Historias del verde urbano: Habitantes de La Candelaria fortalecerán sus huertas con un nuevo banco comunitario de semillas agroecológicas
El Jardín Botánico José Celestino Mutis inauguró el reservorio de semillas nativas y criollas de esta localidad del centro de la ciudad.
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El Jardín Botánico José Celestino Mutis inauguró el reservorio de semillas nativas y criollas de esta localidad del centro de la ciudad.
Está ubicado en la huerta Jardín de Chía (Casa Cultural del Zipa) y será custodiado por los líderes de este antiguo proyecto agroecológico.
El banco comunitario de semillas número 15 de la ciudad alberga 58 variedades y especies a las que la ciudadanía podrá acceder a través de préstamos.
Bogotá, noviembre de 2026. Más de 40 habitantes de La Candelaria, la localidad más antigua y pequeña de Bogotá, se dieron cita en la Biblioteca Luis Ángel Arango el pasado jueves 27 de octubre a las dos de la tarde.
En esta ocasión, los ciudadanos no iban a navegar por las historias e investigaciones de los más de 2,5 millones de libros y volúmenes que resguarda la biblioteca pública más importante de Colombia, un referente cultural y literario en América Latina.
El objetivo era nutrir sus mentes con los conocimientos del último módulo del curso especializado de semillas agroecológicas del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), una serie de clases que recibieron durante todo el mes de octubre.


Juan David Córdoba, Felipe Pinto y Carlos Salamanca, profesionales del equipo de bancos de semillas de la entidad, los recibieron en un salón de la biblioteca con un amplio ventanal desde donde se puede apreciar parte del centro histórico capitalino.
“Hoy es un día muy especial para nosotros y para La Candelaria. Luego de terminar el módulo, nos vamos a dirigir a una huerta comunitaria para inaugurar el banco comunitario de semillas número 15 de la ciudad”, dijo Juan David, coordinador del grupo.
Los aplicados estudiantes, huerteros de la localidad con diferentes edades y profesiones, abrieron sus libretas o sacaron los celulares para anotar los nuevos aprendizajes. Durante dos horas, se sumergieron en el mágico mundo de las semillas.
La selección y buen desarrollo de las semillas criollas y nativas; las características de productividad; las condiciones agroclimáticas; y las plagas que afectan las plantas; fueron las primeras temáticas que les brindó Córdoba.
Luego, el ingeniero agroecólogo les contó sobre el orígen de los bancos, casas o reservorios de semillas, una iniciativa que nació en 1921 en Rusia por parte del botánico y genetista ruso Nikolai Ivanovich Vavilov.
“Estos bancos tienen como fin preservar, salvaguardar y defender las especies vegetales de la extinción y protegerlas de una posible catástrofe biológica. El banco global se llama Svalbard Global Seed Vault y está ubicado en una remota isla de Noruega”.
La charla, que estuvo amenizada por constantes preguntas de los asistentes, siguió con la explicación del concepto de banco comunitario de semillas, reservorios creados por los agricultores para administrar de forma colectiva una reserva de semillas nativas y criollas.
“Su función principal es almacenar, conservar y mantener semillas para que los agricultores vinculados al banco o reservorio, puedan disponer de ellas sin necesidad de depender del mercado convencional”.
Banco comunitario #15
El magíster en gestión ambiental y energética les informó que el Jardín Botánico ha logrado consolidar 14 bancos comunitarios de semillas agroecológicas y dos satélites en la ciudad, casas semilleras que son lideradas por custodios huerteros.
“Esta red de bancos funciona a través de préstamos: por cada semilla que la ciudadanía solicite, le debe devolver al banco el doble en un tiempo prudencial. El principal requisito es que tengan huertas para que así puedan sembrar y sacar las semillas”.
Juan David les pidió a Flor Ligia Gordon y Fabián Antonio Arias, líderes de la huerta comunitaria Jardín de Chía, que se pusieran de pie para que los más de 40 agricultores urbanos que participaron en el curso especializado, los conocieran.


