Tejiendo territorios: Bordar el bosque: hilos de comunidad en La Esmeralda

Tejiendo territorios: Bordar el bosque: hilos de comunidad en La Esmeralda

En el Bosque Urbano La Esmeralda, el arte se convirtió en una forma de aprender con la naturaleza. Bajo la sombra de los árboles y entre el canto de las aves, un grupo de mujeres de distintas edades se reunió para bordar el bosque, puntada a puntada, tejiendo también los lazos que fortalecen la comunidad.

Esta experiencia, acompañada por el Jardín Botánico José Celestino Mutis, hace parte de un proceso que busca que la comunidad vea el bosque urbano como un aula viva: un espacio donde se aprende desde la observación, la creatividad y el respeto por la vida. A lo largo del año, se han desarrollado allí diversas experiencias como la elaboración de aguas floridas o la serigrafía natural, y en esta ocasión, el bordado se convirtió en una metáfora del tejido social y comunitario.

La jornada inició con un diálogo sobre lo que significa habitar y cuidar el bosque. Se habló del valor de las especies que crecen en este espacio, desde los árboles nativos hasta las plantas pequeñas que a veces se confunden con malezas y de cómo cada una cumple un papel vital en el ecosistema. Las participantes aprendieron a observarlas con nuevos ojos, a reconocer sus texturas, colores y formas, y a descubrir que en la diversidad vegetal también se refleja la diversidad humana.

Tejiendo territorios: Bordar el bosque: hilos de comunidad en La Esmeralda

Con respeto por el entorno, las mujeres recolectaron hojas caídas y algunas tomadas con cuidado y pidiendo permiso a las plantas, reconociendo que trabajar con la naturaleza implica hacerlo sin dañarla. A partir de esas formas y relieves, eligieron los hilos y los diseños que darían vida a sus bordados. Cada puntada se convirtió en un acto de contemplación, una manera de representar la textura del bosque y, al mismo tiempo, de hablar sobre los vínculos que sostienen a la comunidad.

Del bordado surgió también la reflexión sobre el tejido: si el bordado da forma a la superficie, el tejido sostiene lo profundo. Así como se entrelazan los hilos, también se entrelazan las personas, los saberes y las acciones que construyen territorio. En ese encuentro de manos y memorias, las participantes comprendieron que cuidar el bosque es también cuidar las relaciones que lo mantienen vivo.

Mientras bordaban, compartieron historias, experiencias y reflexiones sobre entendiendo que como se teje una tela, también se puede tejer comunidad: con tiempo, con cuidado y con la participación de todas y todos. El resultado más que un ejercicio artístico fue un espacio de encuentro donde la ciencia participativa, el arte y la participación ambiental se entrelazaron para fortalecer la relación con el bosque.

En La Esmeralda, el hilo unió mucho más que telas. Unió memorias, voces y la certeza de que Bogotá se construye desde estos gestos íntimos y cotidianos, donde la naturaleza enseña y la comunidad aprende a mirarla con respeto y gratitud.