Historias del verde urbano: Así fue el segundo operativo interinstitucional de rescate de abejas en los árboles de Bogotá
Fue realizado en un sauce llorón con muerte descendente ubicado en el barrio Santa Ana Occidental, un sector residencial de la localidad de Usaquén.
El Jardín Botánico, Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, Cuerpo Oficial de Bomberos, Alcaldía Local de Usaquén y un apicultor, rescataron la colmena.
Las abejas, de la especie Apis mellifera, fueron reubicadas en un apiario de la vereda El Uval, en la ruralidad de Usme.
Bogotá, 28 de julio de 2025. En la esquina de la carrera 7D con calle 108A, una zona del barrio Santa Ana Occidental por donde fluyen las aguas del río Molinos, que nace en los cerros orientales, un árbol se convirtió en el hogar de miles de abejas de la especie Apis mellifera.
Hace aproximadamente dos años, habitantes y trabajadores de este sector residencial de la localidad de Usaquén, ubicado a pocos metros del Cantón Norte, empezaron a ver a estos insectos en la parte inferior del tronco de un antiguo sauce llorón (Salix humboldtiana).
Según Juan Carlos Gómez, celador de una de las cuadras de la zona, al comienzo nadie se alertó por la presencia de los grandes polinizadores del planeta. Todo cambió este año cuando evidenciaron que algo le estaba pasando al árbol.


“Las hojas de la parte alta desaparecieron y algunas ramas se cayeron. Esto prendió las alarmas de la comunidad porque con la caída del árbol, además de representar un gran peligro para los transeúntes, las abejas saldrían volando y nos podrían picar”.
El panorama era más crítico porque a espaldas del árbol está ubicado Magic Year, un colegio de calendario B donde estudian cientos de niños y jóvenes. “Escuché que una picadura de una abeja puede ser mortal si la persona es alérgica”.
El 6 de junio de este año, una ingeniera forestal de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) evaluó dos sauces de la zona, una especie de rápido crecimiento que se desarrolla en sitios cercanos a los cuerpos de agua y que tiene hojas en forma de lágrimas.
“Se identificaron dos individuos de la especie sauce llorón en deficientes condiciones que representan un alto riesgo. Por esto se activó el Protocolo de Atención de Emergencias y se autorizó la tala”, cita un acta de emergencia de la autoridad ambiental.
El hogar de las abejas tenía muerte descendente y un mal estado sanitario, factores que lo hacían vulnerable a volcarse en cualquier momento. Ante esto, la SDA le ordenó al Jardín Botánico de Bogotá (JBB) talar al sauce llorón de más de 15 metros de altura.
Por tratarse de un árbol con una colmena de abejas, el caso no podía ser atendido solo por el grupo de arbolado adulto del JBB, cuadrillas que se encargan de realizar las talas de los individuos que cumplieron su ciclo de vida o representan un alto riesgo.
En la tala del sauce llorón debían participar las entidades que actualmente trabajan mancomunadamente en la elaboración del primer protocolo distrital para el rescate de abejas en el arbolado urbano de la ciudad.
Profesionales del Jardín Botánico, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), el Cuerpo Oficial de Bomberos y un apicultor de la localidad de Usme, se reunieron con la Alcaldía Local de Usaquén para articularse y atender la emergencia.
“El objetivo era talar el árbol y rescatar la colmena de abejas, una actividad que realizamos por primera vez en mayo de este año en un sauce llorón del barrio Villa Alsacia en Kennedy”, dijo Heidy Tusso, profesional del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB.
El segundo operativo interinstitucional de rescate de abejas en los árboles de Bogotá empezó a gestarse con varias socializaciones a la comunidad del barrio Santa Ana Occidental donde estaba ubicado el sauce llorón con la colmena.
Heidy y Milena Brito, profesionales sociales del Jardín Botánico, les informaron a los residentes de las casas y edificios del sector que el rescate de las abejas se realizaría el viernes 25 de julio en horas de la noche.
“Les recomendamos no salir de sus viviendas y que cerraran las puertas y ventanas mientras se realizaba el operativo. Instalamos varios avisos en los postes y en las porterías de los edificios para llegarle a más personas”.
Segundo rescate
El operativo inició a las 5:40 de la tarde, cuando Jhon Díaz, ingeniero del grupo de arbolado adulto del Jardín Botánico, y seis operarios, realizaron una inspección ocular del sauce, un árbol que contaba con siete bifurcaciones.
Mientras el equipo organizaba todo el material para hacer la tala, como arneses, cuerdas y una motosierra, los funcionarios de las demás entidades del Distrito llegaron al sitio a organizar todos los pormenores de la intervención.
Mauricio Cano, líder del programa de palomas de plaza y abejas comunes del IDPYBA, les entregó los trajes especiales a los operarios del JBB y a los expertos de su entidad que iban a participar en el rescate.


