50 árboles contra el olvido: La magnolia colombiana lucha por sobrevivir
Bogotá, agosto de 2026. En los bosques nublados de la cordillera Oriental habita un árbol que no existe en ningún otro lugar del planeta. Se llama hojarasca (Magnolia caricifragans) y quedan tan pocos que los investigadores los cuentan de uno en uno. Actualmente, sobreviven apenas 50 individuos aislados, dispersos en un paisaje fuertemente transformado por la actividad humana. Esta cantidad refleja la gravedad de su situación. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la clasifica como En Peligro.
La hojarasca pertenece al género Magnolia, reconocido en el mundo por sus grandes flores y por su papel ecológico como refugio y fuente de alimento para numerosas especies de fauna.
Colombia posee una diversidad excepcional de estas especies; sin embargo, enfrentan un riesgo de extinción debido a la pérdida acelerada de los bosques andinos por la expansión agrícola, la tala y la transformación del paisaje.
Este árbol crece en bosques húmedos y de niebla, ecosistemas fundamentales para la regulación del agua, el almacenamiento de carbono y la conservación de una biodiversidad. Perder una de sus especies significa también perder una pieza irremplazable del patrimonio natural de Colombia.
Ante esta perspectiva, la Asociación Colombiana de Botánica, con la financiación de la Fundación Franklinia, lidera desde el 2025 un proyecto de conservación enfocado en siete especies de magnolias endémicas de la cordillera Oriental, entre ellas la hojarasca.
El proyecto tiene más de tres décadas de investigación. Desde la década de los noventa, el profesor Gustavo Morales impulsó expediciones científicas que permitieron recorrer los bosques andinos, documentar las poblaciones remanentes e identificar siete especies de magnolias amenazadas. Ese trabajo sentó las bases del conocimiento que hoy orienta las estrategias de conservación de estas.
Actualmente, la iniciativa combina investigación de campo, propagación de plántulas y restauración de hábitat con un fuerte componente de educación ambiental. Los investigadores y especialistas realizan charlas, talleres y procesos de formación con comunidades locales, propietarios de predios, estudiantes y actores del territorio, promoviendo la protección y enseñando cómo replicar estas magnolias mediante procesos de propagación y restauración ecológica. El objetivo es que las comunidades se conviertan en aliadas de la conservación y ayuden a garantizar la supervivencia de estos árboles.
Los avances recientes en reproducción asistida representan una esperanza para la especie. Se han logrado procesos de polinización manual y germinación de semillas que comienzan a aumentar el número de plántulas disponibles para restaurar los bosques. Cada semilla germinada representa una oportunidad real de supervivencia.
Conservar la hojarasca no significa salvar un árbol raro; significa proteger una parte irrepetible del patrimonio natural del país, que no podrá recuperarse en ningún otro lugar del mundo.
Referencias sobre este proyecto de conservación:






