Historias del verde urbano: ¡El vecino deportivo del río Bogotá y el humedal Meandro del Say recupera su arbolado!

Historias del verde urbano: ¡El vecino deportivo del río Bogotá y el humedal Meandro del Say recupera su arbolado!

El Jardín Botánico José Celestino Mutis replantó 100 árboles y arbustos en Zona Franca, un parque estructurante que colinda con estos dos titanes hídricos y biodiversos.

15 especies, como laurel de cera, mano de oso, mangle de tierra fría, aliso y chicalá rosado, renaturalizaron varias zonas de este lugar de la localidad de Fontibón.

Febor, la cooperativa de empleados y pensionados del Banco de la República, fue la gran protagonista de esta actividad ambiental.

Bogotá, 24 de noviembre de 2025. A las nueve de la mañana, una mancha blanca apareció en la entrada de Zona Franca, un parque estructurante con una extensión de 243.000 metros cuadrados y que tiene como vecinos al río Bogotá y el humedal Meandro del Say.

No se trataba de un efecto de la neblina o el capricho del clima. Tampoco era una bandada de garzas o las aves con plumas blancas que sobrevuelan por estos titanes hídricos y biodiversos de la localidad de Fontibón.

Varios afiliados de Febor, la cooperativa de empleados y pensionados del Banco de la República, acompañados por sus hijos, nietos y familiares, llegaron al parque para participar en una nueva jornada de plantación.

Historias del verde urbano: ¡El vecino deportivo del río Bogotá y el humedal Meandro del Say recupera su arbolado!
Historias del verde urbano: ¡El vecino deportivo del río Bogotá y el humedal Meandro del Say recupera su arbolado!

Los cerca de 50 ciudadanos vestían camisetas y gorras de color blanco con la leyenda “Siembra tu árbol con Febor” y un logo conformado por las hojas de una pequeña plántula. Algunos llevaron pequeñas palas y baldes de plástico.

Mientras se alistaban para la actividad, los futuros plantadores se sorprendieron con el gran porte de los árboles y arbustos que iban a apadrinar, material vegetal que era transportado en el platón de una camioneta.

“Esos arbolitos son bastante grandes y hermosos”, le dijo Rebeca Andrade, pensionada del Banco de la República, a su esposo Ausberto Pardo. “Mire el que tiene las hojas en forma de una garra; quiero plantar ese”.

Lizeth Gómez, ingeniera forestal del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) encargada de liderar la plantación, se bajó de la camioneta con varios de los operarios de su cuadrilla para saludar a los invitados.

“Bienvenidos a esta jornada de renaturalización del parque Zona Franca. Hoy nos van a ayudar a replantar 100 árboles y arbustos de 15 especies, pero mientras terminamos de organizar todo el material vegetal, primero recibirán una charla ambiental”.

Laura Vera, Adriana Tusso y Diana Daza, profesionales del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa del JBB, los llevaron a una zona donde habitan decenas de eucaliptos longevos para iniciar la tertulia botánica.

“Aunque estoy que me planto, es mejor que antes nos informen detalladamente todas las actividades que debemos realizar para que los árboles queden bien y así puedan desarrollarse adecuadamente”, mencionó Ausberto, pensionado de Colsubsidio.

Conocimientos ambientales

Adriana Tusso, licenciada en biología que apoya desde lo social las plantaciones en las localidades de Kennedy y Antonio Nariño, tomó la vocería para iniciar con un taller relacionado con el cuidado del arbolado.

“¿Saben qué es un bosque urbano?”, les preguntó a los afiliados de Febor y sus familiares. Como ninguno tenía la respuesta, la profesional informó que es una estrategia de manejo silvicultural que involucra a las comunidades.

“El parque Zona Franca fue catalogado como un bosque urbano en el actual Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Por eso, varias entidades del Distrito vamos a trabajar para fortalecer sus coberturas vegetales a través de una cocreación con la ciudadanía”.

Historias del verde urbano: ¡El vecino deportivo del río Bogotá y el humedal Meandro del Say recupera su arbolado!
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La charla continuó con un poco de historia del lugar. “El sitio donde estamos, al igual que la mayoría de Bogotá, era una extensa laguna. Con la construcción de la ciudad, estos espacios hídricos fueron rellenados con escombros para hacer las viviendas y las vías”.

Según Adriana, en la localidad de Fontibón sobrevivieron esponjas hídricas como los humedales Meandro del Say y Capellanía, sitios vitales para la avifauna que almacenan el agua de la lluvia y la liberan gradualmente.

“Como toda la ciudad fue construida sobre escombros, el paso más difícil de las plantaciones es abrir los huecos de un metro cúbico de profundidad. Nuestros operarios se encargaron de hacer el ahoyado para que hoy podamos plantar los nuevos árboles”.

Los miembros de la cooperativa de empleados y pensionados del Banco de la República y sus familiares también aprendieron varios de los servicios ambientales que presta el arbolado, como mitigar los efectos del cambio climático.

“Los árboles y arbustos purifican el aire al absorber contaminantes como el dióxido de carbono. También regulan la temperatura, captan y filtran el agua, le brindan refugio y alimento a la fauna y generan bienestar al ser humano; donde hay verde, aparece la tranquilidad”.