Entre tanto, el Cuerpo Oficial de Bomberos y la Alcaldía Local de Usaquén cerraron las vías de acceso de la calle donde estaba el sauce. Jhon Alexánder Hernández, apicultor de la vereda El Uval en Usme, sacó varias cajas tecnificadas, baldes y una aspiradora.
“Yo voy a participar en este rescate. Al igual que en el operativo de Kennedy, todas las abejas van a ser reubicadas en el apiario que tengo en la zona rural de Usme donde funciona mi emprendimiento Apicultura Rural Opita”.
Las profesionales sociales del JBB se encargaron de conversar con las personas que querían transitar por la zona del operativo. “Les informamos sobre los peligros de la tala y el rescate de abejas. Algunos no escucharon y caminaron por el sitio”.
A las seis de la tarde, Mauricio Cano, el experto en abejas del IDPYBA, tomó la vocería para instalar la primera mesa de trabajo de la jornada. Les recordó a todos los participantes que el rescate es de paciencia.
“En esta actividad el afán no tiene cabida. Vamos a hacer todos los procesos de una forma calmada y debemos esperar a que caiga la noche para que las abejas estén calmadas. Con el frío, ellas quedan inactivas”.
El Cuerpo de Bomberos dispuso de una planta eléctrica para conectar la aspiradora y varias luces para que los operarios del JBB pudieran realizar la tala del sauce. “Debemos guardar silencio cuando se estén cerrando las piqueras de la colmena”.
Cano informó que, luego de la tala del árbol que sería liderada por el JBB, en el rescate de las abejas solo iban a participar tres personas: el apicultor de Usme; Eduardo Dimaté, médico veterinario del IDPYBA; y una bióloga de la entidad.
“Ellos contarán con trajes especiales. Las demás personas debemos permanecer alejadas del tronco, es decir donde está la colmena. El ruido de la motosierra y de la aspiradora va a alterar a las abejas y nos pueden picar; esto es normal porque vamos a ingresar a su hogar”.
Sin inconvenientes
A las 6:40 de la noche, la cuadrilla de arbolado adulto del JBB empezó a intervenir el sauce llorón. Los seis operarios, con sus trajes especiales para el manejo de las abejas, rodearon el tronco del árbol.
Jhon Jairo Barahona, uno de los operarios de la cuadrilla, fue escogido para descopar el árbol y retirar las ramas con la motosierra. Su cuerpo estaba sujetado con varios arneses y cuerdas que sostenían sus compañeros.
“Este sauce era mucho más alto y con más bifurcaciones que el de Villa Alsacia en Kennedy. Tuvimos mucho cuidado de no afectar el techo del colegio ubicado a espaldas del árbol”, mencionó el ingeniero Jhon Díaz.

La tala terminó a las 7:26 de la noche, hora en que el tronco del sauce quedó de una altura inferior a los tres metros. El equipo del JBB se retiró de la zona de calor o crítica para que el apicultor y los expertos del IDPYBA rescataran la colmena.
Durante todo el procedimiento, los profesionales aplicaron un humo (cajas de huevo quemadas) para que las abejas se durmieran y relajaran. Con la motosierra, fueron retirando con cuidado los pedazos del tronco para ubicar a la reina.
“Todo el material que sacamos de la colmena con la aspiradora fue introducido en cajas tecnificadas y baldes. El rescate debe ser muy cuidadoso porque no podemos afectar a la reina; si ella muere, las demás hacen lo mismo”, apuntó el apicultor.
El segundo rescate interinstitucional llegó a su fin a las 9:30 de la noche. Según Jhon Alexánder, un campesino de Usme amante de las abejas, aunque el procedimiento duró menos tiempo que el realizado en Kennedy, esta colmena fue mucho más grande.
“Logramos hacerlo en menor tiempo porque aprendimos mucho de la primera experiencia. Por ejemplo, esta vez había menos personas en la zona de calor y debido al frío, las abejas estaban más calmadas”.
La abeja reina, las obreras, las princesas, los zánganos y todo el material que salió de la colmena, fueron llevados a la vereda de Usme donde Jhon Alexánder tiene su emprendimiento. “Allí las vamos a cuidar y les haremos seguimiento para que tengan una buena vida”.
En la mesa de trabajo de cierre, cada entidad habló sobre la experiencia y dio varias recomendaciones. Laura Santacruz, bióloga del Jardín Botánico que estuvo en los dos rescates que lleva esta articulación, hizo énfasis en la miel.
“No sabemos qué sustancias tiene el tronco del árbol en su interior y por eso es mejor no probar la miel. También debemos evitar estar tan cerca de la zona de calor para no alterar a las abejas”.
Mauricio Cano, del IDPYBA, expresó que el operativo fue un éxito y se mejoraron varios aspectos de la primera jornada en Kennedy. “Esta articulación es nueva en la ciudad y por eso será de constante aprendizaje”.
Con estas experiencias, las entidades que participaron están consolidando el primer protocolo distrital para el rescate de abejas en el arbolado de la ciudad, una hoja de ruta para actuar solo en los casos relacionados con los árboles urbanos.
“El tercer operativo será realizado en un árbol antiguo del norte de la ciudad que tiene una colmena de gran tamaño. Esta experiencia nos permitirá enriquecer el protocolo que estamos construyendo”, afirmó Cano.






