Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá

Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá

El Jardín Botánico José Celestino Mutis y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural plantaron 183 árboles de 50 especies nativas en el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme.

Trabajadores de Comunidad Biocírculo, una empresa del sector industrial que apoya a los recicladores, participaron en esta actividad de restauración ecológica acompañados por sus familiares.

Desde 2022, esta área arqueológica protegida donde se encontraron restos, tumbas y cerámicas de los muiscas, ha reverdecido con más de 11.000 árboles nativos del bosque altoandino.

 

Bogotá, agosto de 2026. Usme Pueblo, un sector montañoso donde las tradiciones campesinas se mezclan con el desarrollo urbano, amaneció más frío de lo normal. El cielo estaba pintado de nubes grises y una llovizna tenue no tenía la más mínima intención de desaparecer.

El panorama paramoso del pasado sábado 22 de agosto obligó a Francisco Salas, ingeniero agrónomo de la línea de restauración ecológica del Jardín Botánico de Bogotá (JBB), a vestir una chaqueta popocha, un impermeable y unas botas pantaneras.

“Mi cuadrilla de operarios, con los que íbamos a realizar una jornada de restauración ecológica en el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme, hicieron lo mismo. Cuando acá llueve, el agua permanece durante todo el día”.

Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá
Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá

A las ocho de la mañana, los trabajadores del JBB empezaron a organizar 183 árboles de 50 especies nativas del bosque altoandino que se iban a plantar en tres núcleos ubicados en un sector de esta área arqueológica protegida, la única de Bogotá.

“Comunidad Biocírculo, una empresa del sector industrial que apoya a los recicladores de oficio nos iba a acompañar en esta actividad. A pesar de la lluvia y el frío, a las 10 de la mañana logramos dejar todo listo”.

A esa hora, cerca de 70 trabajadores de la empresa y varios de sus familiares llegaron al parque arqueológico en dos buses. Felipe Calderón, Adriana Tusso, Liseth Reyes, Alejandra Núñez y Viviana González, profesionales del equipo social del JBB, les dieron la bienvenida.

Los futuros plantadores abrieron los paraguas, se pusieron ropa abrigada y se organizaron al frente de uno de los domos del área protegida, un predio de 30 hectáreas ubicado en la vereda La Requilina y que en el pasado fue conocido como la hacienda El Carmen.

“En esta jornada de restauración ecológica se van a convertir en los guardianes de los nuevos árboles nativos que recibirá hoy el parque. Además de plantar, conocerán la historia de esta joya única de la ciudad”, les informó Felipe.

Patrimonio arqueológico

Humberto Medellín, profesional del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), tomó la vocería para contarles la historia de este parque arqueológico a los trabajadores de la empresa Comunidad Biocírculo y sus familiares.

“Todo empezó en 2006 cuando Metrovivienda inició la construcción del proyecto urbanístico Ciudadela Nuevo Usme. Mientras las máquinas removían el suelo y demolían la casa colonial de la hacienda, aparecieron varios esqueletos humanos”.

Según Medellín, varios habitantes y líderes sociales de la zona, como Jaime Beltrán, se percataron del descubrimiento y prendieron las alarmas. Al comienzo pensaron que se trataba de una fosa común.

Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá
Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá

“Sin embargo, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) analizó el hallazgo y concluyó que los restos óseos eran muy antiguos. El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) le exigió a Metrovivienda formular un plan de manejo arqueológico del predio”.

El ingeniero del IDPC reveló que, en las primeras excavaciones, se encontraron más de 100 cuerpos humanos de la época de los muiscas. “Se empezó a hablar de una necrópolis, pero las investigaciones desdibujaron esa teoría”.

Los expertos corroboraron que en este predio los muiscas construyeron sus viviendas. “Los indígenas enterraban a sus muertos alrededor de las casas. Es decir que la zona no era un cementerio, sino un poblado bastante antiguo de los muiscas”.

La investigación, de acuerdo con el relato de Medellín, también encontró más de 30.000 fragmentos cerámicos que datan del periodo Herrera (600 al 500 antes de Cristo) y de la época en que los muiscas habitaron la sabana de Bogotá.

