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Historias del verde urbano: ¡Jóvenes de Kennedy hacen ciencia para transformar su territorio!

El Jardín Botánico José Celestino Mutis les brindó una experiencia pedagógica que integró la observación, experimentación y reconocimiento de las coberturas vegetales.

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Historias del verde urbano: ¡Jóvenes de Kennedy hacen ciencia para transformar su territorio!

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El Jardín Botánico José Celestino Mutis les brindó una experiencia pedagógica que integró la observación, experimentación y reconocimiento de las coberturas vegetales.

El Colegio Parroquial de los Santos Apóstoles, ubicado en el barrio Roma, consolidó un grupo de estudiantes que se dedicará a investigar desde su propio territorio.

En cuatro sesiones descubrieron que la ciencia no solo ocurre en los laboratorios: también está presente en las calles, los árboles y las pequeñas plantas.

 

Bogotá, octubre de 2026. Desde hace dos años, Adriana Tusso, licenciada en biología del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), lidera los procesos comunitarios relacionados con el cuidado de las coberturas vegetales en la localidad de Kennedy.

Su trabajo consiste en aumentar el sentido de pertenencia por los árboles, jardines y huertas en la ciudadanía, fortalecer los tejidos de las redes de cuidadores verdes y sembrar la semilla de la conservación en las personas de los diferentes grupos etarios.

Las actividades y talleres de educación ambiental de esta profesional del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa, han llegado a la mayoría de los más de 500 barrios de Techotiba, nombre muisca de esta localidad que significa territorio de agua.

Historias del verde urbano: ¡Jóvenes de Kennedy hacen ciencia para transformar su territorio!
Historias del verde urbano: ¡Jóvenes de Kennedy hacen ciencia para transformar su territorio!

“Como soy una gran convencida de que el cuidado de la biodiversidad urbana debe empezar en los niños y jóvenes, me he concentrado bastante en trabajar con la comunidad educativa de Kennedy, tanto estudiantes como docentes”.

En el Colegio Parroquial de los Santos Apóstoles, ubicado en el barrio Roma y que hace parte del polígono ampliado de la Zona Urbana por un Mejor Aire (ZUMA) del Apogeo, Adriana desarrolló una nueva experiencia pedagógica.

Se trata de “ZUMA Respira: jóvenes que hacen ciencia para transformar su territorio”, una iniciativa conformada por cuatro sesiones prácticas y presenciales que tuvo como objetivo consolidar un grupo de jóvenes investigadores.

“Los estudiantes del grupo ambiental del colegio participaron en esta experiencia que integró la observación, la experimentación, el trabajo colaborativo y el reconocimiento de las coberturas vegetales como elementos fundamentales para el bienestar ambiental de la ciudad”.

Según la licenciada en biología, en las cuatro sesiones los jóvenes descubrieron que la ciencia no ocurre solo en los laboratorios: también está presente en las calles que recorren, en los árboles que les brindan sombra y en las pequeñas plantas que cuidan en sus hogares.

“Preguntas como ¿qué nos puede contar el aire que respiramos?, ¿qué historias esconden los árboles del barrio? y ¿cómo podemos contribuir al cuidado ambiental desde la escuela?, motivaron a los estudiantes a convertirse en investigadores de su propio territorio”.

Calidad del aire e interpretación

En la primera sesión, llamada “Ciencia en la mano: ¿qué tan limpio está el aire que respiramos?” y que fue realizada el 3 de septiembre, los estudiantes construyeron colectores artesanales de hollín y seleccionaron diferentes puntos para instalarlos.

Durante aproximadamente 15 días, estos dispositivos permanecieron expuestos al ambiente, suficiente tiempo para que las partículas de diferentes contaminantes atmosféricos quedaran depositadas sobre sus superficies.

“Luego, los alumnos compartieron sus observaciones, compararon los registros obtenidos y reflexionaron sobre la influencia del tráfico vehicular, las actividades humanas y la presencia de vegetación en los distintos espacios”.

Historias del verde urbano: ¡Jóvenes de Kennedy hacen ciencia para transformar su territorio!
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Adriana aseguró que esta primera experiencia permitió acercar a los estudiantes al pensamiento científico, “reconociendo la importancia de formular preguntas, recoger evidencias y analizar los problemas ambientales que afectan su vida cotidiana”.

