Historias del verde urbano: El nuevo vestido floreado de las jardineras de la carrera Séptima
Las 38 jardineras ubicadas entre la Plaza de Bolívar y la avenida Jiménez reciben a diario residuos y pisadas por parte de la mayoría de los transeúntes.
El Jardín Botánico recuperó las 14 coberturas más críticas, casi todas desprovistas de material vegetal, con el replante de más de 1.600 plantas de cinco especies.
El futuro de las gazanias, hebes morados, siempre vivas, algodoncillos, durantas y evónimos, depende de los buenos comportamientos de la ciudadanía.
José Baquero es un ícono verde de la localidad de La Candelaria. De sus 63 años de vida, más de 40 los ha dedicado a defender los cerros orientales, el río Vicachá o San Francisco y los recursos naturales que aún sobreviven en el centro histórico de la capital.
En Belén, uno de los barrios más antiguos de la ciudad fundado casi al mismo tiempo que la propia Bogotá, este padre de tres hijas y abuelo de un nieto es conocido por su lucha incansable por la naturaleza.
“Por denunciar la construcción en los cerros y otros crímenes ambientales, casi muero. Me dieron cuatro balazos y estuve muchos meses en la clínica; los médicos dijeron que no iba a volver a caminar, pero la Pachamama me protegió”.


Su cuerpo menudo, rostro sonriente y estatura baja, contrastan con el poder de su voz. Como líder ambiental, José participa en casi todas las reuniones de la localidad donde se abordan temas relacionados con el cuidado de la biodiversidad urbana.
“Si hay algo que pueda perjudicar a la naturaleza, siempre alzo mi voz. Por esa defensa, hace varios años el Concejo de Bogotá me reconoció como uno de los mejores ambientalistas de la ciudad, una labor que seguiré haciendo hasta que suba al cielo”.
Este guardián de los tesoros naturales tiene frescos los recuerdos de la peatonalización de la carrera Séptima entre la Plaza de Bolívar y la calle 26, una obra que se realizó durante dos fases y duró cerca de siete años.
En 2012, cuando el Distrito entregó la peatonalización hasta la calle 19, José sonrió más de lo normal al ver que el transitado sector ahora albergaba miles de plantas de jardín con flores de distintos colores.
“Construyeron muchas jardineras entre la Plaza de Bolívar y la avenida Jiménez, unas coberturas hermosas que le inyectaron naturaleza al sector. Sin embargo, en cuestión de meses empezaron a perderse por los comportamientos de la gente que transita por la zona”.
José se ganó como enemigos a varios vendedores ambulantes que afectaban la vida de las plantas. “Cuando los regañaba por poner su mercancía sobre las jardineras, muchos de ellos me amenazaron”.
Proyecto crítico
Jorge Rodríguez, ingeniero agrónomo que lleva más de 15 años en el equipo de jardinería del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), fue el encargado de hacer florecer las 38 jardineras de este sector peatonalizado de la carrera Séptima.
Según el jardinero insignia de la entidad, en sus inicios estas coberturas vegetales que abarcan un área de 300 metros cuadrados, recibieron aproximadamente 2.400 plantas de especies como mermeladas, hebes morados, buxus, hiedras, azaleas y venturosas.
“Desde que nació este proyecto de jardinería, aparecieron los impactos ambientales. Debido al alto flujo de transeúntes, como turistas, trabajadores, vendedores ambulantes, habitantes de calle, artistas, jóvenes y estudiantes, las plantas reciben muchos golpes”.


Las jardineras de la carrera Séptima se convirtieron en un sitio crítico. En las actividades de mantenimiento del JBB, que se realizan cada dos meses en promedio, el ingeniero y los operarios estiman pérdidas de material vegetal superiores al 30%.
“En una época evidenciamos que algunos trabajadores de los locales donde venden fritos, le arrojaban aceite de cocina a una de las jardineras, algo que generó un daño casi irremediable en el suelo”.
Jorge ya perdió la cuenta del número de replantes que hizo en la zona, es decir el reemplazo de las plantas que no sobrevivieron por los comportamientos inadecuados de los ciudadanos que transitan por la Séptima.
“En los más de 10 años que tuve a cargo este proyecto, hicimos varios cambios de especies para ver si se adaptaban mejor a las condiciones del sector. Pero el balance siempre era negativo debido a todos los impactos”.
Los cerramientos con cinta amarilla y estacas, una medida preventiva para mitigar las problemáticas, desaparecían a los pocos días de ser instalados. Esto empezó a cambiar en 2024 por medio de las gestiones del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB.
La Universidad Externado de Colombia, en alianza con Davivienda, apadrinó cuatro jardineras; donó el material vegetal de especies como azalea, abutilón, fucsia, duranta y buxus; y les instaló cerramientos metálicos.
Luego, la Secretaría Distrital de Cultura gestionó con otras entidades del Distrito y empresas privadas el material para los cerramientos de otras 20 jardineras de la zona, una protección que ha sido efectiva.
“La mayoría de las plantas de las 24 jardineras que cuentan con cerramientos, ubicadas entre la Plaza de Bolívar y la calle 12b, sobreviven a las dinámicas del sector. El JBB no tiene en su misionalidad hacer estas obras y por eso es necesario suscribir alianzas”, dijo Rodríguez.
Nueva intervención
Este año, al ingeniero Sebastián Molina le asignaron las jardineras de las localidades de La Candelaria, Santa Fe y Usaquén. Al recorrer las coberturas vegetales de la carrera Séptima, se encontró con un panorama desalentador.
“La mayoría de las 14 jardineras que no cuentan con cerramientos, ubicadas entre la avenida Jiménez y la calle 12b, estaban desprovistas de material vegetal. Solo sobrevivieron algunas durantas y evónimos”.
A finales de mayo, Sebastián y su cuadrilla de operarios realizaron una jornada de inspección por las jardineras críticas para calcular el material vegetal que requerían y así volver a florecer y pintar de colores la zona.


