analizar la posible presencia de hongos o bacterias.
“En algunas hojas evidenciamos cresta de gallo, un hongo, y algunos controladores biológicos (insectos). También vimos hongos foliares en las ramas, pero la afectación en los cerezos era mínima”.
Luego de aproximadamente una hora, la visita de diagnóstico fitosanitario y nutricional se trasladó al separador de la Autopista Norte entre calles 80 y 82, un sitio del barrio El Polo donde el panorama fue el mismo.
Los cuatro cerezos estaban cargados de frutos y sin mayores afectaciones en su follaje. “También hicimos jameos para recolectar muestras y analizamos detalladamente varias ramas y hojas. No evidenciamos la presencia de una plaga que los estuviera afectando”.
Parte positivo
Según los dos investigadores del JBB, los cerezos evaluados en los barrios La Castellana y El Polo se encuentran en un aparente buen estado fisiológico y fitosanitario. En la respuesta al derecho de petición, detallaron todas sus observaciones.
“En el jameo para capturar insectos solo encontramos pocos individuos del orden Coleóptera, de la familia Curculionidae y del género Pandeleteius sp., el cual está ocasionando pocos daños en el área foliar por herbivoría.
Aunque Marcela y Gustavo observaron ataque de herbivoría y afectación por manchas foliares (debido a hongos), la severidad de las afectaciones en los nueve cerezos de la localidad de Barrios Unidos evaluados no supera el 5% de afectación.


“Observamos frutos rajados en los árboles debido al exceso de agua en el sustrato (suelo). Esto se origina porque el agua se desplaza muy rápido por los tejidos conductores y el crecimiento celular no es tan rápido como el desplazamiento del agua dentro de los frutos”.
Algunos de los árboles evaluados, según el diagnóstico de los profesionales, presentan follaje clorótico por la gran presencia de frutas. “El árbol transloca todos los fotoasimilados para el llenado de los frutos dejando de paso el follaje apical (hojas jóvenes)”.
En los dos sitios evaluados se encontraron algunos controladores biológicos pertenecientes al orden Neuróptera (crisopas) e insectos del orden Coleóptera de la superfamilia Cucujoidea (catarinas).
Debido a que los cerezos cuentan con bastantes frutos y tienen presencia de algunos controladores biológicos, Marcela y Gustavo recomendaron no realizar ningún tratamiento fitosanitario.
“Además, la severidad mínima presentada en los cerezos no amerita tratamiento. Al pasar la cosecha, los árboles tienden a normalizarse en cuanto a color de follaje y control de enfermedades al ser árboles caducifolios, es decir que pierden el follaje”.