“En 2015, el ICANH declaró la hacienda como un área arqueológica protegida de interés nacional. Es posible que los muiscas habitaron estos terrenos durante más de 40 generaciones y los georradares muestran que pueden haber más de 2.000 enterramientos o tumbas”.

Ante todos estos descubrimientos, la Alcaldía de Bogotá decidió convertir la zona en un parque arqueológico. “Ya hemos instalado domos, senderos, puentes y más de 40 señaléticas. El objetivo es construir un museo que exhiba todos los hallazgos”.

Joya ambiental

La charla de Medellín sorprendió a los empleados de Comunidad Biocírculo y sus familiares. Ninguno conocía la historia de este parque arqueológico ni todos los hallazgos de los muiscas que se han encontrado.

El asombro continuó con la intervención de Francisco Salas, ingeniero agrónomo del JBB que contó los detalles del proyecto de restauración ecológica que lidera la entidad desde finales de 2022 en este predio de Usme.

“Suscribimos un convenio específico con el IDPC para restaurar las rondas de las cuatro quebradas de El Carmen: La Taza, Aguadulce, La Fucha y La Requilina. Iniciamos con labores como el control de especies invasoras y otros tensionantes”.

Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá
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Entre 2003 y 2024, Francisco y sus operarios plantaron 10.580 árboles nativos del bosque altoandino alrededor de las quebradas. “Logramos restaurar 3,26 hectáreas con más de 45 especies nativas”.

En 2025, esta cuadrilla del equipo de restauración ecológica del Jardín Botánico realizó varias jornadas de replante del material vegetal que no logró consolidarse en el parque, una de las 23 áreas arqueológicas protegidas de Colombia.

“Este año iniciamos la segunda fase del proyecto. La nueva meta es intervenir cerca de cinco hectáreas más a través de núcleos de restauración que contarán con especies priserales (crecimiento rápido), mesoserales (medio) y tardicerales (lento)”.

La Comunidad Biocírculo, empresa que le donó al JBB 1.000 bolsas plásticas calibre 6 (100 x 70 centímetros) para las actividades de campo, iba a participar en una de las jornadas de la segunda etapa del proyecto.

“Hoy ustedes nos ayudarán a plantar 183 árboles de 50 especies nativas en tres nuevos núcleos de restauración. Es la primera vez en la historia del proyecto que logramos propagar un número tan alto de estos tesoros del bosque altoandino”.

Manos a la tierra

Bajo una lluvia que aumentaba cada vez más su fuerza con el paso de las horas, los trabajadores de la empresa y sus familiares caminaron durante 15 minutos hasta llegar a la zona de la plantación, un área que solo cuenta con pasto.

Se distribuyeron en tres grupos para ayudar a restaurar tres núcleos del parque arqueológico, una plantación que estuvo pasada por agua y que contó con la asesoría de los operarios, profesionales sociales del JBB y los ingenieros Salas y Medellín.

El clima y las condiciones del terreno no fueron un impedimento para que todos los árboles quedarán bien plantados. Durante las cerca de dos horas que duró la actividad, ninguno de los participantes se quejó por la lluvia, el frío o el barro.

Historias del verde urbano: Jornada de restauración ecológica en la única área arqueológica protegida de Bogotá
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Los tres núcleos reverdecieron con especies como tabaquillo, chilco, trompeto, cedrillo, salvia negra y arboloco (priserales); cariseco, cajeto, mortiño, uva camarona, cucharo y tuno (meroserales); y rodamonte, palo blanco y encenillo (tardiserales).

Johanna González, bióloga del equipo de restauración, informó que el parque arqueológico está recibiendo especies del bosque altoandino que el JBB no había propagado. “Es un nuevo hito en nuestros proyectos de restauración y vamos a investigar cómo se comportan”.

Con esta plantación, la única área arqueológica protegida de Bogotá ya suma más de 530 nuevos árboles nativos durante la segunda fase del proyecto. “A la fecha hemos logrado consolidar 10 núcleos de restauración”, aseguró Francisco.

En septiembre, el JBB plantará cientos de árboles en un sendero que tiene la forma del cuerpo de una serpiente. “Es una iniciativa de la bióloga Johanna González que le rinde homenaje a una de las formas que sembraban los muiscas”.