Historias del verde urbano: El renacer verde del parque Tercer Milenio

El renacer verde del parque Tercer Milenio

Este icónico lugar de la localidad de Santa Fe, un terreno de 12,5 hectáreas donde estuvo la antigua Calle del Cartucho, se renaturalizó.

173 nuevos árboles y arbustos de 14 especies fueron plantados por el Jardín Botánico José Celestino Mutis en varias de las zonas verdes del parque.

Habitantes del sector, jóvenes, el Instituto de Medicina Legal y el IDRD, participaron en las tres jornadas de plantación de este año.

 

Bogotá, 30 de octubre de 2025. La palabra cartucho tiene varios significados. Es la carga de pólvora de los tiros de las armas de fuego, un envoltorio cilíndrico de monedas, una bolsa de cartulina para los dulces y el nombre de una planta originaria de Sudáfrica.

Sin embargo, para las personas que habitaron Bogotá durante las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del Nuevo Milenio, este término es sinónimo de criminalidad, venta y consumo de drogas, narcotráfico, prostitución y violencia.

Entre la avenida Caracas, la carrera 10 y las calles 10 y 6, un amplio sector de la localidad de Santa Fe, estuvo ubicada la denominada Calle del Cartucho, una de las ollas más grandes del país donde se tejieron millones de historias marcadas por la desgracia y la sangre.

El renacer verde del parque Tercer Milenio
El renacer verde del parque Tercer Milenio

Según “En un lugar llamado El Cartucho”, una crónica escrita por la antropóloga Ingrid Morris Rincón y publicada por la Alcaldía Mayor de Bogotá, antes de convertirse en una de las calles gobernada por el terror, fue uno de los barrios fundacionales de la capital.

El barrio Santa Inés estaba conformado por 15 grandes manzanas y tenía “una brillante arquitectura, lujosos hoteles e incluso una plaza de mercado central. Era la puerta de ingreso a la ciudad para los que llegaban por el camino de Puente Aranda”, cita el libro.

La crónica asegura que el barrio, creado en 1797,  fue protagonista durante la Colonia y los acontecimientos de la Independencia. “En los alrededores del sector residencial vivían los mestizos, los indígenas y algunos esclavos que eran desplazados”.

El término cartucho también es de vieja data en el sector. La investigación revela que una fábrica del barrio Santa Inés surtía de pólvora a toda la ciudad y también “proveyó de este material a los movimientos revolucionarios del grito de independencia”.

En la segunda mitad del siglo XIX, la zona empezó a convertirse en un sector más comercial. “Se establecieron colegios, boticas, restaurantes, joyerías, hoteles y más de 30 edificaciones comerciales, entre chicherías, fábricas, herrerías y ebanisterías”, cita la crónica.

El siglo XX transformó a Santa Inés en una zona con casas de la arquitectura francesa donde, según cuenta la antropóloga Ingrid Morris, habitaban prestantes familias bogotanas y funcionaban lujosos hoteles para las élites regionales que visitaban Bogotá.

“En la segunda mitad del siglo, el arquitecto y urbanista Karl Brunner propuso un plan de reformas que terminó separando el barrio Santa Inés del centro de la ciudad; esto marcó el comienzo de un aislamiento debilitante del sector durante 50 años”.

La investigación afirma que este aislamiento le restó visibilidad a Santa Inés y propició el establecimiento de actividades informales e ilegales. “La plaza de mercado no fue suficiente para albergar a tantos vendedores y los campesinos se tomaron las calles adyacentes”.

Las familias adineradas que habitaban el barrio se mudaron al norte de la ciudad. Los coletazos del 9 de abril de 1948, día del Bogotazo, causaron la llegada de muchos campesinos que huían de la violencia a Santa Inés, ya consolidado como una zona netamente comercial.

“Entre 1950 y 1960, también se ubicaron varias empresas de transporte sobre el límite occidental del barrio, lo que facilitó el establecimiento de numerosos inquilinatos. Luego, los antiguos locales fueron reemplazados por compraventas”, menciona la crónica.

Durante esos años, el barrio Santa Inés empezó a agonizar por la conformación de “pandillas de delincuentes que necesitaban vender objetos robados y simultáneamente empezaron a ser usuarios frecuentes de inquilinatos y residencias”.

