Historias del verde urbano: Un pino candelabro patrimonial de Chapinero ingresa a sala de observación
Desde hace seis meses, un pino candelabro (Pinus radiata) ubicado en la carrera Séptima con calle 84 presenta un acelerado deterioro foliar.
Este árbol septuagenario ha perdido el 25% de sus acículas (hojas) y la mayoría de las que sobreviven lucen marchitas.
El Jardín Botánico le realizó una endoterapia con fungicida, bioestimulante, fertilizante e inductor de resistencia y una tomografía para evaluar el interior del tronco.
Un gigante verde de 30 metros de altura llama la atención de los ciudadanos que transitan por la carrera Séptima con calle 84, un sector de la localidad de Chapinero donde está ubicada la vía que conduce al municipio de La Calera.
Se trata del pino candelabro (Pinus radiata) del Edificio Colinsa, una edificación de apartamentos de gran tamaño construida a finales de la década de 1960 por el arquitecto Fernando Martínez Sanabria y que se caracteriza por su fachada enladrillada.
Sin embargo, el representante de esta especie oriunda de la costa sur de California (Estados Unidos) es mucho más antiguo. Así lo revela el libro ‘Árboles Patrimoniales’ del Jardín Botánico de Bogotá (JBB).


Antes del edificio, según afirma la publicación, la zona contaba con una casa que hacía parte de la hacienda El Refugio. “El pino hizo parte de la reforma del entorno de la casa con el sendero adyacente que generó el espacio para su plantación”.
Esta obra fue realizada en 1955, es decir que el imponente árbol puede tener una edad de 70 años. “La casa con el pino hizo parte de la cobertura vegetal del terreno con anterioridad a la construcción de la edificación de apartamentos”.
En una foto aérea tomada en 1967 por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), se puede identificar el pino candelabro como integrante de los límites de la quinta sobre la carrera Séptima.
“Debido a la adquisición del predio por parte de Julio Mario Santodomingo, se da inicio a la etapa de construcción del edificio entre 1968 y 1973, que mantuvo el pino como parte integrante y símbolo del conjunto habitacional”, menciona el libro.
El pino candelabro, una especie que fue introducida en la sabana de Bogotá por los usos de su madera y que luego fue incluida en los diseños paisajísticos o jardines de las quintas veraniegas, se convirtió en un ícono de la localidad de Chapinero.
Debido a su connotación histórica, este gigante hace parte de los 215 árboles patrimoniales o de interés público de Bogotá, tesoros de antaño que, en su mayoría, están ubicados en las localidades de La Candelaria, Santa Fe, Teusaquillo, Chapinero y Usaquén.
El verde palidece
Desde hace seis años, cuando el pino candelabro del Edificio Colinsa fue elevado a la categoría de árbol patrimonial, el equipo de Manejo Integrado de Plagas y Enfermedades (MIPE) del Jardín Botánico le realiza varios tratamientos fitosanitarios.
Según Marcela Albornoz, ingeniera de sanidad vegetal de la entidad encargada del arbolado adulto de las localidades de Chapinero, Usaquén y Barrios Unidos, este septuagenario recibe constantes endoterapias y fertilizaciones edáficas.
“En Bogotá, esta especie no se ve afectada por el accionar de los insectos catalogados como plagas. Por eso, los tratamientos que recibe este pino de la carrera Séptima con calle 84 buscan nutrirlo y fortalecerlo fisiológicamente”.


