Historias del verde urbano: La carrera décima, en el centro de Bogotá, recupera su arbolado
El Jardín Botánico de Bogotá plantó 17 árboles en varios sectores de esta avenida que atraviesa el centro de la ciudad.
Se escogió una especie resistente y con la capacidad de soportar los altos índices de contaminación atmosférica de la zona: el liquidámbar.
La entidad les realizará un mantenimiento integral constante a estos nuevos individuos arbóreos.
A mediados del siglo XX, con el objetivo de mejorar la conexión entre el norte y sur de Bogotá, nació uno de los corredores viales más transitados y concurridos de la ciudad. Tiene 6,7 kilómetros de longitud y está rodeado por establecimientos comerciales.
Se trata de la carrera décima, una vía que inicia en Las Lomas, barrio ubicado en los cerros orientales de San Cristóbal, y luego atraviesa el centro capitalino en la localidad de Santa Fe; a la altura del Museo Nacional, se fusiona con la carrera séptima.
Lleva el nombre de un político que fue alcalde de la capital en tres ocasiones, lideró la reconstrucción del centro luego del Bogotazo y fundó una de las compañías inmobiliarias más conocidas del país: Fernando Mazuera, quien fue el principal impulsor de la vía.


Aunque fue diseñada y construida entre 1945 y 1960, durante la época de la colonia ya existía un corto trayecto vial que era conocido como la calle de Santa Inés, Las Brujas o Siete Vueltas. La nueva obra amplió su ancho de ocho a 40 metros.
La carrera décima fue seleccionada como una de las troncales de TransMilenio. Esta nueva transformación arrojó la construcción de 10 estaciones, como San Diego, Las Nieves, San Victorino y Bicentenario, y el portal del 20 de Julio.
El verde ha sido constante en las ocho décadas de vida de la avenida Fernando Mazuera. Sus andenes y separador central han recibido varios árboles de diferentes especies que le inyectaron vida a una zona dominada por el asfalto.
Sin embargo, debido a la alta contaminación atmosférica generada por los vehículos que allí transitan y las dinámicas sociales del territorio, como una alta presencia de habitantes de calle, el arbolado ha palidecido.
Según Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), los árboles más afectados son los del centro de la ciudad, en especial los ubicados a lo largo de la carrera 10 entre las calles 6 y 10.
“En este sector, la pérdida de árboles debido a las dinámicas ambientales y sociales, es bastante alta. Llevamos muchos años haciendo replantes del material arbóreo que se pierde en esta parte de la avenida”.
Nuevo verde
A inicios de mayo, Héctor Moreno, profesional de campo del grupo de arbolado joven del JBB, recorrió los sectores más críticos en materia de coberturas vegetales de la carrera décima. La inspección arrojó un panorama alarmante.
La mayoría de los contenedores de los andenes y el separador central albergaban árboles muertos en pie o sin ningún individuo arbóreo. “El sitio más afectado fue entre las calles 6 y 8; el verde ya no hacía parte del paisaje”.
En este sector, el ingeniero forestal evidenció que se debían replantar 11 individuos arbóreos. “Además, en la carrera 10 con calle 10, encontramos áreas aptas para plantar seis árboles nuevos”.


El reverdecer de esta zona crítica del centro de la ciudad requería de una especie arbórea bastante resistente y con la capacidad de soportar los altos índices de contaminación atmosférica.
Moreno escogió el liquidámbar (Liquidambar styraciflua), un árbol foráneo de crecimiento rápido, longevo y que alcanza una altura de 15 metros. También regula el clima y controla la temperatura.
“En nuestro vivero, seleccionamos 17 liquidámbar con alturas superiores a los 1,7 metros. Esto con el objetivo de que los árboles tengan una mayor oportunidad de supervivencia en el sector”, informó el profesional.
El pasado miércoles 28 de mayo, entre las siete de la mañana y las cinco de la tarde, el ingeniero y varios operarios del JBB replantaron los 11 árboles entre las calles 6 y 8 y plantaron los seis árboles nuevos en la calle 10.
“Durante la jornada también los fertilizamos, aplicamos hidroretenedor en los huecos y les ubicamos un tutor de madera para que crezcan adecuadamente. Esperamos que la ciudadanía no afecte a estos liquidámbar y que sobrevivan a las condiciones ambientales”.
El Jardín Botánico les realizará un mantenimiento integral constante a estos 17 nuevos árboles de la carrera décima. “Les haremos poda, plateo, riego y fertilización. Ojalá no tengamos que hacer replantes”, puntualizó Moreno.