“Estos huerteros icónicos serán los custodios del banco comunitario de semillas agroecológicas de la localidad de La Candelaria, el número 15 de la capital del país. Ellos se encargarán del cuidado de las semillas y de estar pendientes de los préstamos”.
Según el profesional, este nuevo banco, al igual que los demás que han sido inaugurados, se surte con las semillas criollas y nativas que se producen en las eras del banco mandre, ubicado en las instalaciones del Jardín Botánico.
“Actualmente contamos con 12 familias y 90 variedades y especies de semillas agroecológicas. A la fecha, en nuestros bancos comunitarios y satélites se han concretado más de 260 préstamos con la comunidad”.
Mauricio Cabrera, coordinador de agricultura urbana en las localidades del centro, tomó la vocería para informar que los ingenieros y técnicos de su equipo de trabajo apoyarán los préstamos de semillas.
“Cada vez que realicen una asistencia técnica en las huertas de La Candelaria, les informarán a los agricultores urbanos sobre el banco de semillas y si están interesados y cumplen con los requisitos, se concretarán los préstamos”.
Exposición Viajera
Al finalizar el curso especializado de semillas, los más de 40 huerteros salieron de la Biblioteca Luis Ángel Arango y caminaron varios minutos hasta llegar a una casona antigua de dos pisos y una fachada naranja en medio de la calle 9 con carrera 3.
“Bienvenidos a la Casa Cultural del Zipa, un espacio público y artístico donde está ubicado el Jardín de Chía, una huerta de 300 metros cuadrados creada hace más de 15 años por la comunidad”, contó Felipe Pinto, profesional del equipo de bancos de semillas.
Antes de dirigirse al nuevo hogar de los tesoros ancestrales criollos y nativos en la localidad, los asistentes participaron en un taller de “Semillas: memorias que llevan vida”, una iniciativa del Banco de la República.


“Este proyecto propicia un intercambio de saberes sobre semillas, medicina tradicional, espiritualidad, autonomía alimentaria, cambio climático y los aprendizajes que tienen las comunidades para su cuidado y lectura del territorio”, comentó la profesional Diana Salas.
Los agricultores urbanos conocieron la Exposición Viajera, una maleta que promueve la exploración a través de obras de la colección de arte del Banco de la República asociadas con semillas y alimentos.
“Este contenido permite reflexionar sobre la conexión entre las semillas, las prácticas culturales, los territorios y la transmisión de saberes ancestrales a través de dinámicas grupales y actividades creativas que fomentan el diálogo, la creatividad y el aprendizaje colectivo”.
Diana los organizó en varios grupos y a cada uno le entregó una de las 18 impresiones de obras de arte que hacen parte de la maleta. Durante media hora, el taller arrojó como resultado varios ejercicios de creación y contenidos.
“Conversamos sobre las costumbres y tradiciones que reflejan la identidad de comunidades específicas respecto a la siembra y cosecha, así como usos, saberes y propiedades de las semillas”, enfatizó la profesional del Banco de la República.
Los huerteros, luego de debatir sobre cada una de las obras de arte, participaron de una tertulia sobre la relación entre las semillas y los territorios de donde provienen; y el entorno natural, social y cultural que influye en su diversidad, cultivo y circulación.
“Estas obras transmiten saberes. Expresan diversas formas en que las comunidades mantienen vivas las tradiciones, valores y vínculos con la tierra, ya sea a través de prácticas agrícolas, rituales o narrativas”.
La casa semillera de La Candelaria
Terminado el taller, Flor Ligia Gordon y Fabián Arias llevaron a los agricultores hacia la parte trasera de la Casa Cultural del Zipa, un amplio patio pintado de verde donde está ubicada la huerta comunitaria Jardín de Chía.
“La huerta es un aula ambiental donde realizamos diferentes actividades comunitarias en torno a la agricultura urbana. Los invitamos a recorrer este antiguo proyecto de La Candelaria en el que participan decenas de personas”.
Durante aproximadamente una hora, los visitantes conocieron las camas elevadas en forma de serpiente que están protegidas por palos de guadua y donde habitan miles de hortalizas y plantas medicinales, aromáticas y ornamentales.


Mientras recorrían los recovecos del Jardín de Chía, Flor Ligia y Fabián les informaron sobre los diferentes procesos que se adelantan en la huerta, como alelopatía, transformados, compostaje y un lombricultivo.
“Esta huerta alberga un nacedero milenario de agua subterránea que surte a la Casa del Zipa. Es uno de nuestros tesoros más grandes y lo pueden ver a través de un pequeño aljibe que cuidamos meticulosamente”.
Al llegar al invernadero, un sitio donde se germina y propaga el material vegetal de la huerta, conocieron la casa semillera de La Candelaria: un mueble metálico donde reposan decenas de frascos de vidrio que contienen miles de semillas nativas y criollas.
“Este banco comunitario de semillas fue montado por nuestro operario Pedro Pablo Palma y alberga 58 variedades y especies de semillas agroecológicas como amaranto, cebada, chía, frijol, haba, lupino, maíz, quinua, trigo, tabaco y papa”, dijo el ingeniero Felipe Pinto.
Además de ser el centro semillero de la localidad, Flor Ligia y Fabián aseguraron que este banco comunitario también fortalecerá un proyecto ecoturístico del JBB en el centro de la ciudad en el que participan cinco huertas.
“Hacemos parte de la ruta agroecológica ‘De Regreso a la Tierra’. De ahora en adelante, los turistas nacionales e internacionales que nos visiten a través de esta iniciativa van a conocer y enamorarse de este banco que vamos a custodiar a diario”.
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