Sin embargo, en enero de este año la profesional evidenció un alto deterioro foliar en el pino, condición que se fue acelerando con el paso de los meses. Las acículas, es decir las hojas alargadas, estrechas y con forma de aguja, lucían cada vez más marchitas.
“Además de esta coloración, el pino empezó a perder varias de las acículas ubicadas en las ramas que dan hacia la carrera Séptima. Esto nos llevó a intensificar los tratamientos fitosanitarios, pero el árbol no presentó mayor evolución”.
Marcela le mostró el caso al ingeniero Gustavo Ardila, profesional del grupo de investigación aplicada a la gestión de las coberturas vegetales urbanas de la Subdirección Técnica Operativa del JBB.
“Este grupo cuenta con instrumentos para evaluar el interior de los árboles, como un tomógrafo y un resistógrafo. Mi objetivo era analizar el tronco del pino para ver si presentaba algún tipo de pudrición o afectación interna que no fuera visible”.
Gustavo, profesional que trabajó varios años en el equipo MIPE, le presentó la solicitud a Angie Moncada, ingeniera forestal encargada del manejo de estos aparatos tecnológicos que solo son utilizados para temas de investigación.
“Si el pino no está respondiendo a tratamientos como la endoterapia y la fertilización edáfica, algo lo podría estar afectando en su interior. Aceptamos participar en este ejercicio que arrojará varios datos para los proyectos de investigación que realizamos”.
Tomografía
El pasado martes 8 de julio, los ingenieros Marcela Albornoz, Gustavo Ardila y Angie Moncada, acompañados por dos operarios del JBB, visitaron el pino candelabro del Edificio Colinsa para realizarle un examen interno.
El objetivo era utilizar el tomógrafo para evidenciar si presentaba pudrición en el tronco. Angie y Gustavo explicaron que el procedimiento se realizaría a una altura de 50 centímetros desde la base del suelo.
“Esta tomografía basal busca identificar si hay anomalías en la parte baja del fuste, como cavidad o pudrición, las cuales podrían generar algún riesgo de volcamiento o fractura. Si sale positiva, realizamos otra a una altura superior”.

El administrador del edificio abrió la puerta del jardín donde está el árbol de 70 años, una zona donde convive con algunos cayenos, jazmines del cabo y varias plantas de jardín, como hiedras, cintas y helechos.
Mientras Angie organizaba todos los elementos que conforman el tomógrafo, como varios cables y puntillas especiales, Gustavo calculó las medidas del árbol: una altura de aproximadamente 30 metros y un diámetro del tronco de 3,36 metros.
“Luego de medir el perímetro, instalamos 23 puntillas alrededor del tronco e hicimos la geometría del árbol por medio de un una forcípula electrónica. En la pantalla del tomógrafo apareció la imágen que íbamos a evaluar”, informó la ingeniera forestal.
El procedimiento continuó con la instalación de 23 sensores, los cuales fueron golpeados con un martillo electrónico para que se emitieran las sondas. “Estos aparatos hacen una triangulación en cuanto a las ondas sónicas que emite el sonido”.
Luego de aproximadamente una hora de montaje, la pantalla del tomógrafo arrojó una mancha de color café alrededor del toda la circunferencia del tronco que fue evaluada. Angie le informó a Marcela que el resultado fue positivo.
“El 95% del tomograma arrojó una coloración café, es decir que el fuste del pino, en la parte evaluada, presenta buenas condiciones. Cuando hay pudrición o cavidades, las imágenes son de color azul o morado”.
Gustavo hizo uso de su ojo clínico para estimar los grados de afectación en el follaje del árbol. “La densidad foliar es del 75%, es decir que ha perdido el 25% de sus hojas. La vitalidad del pino es del 60%”.
En sala de observación
Los resultados de la tomografía descartaron que el acelerado deterioro foliar de este pino candelabro septuagenario estaba relacionado con algún grado de pudrición en el interior del tronco.
Marcela tiene la hipótesis de que el marchitamiento de las acículas de la copa podría estar relacionado con el accionar de un hongo. “El árbol está en buenas condiciones internas. Pareciera que el síntoma es característico de algún tipo de hongo”.
Según la ingeniera, lo ideal sería realizar una aspersión foliar. “Pero debido a que el árbol está en una zona con un alto flujo vehícular, peatonal y de ciclistas, esta aplicación sería muy invasiva para las personas”.


El pino patrimonial recibió una nueva endoterapia, un tratamiento de tipo sistémico, eficiente y de muy bajo impacto ambiental que consiste en la inyección de insumos fitosanitarios directamente en el sistema xilemático del árbol.
“Le aplicamos un fungicida sistémico, un bioestimulante, un fertilizante y un inductor de resistencia; este último le dará mayor fortaleza al árbol ante el ataque de cualquier plaga o enfermedad”, informó la experta.
Este gigante verde de la localidad de Chapinero ingresó a sala de observación. Marcela analizará constantemente su estado para estimar si presenta algún cambio, una mejoría por el tratamiento o un deterioro mayor.
“En el último caso, es decir si sigue el deterioro foliar, tomaremos medidas como aplicar otros insumos o realizar otra labor fitosanitaria. Esto solo lo sabremos con el paso del tiempo”, puntualizó la ingeniera.






