Historias del verde urbano: Bogotá realizó su primer encuentro de experiencias de aprendizaje significativas en los bosques urbanos
Líderes de varios bosques urbanos de la ciudad presentaron los avances de sus proyectos ambientales y comunitarios.
Cerca de 50 personas conocieron experiencias del Parkway, Ciudad Montes, Santa Helena y Brazo Salitre relacionadas con el cuidado del aire, suelo, agua y biodiversidad.
Este encuentro hace parte de “Encontrémonos en los bosques”, una nueva estrategia técnica y social del Jardín Botánico José Celestino Mutis.
Bogotá, 25 de noviembre de 2025. El Biodiversario, una estructura ovalada de vidrio que hace parte del sistema de invernaderos del Tropicario del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), recibió a varios de los guardianes de los bosques urbanos de la ciudad.
En esta ocasión no se trataba de la presentación de una nueva iniciativa técnica, educativa o científica de la entidad para trabajar de la mano con los líderes de estos espacios verdes, biodiversos y comunitarios.
Tampoco era el preámbulo de un recorrido por las colecciones vivas de este bosque urbano que acaba de cumplir 70 años de vida o una tertulia para actualizar “cuaderno” con los demás custodios de la naturaleza urbana.


El objetivo era participar en el primer “Encuentro de experiencias de aprendizaje significativas en los bosques urbanos de Bogotá”, un evento liderado por el equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB.
Voceros del Parkway, Ciudad Montes, Santa Helena y Brazo Salitre, bosques urbanos que fortalecieron sus coberturas vegetales a través de un proceso de cocreación con el Distrito, iban a presentar los avances de sus proyectos ambientales y comunitarios.
Cerca de 50 ciudadanos, entre estudiantes de tecnología en prevención y control ambiental del SENA, miembros de la red de cuidadores del bosque urbano La Esmeralda y funcionarios de la Defensa Civil Colombiana, los escucharían con atención.
Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo del JBB, fue el encargado de dar apertura a este intercambio activo y constructivo de prácticas y experiencias significativas relacionadas con los componentes aire, suelo, agua y biodiversidad.
“Inspirar es la mejor palabra que puede describir el trabajo de las redes de cuidadores. Aunque los bosques urbanos nacieron administrativamente por medio del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), estos espacios han sobrevivido gracias a las comunidades”.
Según Álvarez, los bosques urbanos, más que una figura administrativa o línea de manejo silvicultural, son una forma de comunicación social y pedagógica para comprender mejor esos puntos de encuentro en la ciudad.
“Este encuentro no es para presentar lineamientos técnicos o normas. Es un espacio para que las comunidades nos cuenten sus estrategias, proyectos e iniciativas relacionadas con los diferentes recursos naturales”.
El subdirector técnico operativo destacó que sin una apropiación de la comunidad y un trabajo colectivo, los bosques urbanos no prosperan. “Por eso, el JBB promueve este tipo de espacios para darles voz a sus guardianes”.
Este encuentro de experiencias hace parte de “Encontrémonos en los bosques”, una nueva estrategia técnica y social que busca generar un mayor sentido de apropiación a través de talleres y actividades relacionadas con el cuidado de las coberturas vegetales.
“Hoy vamos a conocer cómo bosques urbanos como el Parkway, Ciudad Montes, Santa Helena y Brazo Salitre, fortalecen sus iniciativas comunitarias y concretan proyectos ambientales inspiradores”.
Parkway: oasis verde para las aves
Consuelo Sánchez, residente del barrio La Soledad y vocera de la red de cuidadores del Parkway, desnudó la historia de este bosque urbano de la localidad de Teusaquillo que comenzó hace 70 años como un espacio verde basado en el modelo de ciudad jardín.
“El separador de la carrera 24, entre las calles 45 y 36, fue arborizado con cientos de árboles, la mayoría urapanes. Actualmente contamos con más de 500 individuos arbóreos y arbustivos gracias a un trabajo conjunto entre la comunidad y el Distrito”.
La líder, una periodista y amante de la fotografía de la naturaleza, reveló que el Parkway, un cordón verde de 800 metros lineales, tiene una declaratoria patrimonial y se va a convertir en un parque estructurante contemplativo.


