Historias del verde urbano: ¡Tras los cantos de la alondra cornuda!
Eremophila alpestris peregrina, una subespecie endémica del altiplano cundiboyacense que sobrevive en Ciudad Bolívar y Soacha, será protagonista de las guías de las aves de los bosques urbanos de Bogotá.
Profesionales sociales y biólogos del Jardín Botánico José Celestino Mutis recorrieron el parque ecológico de montaña Cerro Seco para fotografiarla y registrar sus cantos y melodías.
Crónica de una pajareada silenciosa donde cerca de 10 alondras cornudas aparecieron en medio de los pastizales que rodean la laguna Encantada.
Bogotá, mayo de 2025. Los rayos del Sol le ganaron la batalla diaria a las nubes y la neblina el pasado miércoles 13 de mayo en Cerro Seco, un parque distrital ecológico de montaña de la localidad de Ciudad Bolívar con una extensión de 199 hectáreas.
A las 6:30 de la mañana, el cielo perdió su gris y se pintó de un azul celeste profundo que dejó ver con claridad el vuelo de varias aves rapaces. Esta área protegida desde donde se divisa gran parte del sur de la ciudad, quería dejarse ver en todo su esplendor.
El panorama sorprendió a Alejandra Moreno, Laura Santacruz, Natalia Rocha, Orlando Blandón y Ángela Montoya, profesionales del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) que llegaron vestidos con chaquetas popochas y ropa cómoda.


“El clima es muy variable en Cerro Seco, un tesoro donde sobrevive uno de los pocos relictos del ecosistema subxerofítico. Esta es la primera vez que me recibe totalmente despejado”, dijo Laura, bióloga del equipo de arbolado adulto del JBB.
Varios soldados del batallón de Infantería de Marina 70 de la Armada Nacional los iban a acompañar a pajarear por los alrededores montañosos de la laguna Encantada, un humedal con un espejo de agua que tiene forma circular.
“Cerro Seco está ubicado en una zona aislada y poco poblada; por eso no es prudente recorrerlo sin el acompañamiento de las fuerzas militares o líderes comunitarios”, apuntó Orlando, licenciado en biología del equipo social de la Subdirección Técnica Operativa.
Antes de recorrer los pastizales de este parque de montaña que limita con Soacha, los expedicionarios se reunieron en una trocha polvorienta por donde transitan decenas de volquetas que entran y salen de uno de los frentes de explotación minera de la zona.
Alejandra, profesional social de la entidad, tomó la vocería y les informó a los soldados que el objetivo principal del recorrido era fotografiar y registrar los cantos de la alondra cornuda (Eremophila alpestris peregrina).
“Es una subespecie endémica del altiplano cundiboyacense que, desde hace varios años, solo se ha registrado en Cerro Seco y una zona subxerofítica de Soacha. Esta alondra cornuda habita y pone sus huevos en medio de los pastizales de este ecosistema”.
Ángela, bióloga de la Subdirección Científica que lidera varios procesos de ciencia participativa, hizo varias recomendaciones para el recorrido. “Debemos permanecer en silencio para avistar y grabar los sonidos de la alondra. Además, hay que caminar con cuidado por los pastizales”.
Uno de los soldados, un llanero de Puerto Gaitán apasionado por las aves, preguntó para qué iban a ser utilizadas las fotografías y sonidos de la alondra cornuda, un ave parecida al copetón con un tamaño de 17 centímetros.
Natalia le contestó que el equipo social de la Subdirección Técnica Operativa está liderando la elaboración de las guías de aves de los bosques urbanos de Bogotá, insumos que contarán con fotografías, textos y códigos QR que albergarán los cantos de los alados.
“Nuestra meta es que los 12 bosques urbanos que han sido fortalecidos o están en fase de cocreación, cuenten con estas guías. Como Cerro Seco colinda con el bosque de Arborizadora Alta, decidimos incluir a la Eremophila alpestris peregrina”.
Explosión de alondras
Los expedicionarios acordaron dividirse en dos grupos. Alejandra, Laura, Natalia, Ángela y cuatro soldados iban a recorrer los pastizales que rodean la laguna Encanta; los demás, liderados por Orlando, caminarían por las zonas más altas.
Antes de iniciar los recorridos, las profesionales alistaron y calibraron el equipo de grabación sonoro, conformado por unos audífonos, un micrófono y una grabadora. “Es un equipo especial para grabar sonidos de la fauna, en especial aves y murciélagos”, apuntó Alejandra.
El grupo femenino de la expedición no tuvo que esperar mucho ni agudizar sus sentidos para avistar el primer grupo de alondras cornudas. Al minuto de comenzar la caminata, aparecieron tres en un camino rodeado por pastizales.