En “La ciencia nos permite interpretar nuestro territorio”, la segunda sesión (22 de septiembre), los investigadores ‘patojos’ se reunieron para observar, comparar y analizar los resultados obtenidos en los diferentes puntos seleccionados en el barrio Roma.

Cada grupo presentó sus hallazgos y estableció puntos de comparación entre los lugares de muestreo, teniendo en cuenta las diferencias en la cantidad de partículas depositadas, los cambios de coloración de los colectores y las características del entorno.

“Este ejercicio permitió reflexionar sobre cómo las actividades humanas pueden influir en la calidad del aire y reconocer sobre la importancia de los árboles y las zonas verdes en el ambiente urbano”.

La sesión fue un espacio para fortalecer el pensamiento crítico, la interpretación de evidencias y la comunicación científica. “Los estudiantes descubrieron que observar, comparar y formular permiten comprender las problemáticas ambientales y proponer acciones de cuidado”.

Coberturas y nuevos jardines

El tercer taller, “La naturaleza nos habla: descubriendo las coberturas vegetales”, se enfocó en que los estudiantes dirigieran su mirada hacia las plantas y los organismos que conviven con ellas.

“Fue un ejercicio de reconocimiento de la vegetación urbana donde los jóvenes conocieron que las plantas cumplen funciones esenciales para la vida y pueden ofrecer pistas sobre las condiciones ambientales de un territorio”, dijo la profesional social.

A través de actividades de observación y reconocimiento de especies botánicas, exploraron la importancia de las coberturas vegetales presentes en el parque más cercano al Colegio Parroquial de los Santos Apóstoles.

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“Este ejercicio también invitó a los jóvenes a observar los espacios verdes de su entorno escolar y reflexionar sobre su conservación. Como parte del proceso, organizaron y expusieron sus hallazgos y fortalecieron sus capacidades de comunicación, análisis y trabajo en equipo”.

Más allá de identificar plantas, esta sesión buscó promover una nueva manera de mirar el barrio: “comprender que cada árbol, jardín y zona verde forma parte de una red de vida que merece ser conocida, valorada y protegida”.

La última sesión, “Pequeños jardines, grandes compromisos”, realizada a mediados de octubre y que contó con el apoyo del profesional social Felipe Calderón, fue un taller de jardinería funcional en el que los estudiantes construyeron pequeños jardines de suculentas.

Los ‘pequeños’ investigadores conocieron las características de las suculentas, sus necesidades de luz, agua y sustrato y la importancia de brindarles condiciones adecuadas para su crecimiento.

“Entre conversaciones, creatividad y trabajo colectivo, cada grupo dio forma a un pequeño jardín que simboliza los aprendizajes construidos durante todo el proceso de esta estrategia pedagógica y ambiental”.

En el cierre del proyecto, los estudiantes también socializaron los resultados de sus experiencias anteriores, compartieron sus reflexiones y reconocieron que el cuidado ambiental comienza con acciones cotidianas.

“Una pequeña planta puede convertirse en una gran maestra: nos enseña que cuidar la vida requiere conocimiento, paciencia, compromiso y constancia”, expresó la licenciada en biología del JBB.

Para Adriana, la experiencia de “ZUMA Respira” en el Colegio Parroquial de los Santos Apóstoles demuestra el valor de acercar la ciencia a las realidades que viven a diario los estudiantes de este plantel educativo privado.

“El reconocimiento de las problemáticas ambientales del barrio Roma, la observación de su biodiversidad y la apropiación de prácticas de jardinería, constituyen oportunidades para fortalecer la educación ambiental y el sentido de pertenencia por el territorio”.

El compromiso de los estudiantes del grupo ambiental, acompañado por el liderazgo del profesor William, fue fundamental para convertir cada taller en un espacio de aprendizaje compartido.

“Los jóvenes no solo recibieron información, sino que participaron activamente en la construcción y comunicación del conocimiento. Este grupo de estudiantes se dedicará a investigar desde su propio territorio”.

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