“En 2019, cuatro mujeres de la zona iniciamos un trabajo comunitario con el deseo de detener el deterioro de las zonas verdes del Parkway y así recuperarlas. Comenzamos buscando ayuda de las entidades distritales”.
Un año después, las guardianas del verde del Parkway iniciaron un trabajo mancomunado con el JBB que se materializó en diferentes procesos educativos, plantaciones de arbolado nuevo y estudios de ciencia participativa.
“Participamos en el proceso de cocreación de la estrategia del bosque urbano, consolidamos un jardín comunitario y hemos realizado diversas actividades formativas y pedagógicas para dar a conocer la biodiversidad de este corredor biológico”.
Consuelo presentó las experiencias comunitarias más significativas en el Parkway, como el avistamiento y monitoreo permanente de aves locales y migratorias donde han logrado registrar 35 especies.
“También, con el apoyo y asesoría del JBB, hemos realizado iniciativas pedagógicas para defender el arbolado del vandalismo; jornadas de adopción del arbolado joven; talleres de arvenses o ruderales; y de identificación de árboles e insectos”.
Luego de presentar un collage con las fotografías de varias aves que visitan el Parkway, la líder ambiental reveló la más reciente investigación de la red de cuidadores: ‘Ecología sonora: un laboratorio de grabación’.
“Un joven experto en paisajes sonoros nos presentó varias tecnologías que traducen señales bioeléctricas de las plantas en sonido. Mediante la integración de paisajes sonoros del entorno, este proyecto busca propiciar un proceso de escucha activa que favorezca la empatía”.
Según Consuelo, esta novedosa propuesta también le apunta a vincular el arte, la ciencia y la tecnología y así generar una herramienta pedagógica poderosa que active la percepción y el sentido de pertenencia hacia la estructura ecológica principal y los ecosistemas urbanos.
“Realizamos laboratorios de paisaje sonoro que nos permitieron reconocer el estado de salud de las plantas y el entorno. Los urapanes, los habitantes verdes más longevos del Parkway, suenan tranquilos, mientras que las salvias son muy aceleradas”.
Este proyecto hace parte de una exposición en el Centro Cívico de la Universidad de los Andes. “La socialización de los resultados mediante una muestra pública, nos permite visibilizar el trabajo comunitario y abrir posibilidades de articulación con otros actores”.
Esta periodista con alma y corazón de bosque anunció los futuros proyectos que adelantará la red de cuidadores. Uno es con la Secretaría de Cultura para cambiar los comportamientos en torno a los residuos sólidos.
“Realizaremos talleres de manejo de residuos a los residentes y comerciantes. En algunos restaurantes vamos a ubicar fotografías de las aves del Parkway, además de crear individuales con imágenes e información de este hermoso bosque”.
Ciudad Montes: silvicultura y agricultura urbana
El encuentro de experiencias de aprendizaje significativas contó con presentaciones de dos líderes de la red de cuidadores del bosque urbano Ciudad Montes, un pulmón de la localidad de Puente Aranda donde funcionó el primer vivero del Distrito.
Alexánder Guáqueta, licenciado en ciencias sociales que lidera las líneas de silvicultura y educación ambiental, inició su charla con el laboratorio piloto de propagación y jardines biodiversos, un proyecto mancomunado con el JBB.
“Con Jorge Rodríguez, ingenio de la línea de jardinería de la entidad, nos propusimos objetivos como un proyecto in situ de tres jardines biodiversos y un piloto cíclico de propagación de material vegetal de jardinería que provea un banco de germoplasma de especies nativas”.


Esta alianza arrojó el diseño e instalación de jardines biodiversos, cámaras húmedas y camas madre; diseños biofílicos con funciones ecológicas; monitoreo del crecimiento vegetal y de interacciones bióticas; y participación comunitaria en los ciclos de poda, riego y fertilización.
“Entre los resultados están la generación de hábitats urbanos de vida silvestre; el ensayo exitoso de técnicas de propagación y la ampliación de la capacidad instalada; y el aumento de la capacidad de almacenamiento de agua lluvia y de retención de la humedad del suelo”.
