Tejiendo territorios: Conexiones que dan vida a la biodiversidad desde el territorio
La IED El Salitre y el Jardín Botánico de Bogotá impulsan la creación de un mariposario y espacios biofílicos para fortalecer la biodiversidad escolar
Summary
La IED El Salitre y el Jardín Botánico de Bogotá impulsan la creación de un mariposario y espacios biofílicos para fortalecer la biodiversidad escolar
A veces, transformar un territorio comienza simplemente con aprender a mirarlo de otra manera. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en la Institución Educativa Distrital (IED) El Salitre, donde el proceso «Estrategia ciudadana para el fortalecimiento de la biodiversidad y la conectividad ecológica a través de un mariposario y espacios biofílicos en la IED El Salitre» nos ha invitado a descubrir nuevas posibilidades para la biodiversidad desde los escenarios de la vida cotidiana de la comunidad educativa. Lo que inicialmente parecía ser solo un espacio del colegio ha comenzado a reconocerse como una oportunidad para conectar personas, naturaleza y territorio.

La cartografía social ha sido uno de los primeros pasos para ampliar esta mirada. Los estudiantes dibujaron sus propios mapas del territorio, en los que reconocieron los referentes naturales de su entorno y, además, identificaron que su colegio forma parte de una red ecológica más amplia. Así, los ecosistemas cercanos han dejado de verse como lugares aislados y han comenzado a comprenderse como parte de un territorio conectado dentro de la Estructura Ecológica Principal, en el que los entornos escolares contribuyen de manera directa al reconocimiento y al fortalecimiento de la biodiversidad local.
De rincones escolares a espacios con potencial de vida
Desde esta nueva perspectiva, diversos espacios con potencial de transformación han comenzado a adquirir un nuevo significado. Aquellos lugares que antes podían pasar desapercibidos se han convertido en oportunidades para imaginar escenarios en los que la flora y la fauna encuentren mejores condiciones para enfrentar los retos del cambio climático. Así han surgido las propuestas para desarrollar un mariposario y ambientes biofílicos, concebidos como lugares de encuentro, observación y reconexión con la naturaleza.

En este camino, hemos comprendido que crear un mariposario implica mucho más que simplemente disponer de un espacio para observar especies. Los jardines biodiversos, al reunir coberturas vegetales que ofrecen alimento y refugio (plantas nectaríferas y hospederas), crean las condiciones necesarias para acompañar las diferentes etapas del ciclo de vida de las mariposas (lepidópteros) y favorecer la presencia de diversos visitantes y polinizadores. Esta comprensión ha permitido reconocer el jardín como un aula viva, donde cada especie contribuye a generar nuevas interacciones ecológicas.
Diseño biofílico y participación comunitaria
Los espacios biofílicos también han comenzado a adquirir un significado especial. Se han proyectado como áreas capaces de acercar a la comunidad educativa a las dinámicas naturales, propiciando experiencias de observación e interpretación ambiental. En ellos, la biodiversidad urbana se convierte en una vivencia cotidiana: algo que se observa, se descubre y se comprende mientras se transita y se habita el colegio.
Las propuestas han ido creciendo gracias a la participación comunitaria. Cada conversación, idea y aporte de la comunidad escolar ha enriquecido la visión colectiva. Algunas acciones ya comienzan a hacerse visibles, mientras que otras continúan en proceso de diseño, adecuación y consolidación. De esta manera, la transformación no ocurre de forma repentina, sino que se construye paso a paso en el marco de la estrategia Tejiendo el Territorio del Jardín Botánico de Bogotá.
Hoy, el proceso continúa avanzando y, con él, se transforma la manera de habitar el entorno escolar. Aunque el mariposario y los espacios biofílicos se encuentran en construcción, ya permiten imaginar un colegio donde la naturaleza ocupe un lugar cercano y visible, invitando a la comunidad a ser protagonista activa de su cuidado.
Porque las conexiones no siempre son visibles a primera vista: algunas se construyen entre un espacio y otro, otras surgen entre una persona y su entorno, y otras aparecen cuando una idea compartida transforma un lugar. En la IED El Salitre, esas conexiones se siguen tejiendo, dando forma a nuevos refugios para la vida y fortaleciendo la convivencia armónica con la biodiversidad.
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