“Como la subespecie puede confundirse con el copetón, utilizamos las cámaras profesionales para cerciorarnos que fuera ella. Efectivamente se trataba de una hembra y dos machos; estos últimos se caracterizan por contar con dos plumas en la cabeza que parecen cuernos”.
Sin pronunciar una sola palabra, Alejandra, encargada del equipo sonoro, comenzó a grabar los cantos de estas aves que cuentan con un plumaje amarillo en su rostro, un tono que es más intenso y marcado en los machos.
El recorrido continuó por los alrededores de la laguna Encantada, un cuerpo de agua que ha perdido su forma y líquido vital debido a los efectos del cambio climático y las actividades antrópicas, como el ingreso de ganado y la disposición inadecuada de residuos sólidos.
“Allí también logramos avistar a la alondra cornuda de esta subespecie que casi siempre permanece en grupos. A pesar de los fuertes y marcados sonidos del viento, en este sector pudimos grabar con claridad sus vocalizaciones”, precisó Alejandra.
Durante cerca de dos horas, las expertas en aves recorrieron varias zonas planas y montañosas de Cerro Seco, un área protegida donde, según el Plan de Manejo Ambiental elaborado por la Secretaría de Ambiente, se han registrado 103 especies de animales y 109 de plantas.
“En la mayoría de las observaciones logramos ver y grabar a la hermosa alondra cornuda de Cerro Seco, tanto machos como hembras. También avistamos varios copetones y aves rapaces como águilas y gavilanes”.
Ángela Montoya logró un registro que llenó de felicidad a sus compañeras: un juvenil de la Eremophila alpestris peregrina. “Ya perdí la cuenta del número de pajareadas que he hecho en Cerro Seco. Sin embargo, esta es la primera vez que pude fotografiar a un juvenil”.
El segundo grupo que recorrió las zonas más altas de Cerro Seco, equipo liderado por Orlando y donde los soldados de la Infantería de Marina conocieron las maravillas biodiversas de Cerro Seco, también arrojó buenos resultados.
“Además de avistar algunas alondras cornudas y otras especies de aves, pudimos observar perfectamente los picos de los nevados del Tolima y el Ruiz. Como el clima estuvo de nuestro lado, estas formaciones montañosas se dejaron ver en todo su esplendor”.
La expedición por Cerro Seco, que terminó hacia las 11 de la mañana y contó con la presencia de algunos líderes sociales del territorio, fue un éxito rotundo. Los profesionales del JBB lograron avistar cerca de 10 alondras de esta subespecie endémica.
“Es una cifra bastante significativa. En las pajareadas que llevo en esta área protegida de Ciudad Bolívar, que superan las 10, jamás había tenido la fortuna de avisar tantas alondras cornudas. La poca presencia de personas, el clima y el silencio, nos favorecieron”, manifestó Laura.
Balance exitoso
Al terminar la pajareada sonora, los cinco licenciados en biología y biólogos del Jardín Botánico se reunieron para hacer el balance de la jornada, una actividad que catalogaron como exitosa, enriquecedora e incluso icónica.
“Logramos nuestro gran objetivo: capturar las vocalizaciones y fotografiar varios individuos de esta subespecie endémica que se encuentra en peligro crítico de extinción debido a la alteración de su hábitat por los factores antrópicos”, aseguró Alejandra.
Según Laura, los equipos de grabación lograron captar dos tipos de sonidos de esta alondra cornuda que sobrevive en Cerro Seco y Soacha. “Grabamos el canto de la mañana y el llamado, dos vocalizaciones bastante distintas”.


Para las expertas, lograr registrar cerca de 10 individuos de esta subespecie que se alimenta de artrópodos, semillas y material vegetal y la cual anida en el suelo cubierto por pastizales, fue producto de una sumatoria de factores climáticos y antrópicos.
“Los fines de semana es muy difícil verla porque cientos de habitantes de Ciudad Bolívar visitan Cerro Seco. Hoy pudimos verlas con facilidad debido a la poca presencia humana y porque el clima estuvo de nuestra parte; cuando llueve o está nublado, poco se dejan ver”.
Los soldados de la Infantería de Marina de la Armada Nacional, además de garantizar la seguridad durante el recorrido, se comportaron adecuadamente, es decir en silencio, y también ayudaron a identificar varias alondras cornudas.
“Debido a su preparación militar, ellos tienen la habilidad de observar y detectar movimientos. Varios de los soldados, a quienes les dimos binoculares, identificaron algunas de las alondras en medio de las rocas y pastizales; ellas se mimetizan muy bien en este ecosistema subxerofítico”.
Además de la alondra cornuda, los pajareros lograron fotografíar y grabar las vocalizaciones de otras especies que habitan Cerro Seco, como el chirlobirlo, canario de Bogotá, copetón, alcaraván, águila paramuna, espíritu santo o gavilán maromero y el cernícalo americano.
Toda la información visual y sonora captada durante este recorrido será incluída en la guía de aves de Arborizadora Alta, un bosque urbano de Ciudad Bolívar que el JBB fortaleció con 43 nuevos árboles y arbustos hace tres años.
“Arborizadora Alta, bosque urbano que también cuenta con ecosistema subxerofítico, colinda con Cerro Seco. La guía de aves también busca generar un mayor sentido de apropiación y conservación por este territorio”.
Esta zona montañosa cuenta con varios verdugos, como minería, disposición de escombros, paso de tráfico pesado (volquetas), ingreso de motos y una alta presencia de perros y personas que utilizan de manera inadecuada el área protegida.
“La alondra cornuda se ve altamente afectada por estos factores. Por anidar en el suelo, los polluelos y nidos corren un gran peligro cuando la ciudadanía ingresa al parque de montaña sin ningún tipo de cuidado”.
Toda la información sonora de los alados que fue capturada durante este ejercicio, será editada y depurada por Alejandra, licenciada en biología que tiene como meta consolidar una biblioteca sonora que será parte de las guías de las aves de los bosques urbanos.
“Cada grabación contará con metadatos que incluyen información como el sitio, la especie, nombre de la persona que grabó y las condiciones climáticas. En la edición y depuración, que realizamos a través de varios programas, quitamos los ruidos externos”.
(*) Fotografías de las aves y nevados: Natalia Rocha, Ángela Montoya y Orlando Blandón.






