Historias del verde urbano: ¡El símbolo patrio arbóreo de Colombia llegó a Camino Verde!
El Jardín Botánico de Bogotá plantó 62 árboles y arbustos en este sector de conjuntos residenciales del barrio Bilbao, en la localidad de Suba.
14 de estos tesoros verdes fueron palmas de cera, una especie nativa declarada como símbolo patrio y árbol nacional de Colombia.
Esta jornada de plantación contó con la participación del batallón de Policía Militar número 15 del Ejército Nacional.
Bogotá, 21 de agosto de 2025. En 1985, una palma que supera los 60 metros de altura y vive hasta 200 años, un habitante de los bosques andinos y altoandinos donde se refugia el loro orejiamarillo, se convirtió en un ícono de Colombia.
La Ley 61 de dicho año declaró como símbolo patrio y árbol nacional a la palma de cera (Ceroxylon quindiuense), un hito qué, según el Instituto Humboldt, tuvo sus raíces en una propuesta del reconocido especialista en palmas Armando Dugand.
“En julio de 1949, la propuso en el comité organizador del Tercer Congreso Suramericano de Botánica y la destacó como un patrimonio estético de la nación y uno de los componentes florísticos más típicos de la vegetación colombiana”, informa el Humboldt en un artículo.


“Mitos y realidades del árbol nacional”, el escrito del instituto, afirma que Dugand la destacó por ser un elemento característico del paisaje de los bosques andinos y por un crecimiento que va más allá de los límites altitudinales comunes en la familia de las palmas (Arecaceae).
“No es una especie endémica de Colombia, ya que se encuentra en otros países como Perú. Sin embargo, sí es nativa porque se distribuye naturalmente en nuestro territorio”, asegura el investigador Germán Eduardo Torres en la nota.
Aunque las poblaciones más abundantes de palma de cera en Colombia se encuentran en áreas del departamento del Tolima, como Tochecito, este símbolo patrio arbóreo también habita en zonas urbanas como Bogotá.
Por ejemplo, el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), entidad que el 5 agosto de este año cumplió 70 años, alberga la colección viva de palmas de cera más importante del país, algunas de las cuales fueron plantadas por Enrique Pérez Arbeláez, el fundador de este bosque urbano.
Además, varios de los 215 árboles patrimoniales o de interés público que hay en la ciudad, tesoros verdes que han sido testigos de la historia de la capital, son palmas de cera que superan el medio siglo de vida, como las que engalanan el Parque de la Independencia.
Esta palma, descrita científicamente en 1801 por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en el Camino del Quindío, tramo que comunica a Ibagué con Cartago, está categorizada como amenazada a nivel nacional (En Peligro-EN).
Esto se debe principalmente a la celebración del domingo de ramos de la Semana Santa, elementos que, desde hace cientos de años, son elaborados con los cogollos y hojas de las palmas de cera jóvenes.
“Aunque un solo evento de extracción no necesariamente produce la muerte de la palma, si puede pasar si se practica de manera continua. En el caso de las palmas adultas, a veces la cortan toda para derribarla y así extraer sus cogollos”, menciona el Humboldt en su artículo.
Nuevas palmas de cera en Suba
Una de las especies que más propaga en Jardín Botánico de Bogotá en el vivero La Florida es este símbolo patrio con seis metros de diámetro en su copa que ayuda a regular el clima y le brinda alimento y refugio a la fauna.
Según Germán Darío Álvarez, subdirector técnico operativo de la entidad, esto se debe a su adecuado desarrollo en varias de las zonas urbanas de la ciudad, como alamedas, separadores blandos, orejas, glorietas y parques.
“La palma de cera es uno de los individuos que más plantamos en el espacio público. Aunque su crecimiento es lento hasta formar el primer anillo y rápido hasta la primera floración, es una especie resistente a las dinámicas de la ciudad”.


