Historias del verde urbano: ¡La transformación jardinera llegó a la Zona Rosa!
El Jardín Botánico José Celestino Mutis recuperó 50 metros cuadrados de los jardines ubicados en la carrera 13 entre las calles 81 y 85.
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El Jardín Botánico José Celestino Mutis recuperó 50 metros cuadrados de los jardines ubicados en la carrera 13 entre las calles 81 y 85.
El Jardín Botánico José Celestino Mutis recuperó 50 metros cuadrados de los jardines ubicados en la carrera 13 entre las calles 81 y 85.
690 hebes morados fueron replantados en varios de los separadores de este sector de la localidad de Chapinero.
Esta cobertura vegetal también recibió riego, adición de sustrato y un cerramiento temporal.
Bogotá, septiembre de 2026. Chapinero, la localidad más diversa y cosmopolita de Bogotá, alberga uno de los sitios de rumba y esparcimiento más icónicos y reconocidos del país: la famosa Zona Rosa.
Cientos de bares, restaurantes, almacenes de ropa, centros comerciales, hoteles y casinos conforman este amplio sector comprendido entre las calles 79 y 85, la carrera 11 y la Autopista Norte.
Su núcleo peatonal más exclusivo es la denominada Zona T, un corredor con la forma de esta letra del abecedario ubicado alrededor de las calles 82 y 83 y que está decorado por decenas de terrazas y tiendas de los mejores diseñadores.


Según una columna del realizador audiovisual Mateo Duarte del Castillo, especialista en televisión periodística y documental, la historia de esta concurrida zona que parece no dormir, empezó en la década de los 80.
“En 1985 las casas del barrio El Retiro se fueron transformando en pequeños bares. Dos años después había más o menos 10 en la zona, entre ellos el mítico Music Factory”, revela su escrito publicado en el diario El Espectador.
La jardinería también hace parte de la Zona Rosa. Hace varios años, el Jardín Botánico de Bogotá (JBB) le dio color y biodiversidad a los separadores de la carrera 13 con las calles 81 y 85, uno de los epicentros de la rumba.
“En su momento se plantaron miles de lirios, linos, hiedras, bergenias y sietecueros mexicanos en un área que abarca cerca de 241 metros cuadrados. Sin embargo, las dinámicas sociales de la zona causaron estragos en varios sectores”, dijo la ingeniera Ana Cristina Cano.
En un recorrido realizado con la Asociación Zona Rosa, uno de los aliados en la renaturalización de la ciudad, la profesional evidenció que aproximadamente 50 metros cuadrados estaban sumamente afectados por el constante paso de los transeúntes.
“Las zonas de las bergenias y sietecueros contaban con plantas en estado crítico, mientras que otros sitios estaban totalmente desprovistos de material vegetal. Tomamos la decisión de hacer un replante en estas áreas que colindan con varios de los bares de la Zona Rosa”.
Entre el 2 y 4 de septiembre, la ingeniera y su cuadrilla de ocho operarios le inyectaron un nuevo color al sector con el replante de 690 hebes morados en pequeños setos a lo largo de los separadores.
“Esta especie es una de las favoritas de las abejas. Es decir que, además de mejorar el paisaje de la zona de rumba más conocida de la ciudad, estas plantas se van a convertir en nuevos hogares para los polinizadores”, precisó Ana Cristina.
Durante esta actividad también se realizaron labores como levantamiento de material vegetal deteriorado por el paso del tiempo y de los transeúntes, adición de sustrato, riego y el montaje de un cerramiento temporal.
“La Asociación Zona Rosa empezará a gestionar recursos con los bares de la zona para instalar cerramientos adecuados en las jardineras y así evitar que las plantas se sigan deteriorando por el alto flujo peatonal”.
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