Tejiendo territorios: Donde el río vuelve a encontrarse con su gente
Durante años, el río Fucha ha sido un testigo silencioso del crecimiento de la ciudad. Sus aguas han visto cómo se han transformado barrios, han llegado nuevas familias y ha desaparecido parte de la vegetación nativa que alguna vez acompañó su recorrido. Sin embargo, en la cuenca baja, entre los barrios Villa Liliana, Andalucía y El Vergel, en la localidad de Kennedy, el río vuelve a ser visto como un vecino vivo, un espacio de encuentro y una oportunidad para reconstruir la relación entre la comunidad y el territorio del agua.
Ese fue el punto de partida de la Estrategia participativa para el fortalecimiento del conocimiento comunitario sobre el cambio climático, la cuenca hidrográfica y los polinizadores en la cuenca del río Fucha, una iniciativa que nace del interés y compromiso de las Juntas de Acción Comunal (JAC) de los barrios de Villa Liliana, Andalucía y El Vergel. Estas organizaciones han impulsado durante años acciones para recuperar la ronda del río, mejorar las condiciones ambientales del entorno y elevar el bienestar de la comunidad.

Más que un proceso de formación, esta estrategia, desarrollada junto al Jardín Botánico en el marco de Tejiendo el Territorio, busca fortalecer las capacidades de quienes habitan la ribera para comprender el espacio que ocupan, reconocer su papel como actores de la cuenca y afrontar los retos de la crisis climática. Entender qué es una cuenca hidrográfica, cómo el cambio climático transforma las dinámicas locales y cómo las pequeñas acciones —como la creación de jardines para polinizadores— contribuyen a la restauración ecológica se convierte en una herramienta clave para apropiarse del territorio y asumir un rol activo en su cuidado.
El proceso se encuentra en una etapa de diagnóstico, durante la cual, mediante un mapeo comunitario (cartografía social), la comunidad plasmó, a partir de su propia experiencia, las realidades socioambientales del sector. Más allá de identificar problemáticas, este espacio permitió comprender cómo estas afectan la calidad de vida en la cuenca baja del río Fucha y evidenciar los desafíos y las oportunidades para su recuperación.
Entre los principales hallazgos, la comunidad reconoció un déficit de espacios verdes, con solo un parque y la ronda del río como los únicos escenarios de contacto con la naturaleza. Asimismo, se identificaron presiones ambientales significativas:
- Presencia de un centro de beneficio animal (frigorífico) y de comercialización cárnica que generan olores ofensivos y afectan la calidad del aire.
- Zonas de almacenamiento de materiales reciclables y de asentamientos temporales.
- Problemáticas asociadas a quemas ilegales y vertimientos en el cauce del río Fucha.
- Percepción del incremento de las olas de calor, asociadas a la escasez de cobertura vegetal y de espacios públicos arborizados.
El diagnóstico también permitió evidenciar la escasa participación comunitaria en los escenarios de toma de decisiones. No obstante, esta realidad comienza a transformarse gracias al liderazgo de las JAC de los tres barrios, que consolidan procesos participativos orientados a la recuperación ambiental y a la construcción de un territorio resiliente.
De la ronda del río a los jardines de polinizadores
Lejos de ser solo un inventario de problemáticas, el diagnóstico reconoció el enorme potencial ecológico de la ribera. La ronda del río Fucha representa una oportunidad para impulsar procesos de restauración, reverdecer el espacio público y consolidar corredores de biodiversidad urbana.
Luego, se realizó un recorrido por la ronda del río para reconocer de primera mano las especies vegetales presentes. Se identificó la predominancia de pasto kikuyo y acacias en algunos tramos, así como de plantas como la malva, el tabaco y diversas especies florales que aún persisten. Cada observación confirmó que, a pesar de las presiones, existen elementos naturales capaces de sostener la recuperación de este espacio con potencial ambiental.
Este ejercicio despertó una nueva mirada sobre la ribera: lo que antes era solo un lugar de paso se proyecta ahora como un escenario idóneo para el establecimiento de jardines para polinizadores. Estos refugios funcionarán como pequeñas islas de biodiversidad que ofrecerán alimento y hábitat a mariposas, abejas, abejorros y colibríes, fortaleciendo la conectividad ecológica en la cuenca.
Un ecosistema vivo que conecta vidas
Comprender el territorio es el primer paso para transformarlo. Cada mapa construido colectivamente, cada conversación sobre el cambio climático y cada propuesta para sembrar flora nativa fortalecen el tejido social y ambiental de estos barrios ribereños.
Hoy la comunidad entiende que el río Fucha no es únicamente un cuerpo de agua que atraviesa la ciudad, sino un ecosistema vivo que conecta personas, biodiversidad e historias. Recuperarlo significa sanar la relación de los habitantes con su entorno y construir soluciones colectivas ante la crisis ambiental.
El río Fucha sigue vivo. En sus orillas aún encuentran refugio aves, insectos y plantas que resisten el avance urbano. Y ahora, gracias al compromiso de las comunidades de Villa Liliana, Andalucía y El Vergel, junto con el Jardín Botánico, el río encuentra aliados dispuestos a recuperar su memoria ecológica y a demostrar que cuidar una cuenca es cuidar el hogar que compartimos.