Alexánder también presentó los resultados de un proyecto de restauración del suelo para recomponer la estructura biológica; mejorar la infiltración de agua y retención de humedad; aumentar el ciclo y fijación de nutrientes; y prevenir su endurecimiento y erosión.
“Primero realizamos la dispersión de material vegetal chipeado resultado de podas y talas y de la hojarasca recogida y seleccionada en el bosque urbano. También dispersamos residuos vegetales del mantenimiento de los jardines”.
Este proyecto, donde participa la comunidad que hace parte de los procesos de ciencia participativa, ha logrado recuperar cerca de una tonelada mensual de residuos vegetales y una restauración paulatina del suelo como soporte para la biodiversidad.
“Con los resultados hicimos dos estudios: uno de la mesofauna del bosque urbano y otro de la producción de hojarasca fina y flujo de carbono. Estos resultados le aportarán al proceso de certificación de carbono neutro en el parque Ciudad Montes que adelanta el IDRD”.
La segunda presentación estuvo a cargo de Ángela Berdugo, líder del Aula Viva Agroecológica, un agroparque que cuenta con una ecoaula, invernadero, áreas de cultivo, zona de aprovechamiento de residuos orgánicos y jardines polinizadores.
“El Ecoparque Ciudad Montes se divide en dos: el bosque urbano y el agroparque. Ambas le generan beneficios a la biodiversidad, a los polinizadores y al conector ecosistémico que tenemos con el río Fucha”.
Ángela informó que el agroparque se convirtió en el hogar del banco comunitario de semillas agroecológicas de la localidad de Puente Aranda, un sitio al que puede acceder la comunidad para fortalecer sus huertas.
“El agroparque, que empezó a gestarse en 2020, es un laboratorio vivo de sostenibilidad donde manejamos técnicas agroecológicas como agricultura urbana y periurbana, manejo sostenible del suelo, compostaje y sistemas productivos que protegen la biodiversidad”.
Según la líder, una ingeniera de sistemas con alma huertera, también es un aula abierta de educación ambiental que gira en torno a temas como la soberanía alimentaria, el cambio climático y la seguridad alimentaria.
“Realizamos encuentros comunitarios que fortalecen las prácticas culturales, identidad territorial y redes alimentarias locales. Somos una pieza clave de la infraestructura ecológica urbana”.
Santa Helena: hito comunitario
Los “Amigos del Bosque Urbano Santa Helena”, la red de cuidadores de este sector de la localidad de Suba, hicieron historia en la ciudad al evitar que 13 hectáreas boscosas, ubicadas entre la autopista Norte y la avenida Las Villas, desaparecieran por el paso de una vía.
El grupo comunitario protestó hasta el cansancio para que este oasis de biodiversidad no perdiera su verde por una futura avenida, una lucha que se vio materializada cuando Santa Helena fue catalogado como bosque urbano por el actual Plan de Ordenamiento Territorial.
Cuatro de los amigos del bosque, como Olga Luz Cardona, asistieron al “Encuentro de experiencias de aprendizaje significativas” para contar esta historia comunitaria y cómo han fortalecido las coberturas vegetales con el apoyo del Distrito.


“A través del proceso de cocreación entre el JBB y la comunidad, un intercambio de conocimiento técnico y comunitario, diseñamos la plantación de 123 árboles y arbustos de 22 especies en varios polígonos del bosque urbano Santa Helena”.
El grupo realiza constantes jornadas de observación de las especies plantadas para analizar sus características físicas, función, interacción con la fauna, desarrollo, identificación de tensionantes y estado de saneamiento.
“A partir del intercambio y conocimiento con otros profesionales vecinos, hemos investigado sobre los diferentes controles biológicos para las plagas identificadas. Con la asesoría del JBB, estamos controlando las plagas de los árboles jóvenes”.
Según Olga, esta red de cuidadores promueve la adopción del cuidado del arbolado joven. “Con el aporte y cooperación de varios vecinos, hacemos jornadas comunitarias para la protección, cercado, enmallado, limpieza y riego”.
