Tejiendo territorios
En la localidad de Santa Fe, vecinos y niños del barrio San Bernardo diseñan una caja de herramientas frente al fenómeno de El Niño junto al Jardín Botánico de Bogotá
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En la localidad de Santa Fe, vecinos y niños del barrio San Bernardo diseñan una caja de herramientas frente al fenómeno de El Niño junto al Jardín Botánico de Bogotá
Entre la huerta comunitaria, los cerros orientales y las calles de uno de los barrios más tradicionales de la localidad de Santa Fe, los habitantes del barrio San Bernardo se preparan para enfrentar el cambio climático. Por ello, comenzaron a construir una herramienta para comprender el cambio del clima, reconocer los riesgos de su territorio y prepararse ante los efectos del fenómeno de El Niño.
Los viernes por la tarde, en la entrada del costado norte del conjunto residencial Campo David, en el barrio San Bernardo, algo comienza a tomar forma. Allí, alrededor de la huerta comunitaria Sembradores de Semillas, niños, jóvenes y adultos se reúnen para conversar, aprender y trabajar por su entorno. Esta iniciativa, convocada por el Jardín Botánico de Bogotá, en el marco de su estrategia Tejiendo el Territorio, en articulación con la profesional territorial Astrid Rincón y la líder comunitaria Jenifer Ferias, inició con una pregunta clave: ¿cómo ha cambiado el clima que sentimos en Bogotá?


Los habitantes hablaron de temperaturas más altas, días de radiación solar intensa, vientos fuertes y precipitaciones atípicas. Para quienes viven en San Bernardo, el clima no es un asunto lejano: se siente en las calles, en las viviendas, en la huerta y, especialmente, en los cerros orientales que bordean el sector.
Un mapa para contar el barrio
Antes de proponer acciones a futuro, la comunidad analizó su propio territorio. Durante la fase de diagnóstico ambiental participativo, los asistentes construyeron colectivamente una cartografía social sobre papel kraft. Allí ubicaron vías principales, colegios, jardines infantiles, la parroquia, nodos de encuentro y las coberturas vegetales cotidianas.
El mapa permitió representar las experiencias y percepciones de la comunidad sobre el territorio mediante convenciones acordadas colectivamente:
- Una llama: señaló los sectores de los cerros orientales vulnerables a los incendios forestales.
- Una estrella amarilla: identificó los espacios de encuentro comunitario.
- Una equis roja: marcó los lugares asociados con la percepción de inseguridad o con situaciones de preocupación socioambiental.
- El color verde: permitió identificar las áreas naturales y recreativas, así como aquellas relacionadas con la biodiversidad urbana.
El parque principal apareció con doble cara: como espacio verde de integración y como punto crítico por problemáticas sociales. Asimismo, la cartografía visibilizó tensiones por la presión inmobiliaria y la transformación urbana.
Cuando los incendios dejan memoria
Para el barrio San Bernardo, hablar del fenómeno de El Niño no es abordar conceptos abstractos; los incendios forestales forman parte de su memoria territorial. Durante el diagnóstico, los participantes recordaron episodios críticos como los incendios en la parte alta de Las Cruces y las quemas en los cerros durante 2024, eventos que afectaron directamente la calidad del aire con humo y cenizas.
Estos antecedentes hicieron evidente la necesidad de fortalecer el acompañamiento institucional en prevención y gestión del riesgo. Del mismo modo, identificaron vulnerabilidades ante lluvias intensas que provocan inundaciones por escorrentía desde Las Cruces, permitiendo definir capacidades locales de respuesta.


Una caja de herramientas construida entre todos
Tras la lectura diagnóstica, el proceso avanzó a la fase de formulación, donde la comunidad acordó crear colectivamente la “Caja de herramientas comunitaria para enfrentar el cambio climático y el fenómeno de El Niño”. Este producto colectivo reunirá:
- Conceptos clave sobre variabilidad climática y calentamiento global.
- Mapa comunitario de riesgos e impactos locales.
- Decálogo de acciones de adaptación y pautas para el uso eficiente del agua.
- Estrategias de conservación para los cerros orientales y directorio institucional.
- Fotografías, ilustraciones y reflexiones elaboradas por la infancia y los adultos.
Aprender para prepararse
Durante la implementación, iniciada en agosto de 2026, se aplicó una prueba de saberes para adultos que estableció la línea base en las dimensiones de Saber, Hacer y Cuidar. El diálogo permitió diferenciar técnicamente el cambio climático (asociado a gases de efecto invernadero por actividad humana) del fenómeno de El Niño (variabilidad natural del sistema océano-atmósfera), analizando cómo el calentamiento global intensifica sus impactos.
Paralelamente, los niños desarrollaron guías pedagógicas sobre cuidado del agua y la flora, aportando dibujos y símbolos que alimentarán la caja de herramientas, reafirmando que la educación ambiental se construye de manera intergeneracional alrededor de la huerta.
Un territorio que se prepara
El proceso continuará con la elaboración de los módulos pedagógicos y un recorrido por el sendero San Francisco Vicachá para evaluar presiones ambientales en la Estructura Ecológica Principal de la localidad. La huerta Sembradores de Semillas seguirá siendo el punto de articulación comunitaria en este espacio con potencial social y ecológico, demostrando que prepararse frente al clima también implica fortalecer el tejido comunitario en el centro de Bogotá.
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