Tejiendo territorios: Un cuento que florece: Kennedy escribe su historia ambiental con manos de comunidad

Tejiendo territorios: Un cuento que florece: Kennedy escribe su historia ambiental con manos de comunidad

En el barrio Roma de la localidad de Kennedy, la imaginación se convirtió en una herramienta para cuidar la vida. Los niños, niñas, docentes y familias del IED Class Sede B, participaron en el proceso “Herramientas participativas para reconocer la importancia de la biodiversidad y el cuidado de sus coberturas vegetales”, acompañado por el Jardín Botánico José Celestino Mutis, donde la palabra, la creatividad y la acción se unieron para fortalecer la relación entre la comunidad y la naturaleza.

El punto de partida fue comprender que la pérdida de las coberturas vegetales no es solo un problema ambiental, sino también una desconexión emocional con el entorno. Para responder a ello, el Jardín Botánico propuso un ejercicio de sensibilización ambiental y ciencia participativa en el que las comunidades pudieran reconocer la biodiversidad que las rodea a través de herramientas didácticas y transformadoras.

Tejiendo territorios: Un cuento que florece: Kennedy escribe su historia ambiental con manos de comunidad
Tejiendo territorios: Un cuento que florece: Kennedy escribe su historia ambiental con manos de comunidad

Así nació la idea del cuento gigante, una herramienta participativa construida desde las voces y las manos de los niños, pensada para que cualquier persona, sin importar su edad o formación, pudiera comprender la importancia de las coberturas vegetales y de los ecosistemas que sostienen la vida. Antes de crearlo, los estudiantes participaron en talleres donde aprendieron qué es un cuento, cómo se estructura una historia y cómo la narración puede convertirse en una forma de educación y participación ambiental.

A partir de allí, la imaginación floreció. En grupos, los niños diseñaron personajes inspirados en la fauna y flora de los humedales de Kennedy: La Vaca, El Burro, Techo y Tingua Azul. Además, los niños y niñas elaboraron escenarios con materiales reciclables y construyeron un relato colectivo donde las plantas, los polinizadores y el agua fueron los protagonistas. Cada página del cuento fue una pequeña obra de arte, nacida de la observación, el diálogo y la curiosidad.

Pero el proceso no se detuvo en el papel. La minga comunitaria se convirtió en la continuación natural de esta historia: la acción que demuestra que el aprendizaje cobra sentido cuando se pone en práctica. Durante la jornada, la comunidad educativa, padres, docentes, estudiantes y acudientes, se reunió para embellecer las zonas verdes del colegio, limpiar los canteros, acondicionar el suelo y plantar nuevas especies ornamentales y polinizadoras.

Entre risas, manos llenas de tierra y colores, la minga fue el cierre simbólico de un proceso que unió la palabra con la acción. Lo que comenzó como un cuento se transformó en realidad: los jardines del colegio florecieron, y con ellos floreció también el sentido de pertenencia hacia el territorio.

El cuento gigante quedó como memoria colectiva y herramienta viva, capaz de seguir enseñando a otras generaciones sobre la biodiversidad y el valor de las coberturas vegetales. La minga, como acto de participación, reafirmó que la educación ambiental y el cuidado de la naturaleza no solo se transmiten: se viven, se construyen y se comparten.

Desde Bogotá, el Jardín Botánico José Celestino Mutis reafirma su compromiso con los procesos de participación ambiental, demostrando que la ciencia también puede contarse con historias, sembrarse con manos pequeñas y florecer en comunidad.

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