Las mujeres del bosque urbano le dieron vida a un jardín polinizante, sitio donde sembraron miles de herbáceas y plantas aromáticas que les ofrecen alimento y refugio a mariposas, colibríes, abejas y abejorros.
“Los niños y jóvenes también hacen parte de este bosque. Invitamos a varios estudiantes de los colegios de la zona a recorrer Santa Helena para que conozcan su biodiversidad, la interacción de las plantas y la microfauna”.
Estos amigos de la naturaleza investigan sobre la descomposición de la materia orgánica, fragmentación de hojas, ramas caídas y la acción de hongos y bacterias. También elaboraron avisos a lo largo del bosque para disminuir los tensionantes y comportamientos que lo afectan.
“Participamos en la red comunitaria ‘Entrebosques’ de Bogotá y hacemos parte de la elaboración de un proyecto de ley de bosques urbanos y periurbanos a nivel nacional. Hemos contado nuestra historia en diferentes escenarios académicos”.
Brazo Salitre: bosque huertero
Edilma Garzón, líder comunitaria social y ambiental con más de 20 años en la localidad de Barrios Unidos, fue la encargada de revelar la historia, logros y retos de Brazo Salitre, un bosque urbano de 7,9 hectáreas.
“Este bosque nació en 2012. Con el paso de los años y el apoyo del JBB, realizamos tres jornadas de plantación que reverdecieron la zona con 350 árboles. En 2020, al proceso se sumó el movimiento ciudadano de la huerta Muyso”.
Como el sector estaba proyectado para el paso de una vía, la comunidad se unió y recogió 269 firmas. “Participamos en la mesa accidental del Concejo de Bogotá y estuvimos presentes en varias mesas de cocreación con las entidades del Distrito”.


Según Edilma, integrante de las redes del humedal Salitre y el bosque urbano Brazo Salitre, la comunidad lidera 60 charlas al año relacionadas con talleres pedagógicos, educación ambiental y ciencia ciudadana.
“También realizamos jornadas de recolección de residuos mal dispuestos por actores indisciplinados, procesos de pacas digestoras y agricultura urbana para fortalecer la huerta Muyso, que lleva cinco años”.
La líder ambiental anunció las nuevas luchas de este grupo comunitario, como lograr el aval del IDRD para iniciar el plan de acción cocreado en 2024 para el bosque urbano y la huerta comunitaria Muyso.
“En este bosque hacen presencia ocho colectivos comunitarios del territorio que somos parte del proyecto de ley de bosques urbanos en Colombia. Otro proyecto es fortalecer el proceso vinculando más ciudadanos a través de los Procedas”.
Edilma manifestó que, con la figura de bosque urbano, las comunidades proyectan procesos de renaturalización, se acercan al conocimiento y reciben las bondades de los bosques en la salud física y mental.
“La comunidad es la base fundamental de todo proceso ambiental. Su conocimiento y sentir por su territorio es primordial para la protección y consolidación del bosque y por eso seguiremos con nuestros recorridos, talleres y mesas de trabajo con las entidades”.
Conferencias, salud física, conversatorio y talleres
El primer “Encuentro de experiencias de aprendizaje significativas en los bosques urbanos de Bogotá” también contó con la intervención de Nhaydu Bohórquez, experta en gobernanza forestal y cadenas de valor positivas para los bosques de la FAO.
La ingeniera forestal presentó algunos resultados de la Conferencia Internacional de Ciudades Verdes, realizada en octubre en la ciudad de Roma (Italia); la red de ciudades verdes de la FAO; y los anuncios de la COP30.
“La red de ciudades verdes fue lanzada en 2020 durante la sesión 75 de la Asamblea General de la ONU y tiene como objetivo mejorar la salud y el bienestar de las personas en 1.000 ciudades para 2030. Bogotá ha sido reconocida como una de ellas en los últimos cinco años”.


La magíster en gestión ambiental y especialista en ciencias ambientales informó que esta red busca tomar acciones concretas para lograr cambios transformadores a gran escala y se ha convertido en una plataforma global para el diálogo.
