Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas

Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas

El Jardín Botánico de Bogotá ha plantado más de 5.000 árboles y arbustos de 50 especies nativas en los terrenos aledaños a este embalse de la localidad de Usme.

Mano de oso, arboloco, cucharo, corono, aliso, mortiño, arrayán, gaque y aliso, son algunas de las especies que han reverdecido esta zona cercana al páramo de Sumapaz.

Este proyecto de recuperación ecológica ha contado con la participación de niños, niñas, jóvenes y habitantes de la ruralidad. Nueva crónica #BogotáReverdece.

Chisacá, palabra chibcha que significa hierba rastrera, es uno de los embalses que surten de agua a Bogotá. Está ubicado en la vereda El Hato de la localidad de Usme, una zona paramosa que a diario se baña con las gotas del rocío y la neblina.

Fue construído en 1944 y es alimentado por las aguas cristalinas y diáfanas de los ríos Mugroso (también llamado Lechoso) y Chisacá. Sus alrededores están cubiertos por especies nativas del bosque alto andino, como raque, encenillo, mortiño, romero y aliso.

Hace parte del sistema de abastecimiento Sumapaz, conformado por la laguna de Los Tunjos, un cuerpo de agua donde los muiscas realizaban los pagamentos a sus dioses, y los embalses de Chisacá y La Regadera.

Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas
Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas

Según la red cultural del Banco de la República de Colombia, este sistema fue construído para afrontar la fuerte temporada de sequía que atravesó la sabana de Bogotá desde finales de la década de 1930.

“A principios del siglo XX, la intervención del río Tunjuelo representó la solución a los problemas de sequía en la capital. Las obras del nuevo acueducto iniciaron entre 1933 y 1934 con la construcción de la planta de tratamiento de Vitelma y el embalse de La Regadera”.

Aunque las obras permitieron la ampliación momentánea del servicio de agua en la ciudad, el Banco de la República informa que otra fuerte sequía en la década de los años 40 obligó a la construcción de un nuevo embalse: el de Chisacá.

“Se compraron los terrenos aledaños a la hacienda El Hato para su construcción. El objetivo era aumentar la capacidad de agua a un millón de metros cúbicos con relación a La Regadera, para lo que fue necesario el uso de 84 hectáreas de tierra de El Hato”, afirma la red cultural.

Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas
Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas

¡A reverdecer el embalse!

El verde espeso del bosque alto andino manda la parada en los alrededores del embalse de Chisacá. Sin embargo, varias áreas palidecieron con el paso de los años por factores como las consecuencias del calentamiento global y las actividades agropecuarias.

Este predio de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) requería de varias actividades de recuperación y restauración ecológica para volver a pintar de verde las zonas afectadas que rodean al embalse.

Según Carolina Bohórquez, coordinadora del grupo de recuperación ecológica de la Subdirección Técnica Operativa del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), la entidad le propuso a la EAAB ser parte de ese nuevo reverdecer.

“El Acueducto nos entregó varias zonas aledañas al embalse para hacer plantaciones rurales con solo especies nativas del bosque alto andino, plantas que germinamos y propagamos en nuestros viveros”.

Ramiro Garzón, ingeniero del grupo de recuperación ecológica del JBB, fue seleccionado para liderar el proyecto. Su cuadrilla de más de 10 operarios y operarias se encargaría de preparar el terreno, abrir los huecos y plantar los nuevos árboles y arbustos.

“En las zonas aledañas al embalse de Chisacá tenemos proyectado plantar más de 10.000 individuos arbóreos y arbustivos de alrededor de 50 especies nativas, como mano de oso, arboloco, cucharo, salvia, corono, aliso, conejo, gaque, puya, mortiño, arrayán y tibar”.

A la fecha, este sector rural de la localidad de Usme, ubicado en cercanías al páramo más grande del mundo, Sumapaz, ya suma más de 5.000 nuevos árboles y arbustos nativos, un reverdecer que ha contado con la participación de la comunidad.

“Niños, niñas, jóvenes y habitantes de la zona nos han ayudado a plantar estas coberturas vegetales en las jornadas de plantación que hemos realizado este año”, afirmó Garzón.

Guardianes del bosque

Más de 20 estudiantes de primaria de la Escuela Rural El Hato se convirtieron en los nuevos guardianes del bosque del embalse de Chisacá. Acompañados por sus profesores, ayudaron a plantar 40 árboles y arbustos nativos.

Esta jornada de plantación inició con una actividad ambiental liderada por Lizeth Rivera, profesional social del Jardín Botánico que les ayudó a hacer semilleros y realizó talleres sobre la biodiversidad presente en el bosque alto andino.

“Estudiantes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas les obsequiaron los envases para hacer los semilleros, vasos que ellos mismos pintaron. Los niños y niñas aprendieron sobre especies como el oso de anteojos, el cóndor y los frailejones”.

Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas
Chisacá: un embalse que reverdece con especies nativas

Luego, los curiosos alumnos con edades entre los seis y 12 años, se dirigieron hacia uno de los polígonos del embalse de Chisacá que actualmente es reverdecido por los operarios del JBB. Sus manos se encargarían de plantar los 40 árboles y arbustos nativos.

Paul Sánchez, profesional social de la entidad, se encargó de liderar la actividad. “Aprendieron los pasos que hacemos en las plantaciones rurales, como quitar con cuidado la bolsa que contiene el pan de tierra y medir el árbol en el hueco antes de plantarlo”.

Las risas y el compañerismo de los pequeños fueron los protagonistas en esta jornada de plantación. Todos terminaron con las manos llenas de tierra, bautizaron los árboles y arbustos con sus nombres y se comprometieron con cuidarlos.

Gloria Quintero, docente de primaria de la escuela, aseguró que la plantación de árboles es una actividad esencial en el proceso de aprendizaje de los estudiantes. “Tienen un contacto directo con la naturaleza y además aprenden sobre la importancia de los árboles en los ecosistemas”.

La profesora indicó que los niños y los árboles se asemejan. “Ambos van a crecer y desarrollarse de una forma paralela y serán los futuros habitantes de este planeta. Es de suma importancia que los pequeños se formen en un entorno natural”.

Para Quintero, todos los niños y niñas deberían participar en las plantaciones. “Es indispensable porque ellos van a ser los que se verán beneficiados con el aire puro de los árboles. Conocer la flora y fauna en campo tiene más impacto que en un libro o en el aula de clase”.

El ingeniero del JBB encargado del proyecto de recuperación ecológica en el embalse de Chisacá, quedó bastante satisfecho con la activa participación de los estudiantes de la Escuela Rural el Hato.

“Son niños y niñas que habitan en esta zona rural de Usme y hoy se convirtieron en los guardianes del bosque. Contar con su participación y responder sus preguntas fue una experiencia maravillosa para los ingenieros y operarios del JBB”, concluyó Garzón.