Todas estas transformaciones sociales sepultaron al lujoso barrio Santa Inés. Con el paso de los años, el sector quedó a merced de la pobreza y el olvido y se convirtió en la representación, como narra Morris en su crónica, de muchas realidades que aquejaban el país.

“Para finales de los 60 y principios de los 70, Santa Inés o El Cartucho ya empezaba a ser un lugar estigmatizado por el consumo y expendio de drogas; de una extraña manera se había convertido en el eje de dicha actividad en la ciudad”.

La Calle del Cartucho se constituyó en un hervidero del narcotráfico por el accionar de varias bandas criminales. “En 1968, la banda de ‘Los Bayona’ introdujo con fuerza el basuco. Luego hizo presencia el grupo ‘Los Chinches’”, informa “En un lugar llamado El Cartucho”.

También fue el sitio ideal para las trabajadoras sexuales, mujeres desplazadas de todo el territorio nacional que se apoderaron de la carrera 10 y fueron conocidas durante muchos años como las ‘enrejadas’.

Parque icónico

En 1998, el entonces alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, como parte de la Política de Recuperación de la ciudad, anunció que iba a convertir la zona de El Cartucho en un nuevo parque metropolitano.

El mandatario dio marcha a un proceso de desalojo de los habitantes del sector a través de programas sociales de reubicación. Las antiguas casas del barrio Santa Inés, convertidas en los hogares de la delincuencia y la droga, empezaron a ser demolidas.

Según el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), entidad que tendría a su cargo el futuro parque metropolitano Tercer Milenio, durante este proceso se compraron 600 predios y todos fueron demolidos completamente.

El renacer verde del parque Tercer Milenio
El renacer verde del parque Tercer Milenio

El Decreto 346 de 2003 le dio vida al Plan Maestro del parque Tercer Milenio, un nuevo sitio de 12,5 hectáreas de la localidad de Santa Fe que sería construido sobre las cenizas de la antigua Calle del Cartucho y que iba a fusionar el deporte con la naturaleza.

“Se logró una inversión de más de $105 mil millones para la entrega de la primera fase del escenario. Las obras realizadas en el parque fueron galardonadas con el premio ‘Desarrollo urbano y paisajismo’”, informa el IDRD en su página web.

En julio de 2002, el parque Tercer Milenio abrió sus puertas. Los habitantes de Bogotá conocieron sus canchas sintéticas de fútbol 11 y 6, pistas de patinaje, trote, BMX y Skatepark, gimnasio al aire libre y módulos de juegos infantiles.

También vieron reverdecer el sector con cerca de 1.600 árboles y arbustos de especies como caucho sabanero, nogal, guayacán de Manizales, roble, yarumo y palma fénix, individuos que fueron plantados en todas sus zonas verdes y le inyectaron un nuevo color y aire a la zona.

Otilia Araque de Vega, una santandereana que vive con sus dos nietas en un apartamento del conjunto residencial Campo David, ubicado a pocos metros del parque, no encuentra palabras suficientes para describir la transformación que vivió la zona.

“En los años de El Cartucho, mi hija vivía en el apartamento donde hoy resido. Era un sitio muy deteriorado repleto de las desgracias humanas donde solo pasaban cosas malas. Muchos de los que entraron, no salieron”.

Cada vez que visitaba a su hija, Otilia debía caminar por las inmediaciones de uno de los sitios más peligrosos del país. “Era toda una odisea. Yo creo que su transformación es una de las más grandes del mundo: la Calle Cartucho se convirtió en un pulmón verde”.

Todos los días, a no ser que tenga una cita médica, esta mujer con 82 años recién cumplidos recorre en las mañanas el parque Tercer Milenio. Mientras camina por sus senderos, lo que más le gusta es observar las formas de los árboles.

“Soy una amante de los árboles. Ya perdí la cuenta de la cantidad de tesoros arbóreos que planté de niña en Matanza, municipio donde nací; en Cúcuta, donde viví más de tres décadas con mi esposo y dos hijos; y en la finca que tiene un familiar”.