“Las jardineras necesitaban más de 1.600 plantas para ser recuperadas. Escogí cuatro especies para la nueva intervención: gazania, hebe morado, siempre viva y algodoncillo. También utilizaríamos las durantas y evónimos que sobrevivieron”.
Antes de la intervención, que fue agendada entre el 17 y 19 de junio, Diana Danza, profesional del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB en las localidades del centro, socializó la actividad con los comerciantes del sector.
“Varios de los vendedores ambulantes cuidan las jardineras y les hicieron cerramientos parciales. La gran problemática está en los transeúntes que les arrojan residuos y las pisan, personas que no sienten apropiación por estas coberturas vegetales”.
El martes 17 de junio, Sebastián y su cuadrilla de operarios descargaron el material vegetal en el Museo de la Independencia o Casa del Florero, un sitio que siempre le ha colaborado al JBB durante las intervenciones en estas jardineras.
“Un hotel del sector nos ayudó a guardar las herramientas, como los azadones, palines, palas y carretillas de los operarios. Sin la colaboración de este sitio y la Casa de Florero, la logística de la recuperación de las jardineras hubiera sido un caos”, mencionó Diana.
El nuevo vestido floreado de las 14 jardineras más críticas de este proyecto del centro histórico empezó a consolidarse a las siete de la mañana del miércoles 18 de junio. La primera zona intervenida fue la ubicada al lado del antiguo edificio del periódico El Tiempo.
“En esta jardinera solo sobrevivieron algunos evónimos. La enriquecimos con gazanias y hebes morados y logramos una gran transformación. Los vendedores ambulantes se comprometieron con su cuidado”, apuntó Sebastián.
El arduo trabajo de los cerca de 10 operarios del JBB, como Paula, Rafael, Yolanda, José, Miguel, Gonzalo, Lyz Haydee y Bryan, terminó a las seis de la tarde del jueves 19 de junio. Las jardineras críticas volvieron a florecer con las nuevas especies.
“Les instalamos un cerramiento parcial con una cinta amarilla que nos donó la Alcaldía Mayor de Bogotá. Aunque sabemos que las dinámicas sociales en la zona son muy pesadas, guardamos la esperanza de que las plantas van a sobrevivir”, concluyó Molina.
José Baquero, el líder ambiental de La Candelaria, espera que los transeúntes respeten la vida de las nuevas plantas. “Seguiré alzando mi voz y regañando a las personas que arrojan basura o pisan estas bellezas. Nuestro hermoso centro necesita de más naturaleza”.
Proyecto priorizado
Para este año, Sandra Laguna, coordinadora del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB, priorizó tres proyectos críticos en la ciudad: las jardineras de la carrera Séptima, el separador de la carrera 11 entre las calles 100 y 82 y el parque El Recreo en Bosa.
“Los profesionales sociales en las localidades de La Candelaria, Chapinero y Bosa priorizarán su trabajo en estos tres proyectos. El objetivo es gestionar alianzas y proyectos con empresas privadas o públicas y comunidades para su recuperación o mantenimiento”.
En el caso de las 14 jardineras de Séptima que fueron recuperadas recientemente, la meta es lograr los cerramientos con materiales adecuados, como el que les instalaron la Universidad Externado, Davivienda y la Secretaría de Cultura.


“Diana Daza, con el apoyo de otros profesionales, ya está adelantando gestiones para hacerlo. Laura Vera, que tiene a su cargo las alianzas con las empresas privadas, también apoya este proyecto”, afirmó Laguna.
Si las 38 jardineras de esta concurrida zona del centro histórico de la ciudad cuentan con cerramientos, el futuro de las plantas estará garantizado. Así lo considera Jorge Rodríguez, el creador de estas coberturas vegetales.
“Es la mejor estrategia para que las plantas sobrevivan. Esto, sumado a constantes mantenimientos como deshierbe, fertilización y riego, mantendrán las jardineras florecidas y prestando varios servicios ecosistémicos”.
Durante el mes de julio, el ingeniero Sebastián Molina tiene proyectado enriquecer las plantas de las 24 jardineras que cuentan con cerramientos. “La pérdida de material vegetal en estas áreas es poca. Solo tenemos que replantar unas pocas plantas”.






