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La mutisia se toma Bogotá: el Jardín Botánico de Bogotá lleva su flor emblemática a los bosques urbanos y a las huertas

Por primera vez, la Mutisia clematis (nombre común: clavellino), especie insignia del Jardín Botánico de Bogotá, salió de sus instalaciones para llegar a espacios públicos de la ciudad.

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Mutisia

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Por primera vez, la Mutisia clematis (nombre común: clavellino), especie insignia del Jardín Botánico de Bogotá, salió de sus instalaciones para llegar a espacios públicos de la ciudad.

Bogotá, agosto de 2026. En el marco de la celebración de los 71 años del Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis y del cumpleaños número 488 de Bogotá, una de las plantas representativas de la entidad inició un nuevo recorrido por la ciudad.

  • Por primera vez, la Mutisia clematis (nombre común: clavellino), especie insignia del Jardín Botánico de Bogotá, salió de sus instalaciones para llegar a espacios públicos de la ciudad.
  • La iniciativa llevó ejemplares de esta enredadera endémica a bosques urbanos, huertas comunitarias y aulas vivas.
  • Diecisiete ejemplares de la planta formaron parte del primer piloto de adaptación en el espacio público, donde recibirán acompañamiento de las comunidades y de guardianes del verde urbano.
  • La estrategia hace la realidad el sueño del botánico y fundador del Jardín Botánico de Bogotá, Enrique Pérez Arbeláez, de plantar esta especie en diversos lugares de Bogotá.
  • Cada planta cuenta con acompañamiento técnico y comunitario para monitorear su crecimiento, adaptación, floración, así como para observar la presencia de polinizadores.

 

La Mutisia clematis, la flor insignia del Jardín Botánico y especie endémica de los bosques andinos de Colombia, salió por primera vez de las instalaciones de la entidad para llegar a bosques urbanos, huertas comunitarias y aulas vivas, donde ahora cuenta con nuevos guardianes encargados de acompañar su crecimiento y adaptación.

“La mutisia se toma Bogotá”; busca recuperar la presencia de esta especie en espacios públicos de la ciudad y fortalecer el vínculo de la ciudadanía con un patrimonio natural que también hace parte de la historia científica y botánica de la ciudad capital.

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Del Jardín Botánico a los bosques urbanos

El primer piloto estableció diecisiete ejemplares que fueron distribuidos y plantados en los espacios urbanos del Parkway, Canal Boyacá y El Tunal. Ante la acogida de esta iniciativa por parte de la comunidad, el proyecto se extendió a otros lugares como San Carlos, Ciudad Montes, La Esmeralda, Bosques de Granada, Santa Helena, Tierra Viva, Arborizadora Alta y Timiza.

Por ejemplo, en el Parkway dos ejemplares fueron plantados con la participación de mujeres de la red de cuidadores, quienes se convirtieron en madrinas y asumieron el cuidado.

En Bosques de Granada, la comunidad instaló estructuras en guadua para que las Mutisia se puedan trepar; mientras que en Tierra Viva los habitantes aportaron materiales para la construcción de estructuras y cerramientos para protegerlas.

De esta manera, los bosques urbanos se convierten en nuevos escenarios para la conservación de esta especie y, al mismo tiempo, en un espacio de aprendizaje sobre la biodiversidad de Bogotá.

 

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La mutisia también llegó a las huertas y aulas vivas de la ciudad

 

La expansión de la mutisia no solo se limitó los bosques urbanos; las huertas comunitarias y aulas vivas también se convirtieron en espacios para recibir a esta especie, fortaleciendo así los procesos de educación ambiental y apropiación del territorio.

Un ejemplo de esto ocurrió en Timiza, donde una mutisia llegó a la BibloHuerta, proyecto agroecológico ubicado en el Centro de Desarrollo Comunitario Lago Timiza. La planta fue sembrada bajo un papayuelo, actividad que contó con la participación de huerteros, una mediadora de la biblioteca y jóvenes del Centro Integrarte.

También en el bosque Tierra Viva, la mutisia llegó a la huerta comunitaria El Elefante, ubicada en el parque San José de Maryland, donde líderes del territorio participaron en la plantación y aportaron materiales de construcción para que la enredadera pueda crecer y trepar.

En Ciudad Bolívar, la iniciativa llegó al aula viva Semillas de Esperanza, una huerta comunitaria del barrio Potosí, donde participan niños, jóvenes y adultos mayores. Allí, además de realizar la plantación, se dictó un taller sobre las características y la historia de esta especie.

De esta manera, estos espacios amplían el alcance de la estrategia y nos llevan a decir que la mutisia no solo llega a lugares donde se conserva la biodiversidad urbana, sino también a escenarios comunitarios donde la ciudadanía aprende, cultiva, experimenta y construye nuevas formas de relacionarse con la naturaleza.

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Una especie que cuenta la historia de Bogotá

La Mutisia clematis tiene una estrecha relación con José Celestino Mutis, quien la documentó durante la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Su nombre guarda parte de esa historia: el género Mutisia fue establecido en homenaje al sabio Mutis, mientras que clematis hace referencia a su comportamiento como planta trepadora.

Décadas después, el fundador del Jardín Botánico de Bogotá, Enrique Pérez Arbeláez, retomó este legado y convirtió a la flor de la mutisia en la insignia de la institución. Ahora, ese legado comienza a extenderse por la ciudad.

 

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Ciencia, comunidad y cuidado

La llegada de la mutisia a estos espacios representa un experimento vivo de conservación y conocimiento. El Jardín Botánico de Bogotá hará el seguimiento a las plantas para conocer cómo se adaptan a sus nuevos entornos, mientras que las comunidades apoyarán el cuidado diario.

Para facilitar este proceso, la comunidad recibió capacitación sobre la especie y diseñó una cartilla pedagógica que incluye información sobre sus características, historia, medidas para la protección y una bitácora para registrar el riego, nuevos brotes, flores y presencia de polinizadores.

Como se trata de una enredadera, también requiere estructuras que le permitan crecer y trepar. Por eso, en varios de los espacios que la recibieron se instalaron mallas, guaduas, pérgolas, tutores y cerramientos para protegerla y favorecer su desarrollo.

 

Un legado que seguirá creciendo

Llevar la Mutisia clematis a los bosques urbanos, huertas y aulas vivas representa mucho más que plantar una especie; significa sacar parte de la historia del Jardín Botánico y ponerla al alcance de la ciudadanía. Cada planta que llega a un territorio lleva consigo una historia científica y cultural, pero también comienza una nueva narración construida por las personas que la reciben, la cuidan y la ven crecer.

Para la directora general del jardín Botánico de Bogotá, María Claudia García Dávila, este proceso permite cumplir el sueño de Enrique Pérez Arbeláez de llevar la mutisia a toda Bogotá:

“Él escribió pedazos diciendo que la idea de esto era que esa planta debía estar en toda Bogotá”.

Es así como, en el aniversario del Jardín Botánico y de Bogotá, la Mutisia clematis empieza a escribir nuevas historias del verde urbano en los bosques, en las huertas y en las aulas vivas, siempre con un mismo propósito: hacer que la biodiversidad y la memoria botánica de Bogotá también crezcan junto a las comunidades.

 

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