Esta especie fue escogida por Natalia Clavijo, ingeniera forestal que tiene a su cargo el arbolado joven de la localidad de Suba, para renaturalizar dos zonas de Camino Verde, un sector de conjuntos residenciales de interés social del barrio Bilbao.
“Estos terrenos, ubicados en la carrera 116 con calle 152, son zonas de cesión que le fueron entregadas al Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP), entidad que nos solicitó realizar una plantación”.
Luego de evaluar las características físicas de ambas áreas lineales cubiertas de césped, como la presencia de tuberías del acueducto, redes eléctricas y cercanía a las torres de edificios, Natalia concluyó que tenía potencial para plantar 62 árboles y arbustos.
“Escogimos seis especies: palma de cera, ocobo, rama negra, leandra, fucsia arbustiva y sietecueros nazareno. Del total de individuos, 14 serían las palmas icónicas, las primeras en ser plantadas en Camino Verde”.
En el vivero La Florida, la ingeniera escogió palmas de cera con edades que superan los cinco años y las cuales fueron propagadas en air-pots, contenedores aireados que permiten el desarrollo de las raíces de manera horizontal y oxigenada y con autopoda.
“Esta tecnología posibilita un crecimiento rápido y saludable del árbol y asegura su permanencia en vivero por períodos de tiempo amplios. Además de las palmas de cera, también escogimos varios ocobos en air-pots”.
Soldados ambientales
El pasado miércoles 20 de agosto, a las nueve de la mañana, Natalia y su cuadrilla de operarios llegaron a Camino Verde para renaturalizar los dos sectores desprovistos de coberturas vegetales con los 62 nuevos árboles y arbustos.
No lo harían solos. Ocho soldados del batallón de Policía Militar número 15 del Ejército Nacional de Colombia les ayudarían a plantar los nuevos tesoros verdes que fueron guardados en uno de los conjuntos residenciales del sector.
El primer paso fue movilizar los árboles y arbustos hasta su nuevo hogar, una actividad que se extendió durante más de una hora debido al peso de las palmas de cera y ocobos y un fuerte sol que se tornaba cada vez más intenso y sofocante.


“Una semana antes de la plantación, nuestros operarios se encargaron de retirar los escombros para abrir los 62 huecos de un metro cúbico y luego rellenarlos con tierra abonada. Hoy ustedes nos van a ayudar a plantar el material vegetal”, les dijo Natalia a los soldados.
La ingeniera les explicó las demás actividades que realiza el JBB antes de plantar en las zonas urbanas, como el trazado, selección de especies, diseño paisajístico y socialización con la comunidad.
“No es solo escoger un lugar y abrir un pequeño hueco. Debemos garantizar que no se vayan afectar las tuberías del acueducto, redes eléctricas y viviendas, traer un sustrato adecuado y no generar conflictos con la comunidad”.
Luego de aprender otros pasos como medir el árbol en el hueco, retirar con cuidado la bolsa plástica que contiene el pan de tierra, aplicar un hidroretenedor en el hoyo e instalar un tutor de madera (menos a las palmas de cera), los soldados se distribuyeron en grupos para plantar.
Con la ayuda de los operarios del JBB, la Policía Militar número 15 del Ejército Nacional renaturalizó este sector residencial de la localidad de Suba con los nuevos 62 tesoros arbóreos que prestarán diferentes servicios ecosistémicos.
En los tutores de madera escribieron mensajes de protección o sus nombres como símbolo de apadrinamiento. “Estos soldados han participado en varias de nuestras plantaciones, por lo cual son guardianes del arbolado de la ciudad”, mencionó Daniel Escobar, profesional social del JBB.
Algunos habitantes del sector también participaron en la jornada de plantación. Doña Cecilia, una señora de 75 años, escogió una de las 14 palmas de cera y ayudó a echarle varias paladas de tierra abonada.
“No sabía que era el árbol nacional o símbolo patrio. Quedé muy contenta porque el sector no tenía estas hermosas palmas, nuevas hijas que voy a ayudar a regar y cuidar para que crezcan altas y fuertes”.






