Tejiendo territorios: Donde ponemos el corazón y la sonrisa
En la huerta Paz en la esperanza de la localidad de Suba, la comunidad se reúne para trabajar por el cuidado del ambiente y tejer lazos entre los vecinos. En una de estas jornadas de trabajo comunitario tuvimos la oportunidad de aportar a este esfuerzo colectivo. Mientras trabajábamos hombro a hombro desyerbando, regando y cuidando las plantas, pudimos conversar sobre su territorio y sobre nuevas formas de aportar a la naturaleza, esta vez acompañados por el distrito en un ejercicio de mapeo y reflexión colectiva.
Para contarnos sus proyectos colgaron un mapa bordado, elaborado por los participantes de la huerta en la biblioteca del barrio. Allí, los líderes comunitarios identifican sus casas, las tiendas y los espacios más significativos para su comunidad. A partir de este reconocimiento las visiones individuales se integran en una visión compartida que identifica las necesidades y fortalece los elementos más valiosos de su territorio.
Dentro del ejercicio se propuso indicar en el mapa, por medio de colores, las emociones que les generan distintos espacios, como la alegría, la rabia o la tristeza, de acuerdo con la experiencia o la respuesta que produce cada punto del territorio en la comunidad. Mientras cada uno reflexionaba desde sus vivencias particulares, se iba tejiendo un relato conjunto sobre el color asociado a la naturaleza, la alegría o la tristeza, en este hablar fue emergiendo la necesidad de darle un color a la nostalgia.
Cuando terminaron los mapas individuales cada uno compartió lo que plasmó y se comparaban las similitudes y diferencias plasmadas. Las experiencias a lo largo de sus vidas y los recuerdos de su historia hacían parte de lo que se compartía, las luchas individuales y colectivas por construir su barrio y su hogar eran las historias centrales, comparaban la participación social y comunitaria que tuvieron desde niños y niñas con lo que perciben actualmente.


Finalmente se construyó el mapa colectivo, dando como resultado mucho más que la suma de las experiencias individuales; en conjunto todos estaban de acuerdo con los grandes problemas de basuras y ruidos que afectan la vida de las personas y que podrían resolverse con coberturas verdes cuidadas adecuadamente. La alegría de soñar desde el mapa común, ¿el desagrado por el daño al ambiente en ciertos puntos reconocidos por las y los participantes y los recuerdos entrañables de las luchas vividas coloreaban el espacio tejido. En medio de la creación colectiva alguien preguntaba “Dónde será que se ubica ese parque?, y varios le ayudaban.
A veces algunas emociones desbordaban el mapa, la tristeza de la gente, la ira por la contaminación y el daño a la naturaleza, la risa e ilusión de un cambio eran colores que no se podían ubicar en el mapa, pero que sí coloreaban el encuentro.
Finalmente, con la promesa de volverse a encontrar, la comunidad se levantó y sin dudarlo, desde un acuerdo implícito en las manos y los corazones de todos, siguió trabajando en la base de sus convicciones: el cuidado por la naturaleza y los espacios verdes de su territorio.






