Tejiendo territorios : La diferencia entre un pétalo y una hoja
En el Hogar Infantil Semillitas de Mostaza, en el barrio Quirigua de la localidad de Engativá, la mañana nos prometía una actividad que conectaría a los más pequeños con la biodiversidad. Mientras pegábamos bolsas en el suelo y sacábamos la tierra del costal, empezábamos a acercar a los niños a entender la diferencia entre un pétalo y una hoja.
Los científicos, más rigurosos, dirían que para entenderlo hay que comprender las funciones y fenómenos de la naturaleza, como la fotosíntesis, la polinización, las formas de reproducción de las flores, la morfología vegetal, su estructura interna y los órganos que los complementan; aunque esto es cierto, quisimos proponer a los niños una experiencia sensorial para conocer la naturaleza. Para ello organizamos la tierra, las hojas, la arena y las flores sobre las bolsas dentro de figuras geométricas que creamos con cintas.


Tal vez un artista, reflexivo y sensible hacia la naturaleza diría que lo primero que debemos conocer son los tonos verdes de las hojas, la variedad de colores de las flores, la ubicación de ambos en el paisaje, sus pigmentos, formas, olores, tiempos de vida y simetrías, pero este ejercicio está basado en la experiencia y el descubrimiento, para ello nos dispusimos a recibir a nuestro grupo de más de 20 niños y niñas, entre los que había pequeños desde 1 hasta los 4 años. Es un reto enorme y maravilloso mostrar a un pequeño humano la magia de la naturaleza, quizás por primera vez, nuestro objetivo es que ese vínculo lo marque para siempre.
Mientras los niños van acercándose con la ayuda de sus maestras y cuidadoras, descubrimos juntos que los pétalos son los que cargan tierra como arepitas, que las hojas las que crujen cuando bailamos sobre ellas de una forma diferente a cuando arrastramos los pies sobre la arena, que aunque a algunos niños les dé un poco de miedo la tierra oscura después de un rato se siente bien y la usan para dibujar en ella y que la arena cuando los adultos la hacen sonar contra el piso es muy divertida. Entre tantas sensaciones nuevas, una niña encontró en los pétalos que le entregamos un regalo que logró calmarla para poder dejar de llorar, también algunos niños y niñas quisieron jugar solos y los adultos entendimos que cuando compartimos jugando todos los miedos desaparecen.
Con curiosidad, antes de terminar, invitamos a los niños a miramos por la ventana hacia el parque, para darnos cuenta que fuera estaban las mismas hojas con las que jugamos, y que junto con el sol y los árboles había aún mucho más por conocer una naturaleza ¡Con la que se podía jugar y compartir!
Ya cuando todos nuestros pequeños compañeros de juego se dispersaron para comer, mientras recogíamos lo que quedó después de tantas emociones, nos dimos cuenta que lo primero que hay que saber para diferenciar un pétalo y una hoja es saber jugar y pensar desde el sentir.