La enamorada de los árboles, que conoce a la perfección la técnica para plantar, sabía que el parque Tercer Milenio tenía una gran cantidad de áreas para albergar más individuos arbóreos o arbustivos.

“Además, algunos de los árboles antiguos se murieron por el exceso de orines de los perros que traen al parque. Siempre he querido ver este sector icónico del centro de la ciudad con mucho más verde: es el sitio que visito a diario luego de ir a misa”.

Proceso de renaturalización

A mediados de agosto de este año, Brenda Pava, ingeniera forestal del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) que tiene a su cargo el arbolado joven de las localidades de Santa Fe, La Candelaria y Chapinero, visitó el parque Tercer Milenio.

“Aunque la mayoría del arbolado se mantiene en buenas condiciones, evidencié que era necesario hacer varios replantes, es decir el reemplazo de los individuos que no se desarrollaron adecuadamente; también noté muchas zonas para nuevas plantaciones”.

La profesional se reunió con la administradora del parque, trabajadora del IDRD, para proponerle dar marcha a un nuevo proyecto de arborización conformado por 173 árboles y arbustos: 100 replantes y 73 individuos nuevos.

El renacer verde del parque Tercer Milenio
El renacer verde del parque Tercer Milenio

“La administradora aceptó la propuesta y nos dijo que hiciéramos varias jornadas de plantación con la participación de la comunidad, tanto habitantes del sector, personas que utilizan el parque y funcionarios del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses”.

Brenda también le informó el listado de 14 especies que escogió: chiripique, cajeto, nogal, palma de cera, palma fénix, pino romerón, guayacán de Manizales, roble, chicalá rosado y amarillo, polígala, magnolio, cedro y fucsia arbustiva.

“Nuestro objetivo era renaturalizar el parque Tercer Milenio con una gran variedad de especies de diferentes portes y que prestan servicios ecosistémicos como captura de dióxido de carbono, regulación de la temperatura y alimento para los polinizadores”.

La ingeniera se comunicó con Diana Daza, profesional del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB, para que empezara a buscar los grupos comunitarios e institucionales que iban a participar en tres jornadas de plantación.

La primera fue realizada el 27 de agosto. Brenda y su cuadrilla de operarios lideraron una jornada de replante que reemplazaría 100 árboles y arbustos que no lograron sobrevivir a la sequía o los comportamientos inadecuados de la ciudadanía.

El replante del nuevo centenar de individuos vegetales contó con la participación de funcionarios del IDRD y algunas personas que estaban en el parque, ciudadanos que se comprometieron con su cuidado.

“Para esta jornada trajimos especies como nogal, chiripique, cajeto, palma de cera, palma fénix, pino romerón, guayacán de Manizales, roble, chicalá rosado y polígala. Estos nuevos tesoros luego fueron regados y fertilizados”, dijo la ingeniera.

El sábado 25 de octubre, como una de las actividades que realizó el Jardín Botánico para conmemorar el Día Internacional contra el Cambio Climático, el parque Tercer Milenio recibió 50 nuevos árboles y arbustos.

El material vegetal de la segunda jornada de plantación, la cual contó con la participación de habitantes del sector y varios jóvenes de una fundación, fue de especies como fucsia arbustiva, pino romerón, guayacán de Manizales, chicalá amarillo y rosado, cedro y magnolio.

“También nos acompañó la empresa ANFER, que donó algunos insumos para realizar esta actividad de renaturalización en uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad. Al conocer la historia de El Cartucho, todos los participantes quedaron sorprendidos”, mencionó Brenda.

Cierre de este año

La administradora del parque metropolitano o estructurante Tercer Milenio escogió el miércoles 29 de octubre para realizar la tercera jornada de plantación, una actividad a la que invitó al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

A las nueve de la mañana, Brenda, Diana Daza y dos operarias, llegaron al antiguo Cartucho para organizar el material vegetal: 23 árboles y arbustos de siete especies: pino romerón, guayacán de Manizales, fucsia arbustiva, magnolio, cedro y chicalá amarillo y rosado.

Mientras ubicaban los individuos al lado de sus huecos de un metro cúbico de profundidad, hoyos que fueron rellenados con tierra abonada, Otilia Araque de Vega daba una de sus caminatas matutinas.