En cuanto a la Conferencia Internacional de Ciudades Verdes, Bohórquez afirmó que reunió organizaciones de Naciones Unidas, ministros, alcaldes, representantes de municipios, autoridades nacionales, expertos técnicos y la sociedad civil.
“Algunas de las conclusiones fueron la necesidad de sistemas urbanos, periurbanos y rurales integrados; el derecho a un entorno urbano saludable y digno; financiamiento para las ciudades verdes y resilientes más accesible; y la promoción de alianzas para el impacto”.
La COP30, realizada el 12 de noviembre en Baku (Azerbaiyán), reafirmó la necesidad de poner a las ciudades en el centro de las negociaciones climáticas, con especial énfasis en las acciones de adaptación.
“También reafirmó que la urbanización sostenible y la gobernanza multinivel son claves para lograr el Acuerdo de París, al igual que es necesario fortalecer la participación de los gobiernos subnacionales y locales en los procesos”.
Nelson Rodríguez, especialista en ejercicio físico para la salud que trabaja en el Jardín Botánico, participó en este encuentro con la ponencia ‘Bosques urbanos para la promoción de la salud: ¿una utopía posible en Bogotá?’.
“Desde mi profesión y experiencia he evidenciado que los bosques urbanos le aportan al fortalecimiento y promoción de la salud. Son entornos que apoyan la salud, fortalecen la acción comunitaria, desarrollan habilidades personales y reorientan los servicios de salud”.
El magíster en gestión y planificación sanitarias les presentó a los participantes varias conferencias mundiales donde se abordó la relación de la naturaleza con la salud humana, como la 25ª Conferencia Mundial de la UIPES en Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos).
“Unir la actividad física y el ejercicio con la naturaleza es un potente agente sanador y promotor de la salud. El Jardín Botánico desarrolla habilidades personales al servicio de la comunidad en los bosques urbanos”.
Los cerca de 50 jóvenes y líderes ambientales participaron en una actividad física al aire libre en una de las colecciones del JBB, el bosque urbano más biodiverso de la ciudad, donde se conectaron con la naturaleza.
Los líderes de los bosques urbanos del Parkway, Santa Helena, Ciudad Montes y Brazo Salitre participaron en un conversatorio donde dialogaron sobre los procesos de autogestión comunitaria para brindar sostenibilidad en sus territorios.
“La sostenibilidad real de un bosque urbano no reside solo en la inversión institucional, sino en la apropiación social del territorio. La autogestión comunitaria se da cuando las comunidades pasan de ser beneficiarias a ser guardianes activos”.
Según los guardianes de la naturaleza, las experiencias que compartieron durante el encuentro son una prueba tangible de que el cuidado ambiental ocurre a escala humana y local; su contribución reside en demostrar que son una infraestructura viva.
“El mensaje esencial que transmitimos a la ciudadanía es que el futuro ambiental de Bogotá está en las manos ciudadanas y justo afuera de las ventanas. Cuidar el ambiente no es una tarea abstracta del gobierno, sino una responsabilidad compartida”.
Este evento de bosques urbanos, un encuentro liderado por Sandra Laguna, coordinadora del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB, terminó con tres talleres simultáneos sobre suelo, microorganismos, biodiversidad y calidad del aire.
Laura Monroy y Miguel Quirama, profesionales del equipo de investigación aplicada en las coberturas vegetales, lideraron la experiencia de calidad del aire presentando los árboles de la colección del JBB que más remueven contaminantes.
“Los asistentes se sorprendieron mucho al conocer que la araucaria, una conífera, lidera este listado. También lo conforman especies nativas como el sauce, caucho sabanero, pino romerón, guayacán de Manizales y roble.
Juan David Córdoba, ingeniero en agroecología que lidera los bancos de semillas agroecológicas, realizó el taller de microorganismos; y la ingeniera Claudia Milena Parra abrió una cajuela para que los ciudadanos aprendieran sobre los tipos, color, textura y estructura del suelo.
“Además de conocer los proyectos que lideran varios bosques urbanos, este encuentro nos dejó muchos conocimientos nuevos que vamos a aplicar en los procesos que realizamos en La Esmeralda”, concluyó Judith Jímenez, una de las líderes de este bosque de Teusaquillo.






