Historias del verde urbano: El rescate del Ahorcado

Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado

El Palo del Ahorcado, un eucalipto que fue plantado en la década de 1930 en el barrio Potosí, en la localidad de Ciudad Bolívar, fue vandalizado.

Habitantes de la zona reportaron que el también llamado Árbol de la Vida fue quemado en la parte inferior de su antiguo tronco.

Profesionales del Jardín Botánico José Celestino Mutis atendieron al árbol patrimonial e iniciaron varios procedimientos para curarlo.

Bogotá, febrero de 2026. Un centenar de árboles de Bogotá, tesoros de la biodiversidad urbana que han sobrevivido al paso del tiempo, guardan en su memoria natural varios de los hechos históricos más importantes de la ciudad.

Se trata de 215 individuos arbóreos, la mayoría con edades que superan los 60 años y que están catalogados como patrimoniales o de interés cultural. En su longeva vida, han sido testigos de la historia bogotana.

Ciudad Bolívar, localidad del sur de la capital, alberga uno de ellos: el Palo del Ahorcado o Árbol de la Vida, un eucalipto (Eucaliptus globulus) que al parecer fue plantado durante la década de 1930 en el parque borde de Cerro Seco, en el barrio Potosí.

Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado
Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado

Mide 19 metros de alto, tiene un tronco con un diámetro de 70 centímetros, y es un símbolo local que recoge la memoria y la experiencia de vida de los habitantes de la zona.

El orígen de su peculiar nombre está rodeado por varios mitos y leyendas. El más popular está relacionado con la historia de Pablo y Ernestina, habitantes del barrio que se enamoraron a pesar de tener sus propias familias.

Cuenta la leyenda que ambos se fueron a vivir a una casona ubicada cerca del eucalipto, tuvieron cinco hijos y fueron excomulgados. Al poco tiempo, Pablo fue encontrado muerto y días después Ernestina se colgó de una de las ramas del árbol.

El emblemático individuo arbóreo se convirtió en el sitio más visitado de Ciudad Bolívar durante la Semana Santa. El Viacrucis inicia desde la parroquia de Candelaria la Nueva y luego los feligreses se dirigen al Palo del Ahorcado a orar y hacer sus peticiones.

El antiguo eucalipto, según investigaciones del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, es decorado con cruces con nombres, fotos y mensajes que le ponen las personas como símbolos de fe y sacrificio. Durante la procesión, las familias recuerdan a los seres que ya no están.

El también llamado Árbol de la Vida “es un elemento natural y cultural que ha sido dotado de gran valor simbólico que enraiza el tejido comunitario y las luchas sociales y ambientales de los habitantes del sur de la capital”.

Arde un ícono

En la madrugada del 11 de febrero, el Ahorcado recibió la visita de personas inescrupulosas que solo querían atentar contra su longeva vida. En la parte inferior de su tronco, hicieron fogatas que se prolongaron toda la madrugada.

En la mañana, habitantes del barrio Potosí evidenciaron humo en la montaña donde yace el árbol y corrieron a ver qué estaba pasando. Con sus celulares grabaron videos de las afectaciones causadas en el tallo del eucalipto.

Las imágenes eran dantescas. El tallo tenía una gran humareda y en varias zonas había fuego. “Llamamos a la Policía para que se comunicaran con los Bomberos y atendieran la emergencia. El palo está prendido y creo que se va a morir”, dijo uno de los ciudadanos en uno de los videos.

Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado
Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado

Los reportes ciudadanos llegaron al Jardín Botánico de Bogotá (JBB) al finalizar la tarde, entidad que empezó a organizar una visita para el jueves 12 de febrero en la mañana y así evaluar el estado del árbol patrimonial.

Expertos de los equipos de coberturas icónicas, investigación, sanidad vegetal y social llegaron al hogar del Palo del Ahorcado a las ocho de la mañana. Aunque el fuego ya no estaba presente, el humo seguía vivo en algunas partes.

También asistió personal de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), entidades que, debido a la exaltación como patrimonial del árbol, también tienen injerencia.

“La ciudadanía estaba muy preocupada por su estado y la mayoría decía que ya estaba muerto. Sin embargo, les dijimos que no se adelantaran a dar un parte antes de revisar su estado con nuestros equipos”, mencionó Yenny Rosas, coordinadora del equipo social del JBB.

¡Sigue vivo!

Gustavo Ardila y Angie Moncada, profesionales del grupo de investigación aplicada de la Subdirección Técnica Operativa del Jardín Botánico, llevaron un resistógrafo para evaluar al icónico Ahorcado.

Aunque el árbol si se afectó por el fuego, las evaluaciones mostraron que seguía con vida. “Con el resistógrafo le hicimos varias mediciones a nivel perimetral donde encontramos que tiene un tejido aceptable”, dijo el ingeniero agrónomo.

Según el investigador, el diagnóstico indica que el árbol tiene xilema, es decir madera, y puede seguir traslocando nutrientes. “La corteza, afortunadamente, no se afectó. El floema, tejido conductor vivo que transporta la savia, está bien y puede trastocar de hojas a raíz”.

Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado
Historias del verde urbano: El recaste del Ahorcado

Tiene un follaje adecuado sin plagas ni enfermedades. “Solo cuenta con algunas ramas que deben ser cortadas. Estos fueron los resultados del diagnóstico en la parte estructural y fisiológica del árbol”.

Omar Cantor, ingeniero del equipo de sanidad encargado del Manejo Integral de Plagas y Enfermedades (MIPE) del arbolado adulto en las localidades del sur de la ciudad, también revisó minuciosamente el árbol.

“Este eucalipto longevo requiere de varios tratamientos fitosanitarios para sanar sus afectaciones, como fertilización foliar, endoterapia y fertilización edáfica, procedimientos que realizaremos en los próximos días”.

El día de la intervención, Omar le realizó un lavado con fungicida a la parte interna del árbol afectada por el fuego y también aplicó un cicatrizante. “Además, llenamos la parte interna del tronco que quedó hueca”.

María Claudia García, directora del Jardín Botánico, aseguró que, con esta intervención, la entidad dio los primeros pasos para que el Árbol de la Vida se recupere de las heridas causadas por los actos de vandalismo.

“Este árbol es un símbolo vivo de nuestra biodiversidad, de nuestra memoria y de nuestra identidad cultural. Hoy más que nunca hacemos un llamado a la ciudadanía para proteger, respetar y cuidar nuestro patrimonio natural”.

En los próximos días, profesionales del JBB le realizarán tratamientos fitosanitarios al Ahorcado para fortalecerlo. “Permanecerá en monitoreo permanente. Las decisiones técnicas se adoptarán con base en criterios científicos y seguimiento continuo”, concluyó la directora.