El renacer verde del parque Tercer Milenio
El renacer verde del parque Tercer Milenio

Al ver su mirada curiosa, Diana la abordó para invitarla a plantar. Los ojos de la eterna enamorada de los árboles brillaron con más intensidad cuando la profesional le dijo que el parque estaba en proceso de renaturalización.

“Me puse muy contenta porque estaban cumpliendo mi sueño de ver más verde el parque. Me gustó mucho el magnolio, una especie que da unas flores blancas muy hermosas y que además tienen un olor dulce muy rico”.

Otilia recordó todos sus conocimientos como plantadora y ayudó a medir el magnolio en el hueco, retirar con cuidado la bolsa que contiene el pan de tierra y aplicar un hidroretenedor y fertilizante en la tierra.

“Ayudar a pintar de verde este parque, un sitio que ya no tiene una pizca de lo que fue la Calle del Cartucho, es muy importante para mí. Con el magnolio que planté, ya puedo decir que soy parte de la historia de este icónico lugar olvidó sus tristezas”.

Diana también invitó a Dayán Jiménez, una joven que estaba con su novio bajo la sombra de un roble. Plantó un guayacán de Manizales en honor a Beythan, su único hijo. “Este árbol representa todo el amor que siento por mi bebé”.

Al ver los nuevos árboles y arbustos, Brayan Sánchez y Jose Luis Velásquez, dos jóvenes que cantan rap en el servicio público de la ciudad, recordaron su niñez en las tierras venezolanas que debieron abandonar por las crisis económica.

“Cuando éramos niños jugábamos mucho en los bosques del pueblo. Siempre nos han gustado los árboles y por eso decidimos participar en esta bonita jornada en el Tercer Milenio, un parque al que venimos todos los días a descansar”.

Brayan plantó un magnolio y Jose Luis un guayacán. “Al mío lo llamé ‘Don Magnolio’, nombre que escribí en el palo de madera que le permitirá crecer derecho. Voy a visitarlo todos los días y le hablaré mientras escucho música en mi parlante”.

Hacia las 10 de la mañana, Mónica Perdomo, profesional especializada forense que lleva más de 30 años en el Instituto Nacional de Medicina Legal, llegó al parque para cumplir su cita con el medioambiente.

“Conocí este sitio cuando era El Cartucho, una época muy dura en la que llegaban muchos cuerpos sin identificar de la zona al Instituto. La transformación fue apoteósica y por eso quiero dejar mi semilla sembrando nuevos árboles en el parque”.

Durante media hora, Mónica, liderada por las dos operarias del JBB, ayudó a plantar seis árboles y arbustos en varias zonas del parque. “Hoy me convertí en la mamá de dos magnolios, un guayacán de Manizales, un cedro, un chicalá rosado y un pino romerón”.

La profesional del Instituto de Medicina Legal no es ajena a las plantaciones. Hace algunos años, participó en una jornada de recuperación ambiental al lado del edificio antiguo de la entidad, zona donde se plantaron varios árboles.

“Lamentablemente, muchos no sobrevivieron debido a las condiciones sociales del sector. Esto no ocurre con los árboles del parque, un sitio con cerramiento donde las personas no pueden hacer sus necesidades. A los seis que planté, los voy a cuidar y regar cuando pueda”.

Los deportistas también hicieron parte de la actividad. Ricardo Rueda, habitante del sector que acababa de trotar por los senderos del parque, aceptó encantado la invitación que le hizo Diana Daza para plantar.

“Es muy importante contar con más árboles en la ciudad. Es la única manera de disminuir la contaminación del aire y la temperatura y cambiar ese color gris de todas las vías y edificaciones. Hoy me convertí en el padrino de un cedro”.

Con las tres jornadas de plantación realizadas este año por el Jardín Botánico, el parque Tercer Milenio se renaturalizó con 173 nuevos árboles y arbustos. Según Brenda, este proyecto de arborización va a continuar en 2026.

“El parque tiene más zonas aptas para plantar. La administradora quiere que lo sigamos renaturalizado y por eso vamos a proyectar nuevas actividades durante el próximo año para que este sector de la localidad de Santa Fe se pinte con más verde y respire un mejor aire”.