Los participantes tuvieron la oportunidad de hacer varias preguntas. Los esposos Rebeca y Ausberto fueron los más activos. “¿Podemos plantar solos? ¿Le podemos aplicar cáscaras de frutas a los árboles? ¿Es cierto que la cáscara de huevo los ayuda?”.

Adriana puso fin a las inquietudes. “Las plantaciones se deben realizar con el JBB. Los ingenieros seleccionan las zonas aptas para plantar y las especies adecuadas; los árboles plantados sin nuestra asesoría pueden presentar serios riesgos en el futuro”.

Respecto a las cáscaras de frutas, la licenciada les recomendó no aplicarlas en los platos de los árboles. “Tienen mucho ácido y los puede afectar. Tampoco se les debe aplicar cáscaras de huevo; para hacer abono se necesita de un proceso biológico”.

El taller ambiental terminó con un corto recorrido en una zona conformada por varios árboles y arbustos jóvenes que fueron plantados durante los meses más críticos de la pandemia del coronavirus.

“Muchos de estos individuos fueron plantados como homenaje a las personas que fallecieron por covid-19. En esta zona podemos encontrar especies como chicalá amarillo, roble, palma de cera, magnolio, roble y guayacán de Manizales”.

El rostro de Rebeca se iluminó cuando encontró uno de sus árboles favoritos: el magnolio. “Da unas flores blancas hermosas que huelen a dulce. La experta me informó que no es una especie nativa del país, pero es una divinura”.

¡A recuperar el verde!

Las tres profesionales sociales del JBB llevaron a los ciudadanos a una amplia zona verde rodeada por varios juegos para los niños y canchas deportivas, un sitio que contaba con cerca de 30 árboles y arbustos listos para plantar.

Allí los esperaba Lizeth con 10 operarios. El grupo de la cooperativa Febor se ubicó alrededor de un chicalá rosado que superaba los dos metros de altura para escuchar todos los pormenores técnicos de la jornada de plantación.

“Como les informé hace poco, hoy vamos a plantar 100 árboles y arbustos. Sin embargo, son replantes, es decir reemplazos de individuos que lamentablemente no lograron desarrollarse por los comportamientos inadecuados de los ciudadanos”.

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Según la ingeniera forestal encargada del arbolado joven de las localidades de Teusaquillo y Fontibón, el parque estructurante o metropolitano Zona Franca es un proyecto crítico debido a varios factores relacionados con la mano del hombre.

“Muchos árboles jóvenes de la zona reciben a diario los balonazos de los deportistas o las necesidades de las mascotas. Por esta razón, la mayoría del material vegetal que traje cuenta con un porte mediano; de esta manera podrán resistir más los impactos antrópicos”.

Lizeth, que contó con el apoyo de la ingeniera Katherín Cubillos, procedió a informarles el paso a paso de la actividad. El primero era aplicar un hidroretenedor en el hueco, una sustancia que retiene la humedad.

“Luego nos van a ayudar a retirar con cuidado la bolsa que contiene el pan de tierra, es decir las raíces; introducir el árbol o arbusto en el hueco; y escribir sus nombres o palabras de cuidado en el tutor de madera que les dará estabilidad”.

Los asistentes se dividieron en grupos de a cinco personas para plantar el centenar de árboles y arbustos de 15 especies. Rebeca y Ausberto, acompañados por varios familiares y amigos, escogieron un laurel de cera.

“Nos dijeron que huele delicioso y crece bastante. Aplicamos todos los conocimientos adquiridos durante el taller ambiental y el laurel quedó hermoso y derecho. Escribimos todos nuestros nombres en el tutor”.

También plantaron un mano de oso, una especie nativa del bosque altoandino que le llamó la atención a Rebeca desde que llegó al parque. “Sus hojas tienen la forma de la garra de un oso, por eso su nombre. Hoy se convirtió en parte de nuestra familia”.

Durante cerca de dos horas, la cooperativa de empleados y pensionados del Banco de la República ayudó a renaturalizar varias zonas del parque estructurante Zona Franca con el centenar de árboles y arbustos.

La zona se diversificó con especies como aliso, mano de oso, mangle de tierra fría, caucho Tequendama, rama negra, sietecueros, polígala, mermelada, abutilón, fucsia arbustiva y boliviana, leandra, chicalá amarillo y rosado y laurel de cera.

“Mi objetivo es que el parque cuente con una amplia variedad de especies. Esta es la primera jornada de replante en Zona Franca, un sitio donde muchos árboles jóvenes no han sobrevivido debido a las conductas inapropiadas de la ciudadanía”, precisó Lizeth.

Al final de la actividad, la profesional Laura Vera le agradeció a Febor por participar en la jornada, una cooperativa que hace poco le donó al JBB 500 pares de guantes y cinco trajes especiales para hacer los rescates de las abejas en el arbolado adulto.

“Ustedes son grandes aliados nuestros. Además de participar en varias jornadas de plantación en localidades como Fontibón, Usaquén y Bosa, nos han donado muchos insumos; Febor hace parte de la renaturalización de Bogotá”.

Rebeca y Ausberto, que ayudaron a plantar cinco árboles y arbustos con sus familiares y amigos, salieron del parque Zona Franca con una sonrisa de satisfacción y orgullo y el corazón bombeando sangre verde.

“Esta plantación fue muy especial. Los arbolitos que plantamos se van a conectar con el verde de la ronda del río Bogotá y el humedal Meandro del Say, nuevos tesoros que les darán refugio y alimento a muchas aves”.