Transparencia y acceso a información pública

Compostaje, el éxito de las huertas urbanas

 

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Huertas del Jardín Botánico de Bogotá

El uso de huertas urbanas ha entrado en furor en las grandes ciudades del mundo y Bogotá no se queda atrás. Con estos cultivos  podemos obtener nuestros propios alimentos, embellecer paisajísticamente el hogar y  aprovechar  al máximo los espacios como terrazas, patios o incluso  balcones.

Para el éxito de cualquier huerta es importante contar con un buen compostaje, pues gracias a él  se fertiliza de forma saludable la cosecha, a través del uso de los  residuos  orgánicos de nuestras casas, lo que ayuda a la síntesis proteica de las plantas y aumenta la resistencia a plagas, enfermedades y condiciones adversas.
 
Asimismo, se obtienen alimentos más equilibrados a nivel nutricional y,  al contrario de los fertilizantes químicos, el  compostaje  se crea a partir  de residuos orgánicos  como cáscaras de frutas,  hojas  de verduras que consideramos no consumibles,  tierra,  melaza  y  agua.
 
Para elaborar un buen compost podemos buscar recipientes como cajones de madera que tengan espacio para  el  flujo de  aire, luego colocar capas de hojas frescas, hojas de alimentos secos y no cítricos, melaza (que también se puede reemplazar con yogurt), un toque de tierra negra, un poco de agua y con el tiempo podremos  observar  cómo  se convertirá en  el  abono perfecto.
 
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Camas de lombricultivo, un tipo  de compostaje
 
Es por eso que desde la Alcaldía de Bogotá buscamos apoyar las nuevas formas   de  consumo  de alimentos, dando  talleres de agricultura urbana en los que la ciudadanía aprenda a escoger  las semillas,  proyectar las distancias entre cada  plántula y seleccionar los materiales adecuados para el lugar donde se realizará el cultivo, todo esto bajo la asesoría de los profesionales del  Jardín  Botánico de Bogotá.
 
Para los interesados, el primer día hábil de cada mes se pueden inscribir en los talleres mensuales de agricultura urbana, para ello es necesario solicitar el formulario de inscripción en la taquilla  del  Jardín  Botánico de Bogotá (Avenida Calle 63 No. 68-95).
 
 
 
 

 

Una faena para salvar los árboles

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La Plaza de Toros la Santamaría está llena de historias. En ella, risas, gritos  y  emociones quedaron impresas en las placas que acompañan sus paredes. Desde 1931, este  escenario fue el  epicentro  de peleas de boxeo, teatro,  conciertos -en las últimas décadas- y corridas de toros. Por  eso,  alrededor del monumento nacional,  40 urapanes luchan por la vida desde hace 30 años cuando fueron plantados.

Gracias al  llamado  de  la administración de la Santamaría,  en  el que  informaron  que los árboles presentaban  un  alto  deterioro, los expertos del Jardín Botánico veían  cómo  una necrosis, muerte prematura en alguna extremidad del árbol, embestía a los  urapanes. Por tal razón, como si se tratara del contraataque, se llevó  a cabo una  poda  sanitaria  y  un tratamiento de fertilización  desde la endoterapia.
 
La endoterapia  es  un método con el que se busca suministrar fertilizantes al árbol al sistema vascular, a través de una bolsa  de venoclisis, es decir, como una bolsa de suero, la cual se inyecta por medio de incisiones en  el  tronco. El objetivo es que el  árbol absorba los nutrientes  en unas tres horas y, después de dos meses, dependiendo de la especie, la renovación de rebrotes y  el  crecimiento  de  follajes darán cuenta  de esta batalla.
 
Img Nota Faena 2
 
Ahora, estos urapanes seguirán siendo testigos de las historias de la capital y, desde hoy, harán parte de los 70.214 árboles a los que sus enfermedades han recibido la estocada final  por parte de la Alcaldía de Bogotá.
 
 
 
 

Restauración ecológica: 20 años
transformando ecosistemas

 

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Incendios, invasiones biológicas y pérdida de biodiversidad son algunas de las afectaciones que desde hace 20 años el Jardín Botánico de Bogotá viene combatiendo para lograr la recuperación y restauración de los ecosistemas en la ciudad.

Aunque la recuperación total de un ecosistema puede tardar muchos años, dependiendo de la gravedad del disturbio, los 20 años de labores de restauración ecológica le han permitido a la entidad tener la experiencia para proponer estrategias eficientes y desarrollar procesos para devolverle la funcionalidad a los ecosistemas, los cuales ayudan a mitigar los efectos de variabilidad y cambio climático.
 
Con el objetivo de comprender la forma en la que diversos disturbios han transformado las áreas naturales de la capital, diariamente adelantamos procesos de restauración ecológica con un enfoque investigativo, es decir, a través del desarrollo de estudios  y el diseño de modelos conceptuales que permiten tener referencia de cómo hacer restauración ecológica a escala de paisaje en ecosistemas andinos y altoandinos; participar en proyectos con otras entidades y asesorar a instituciones, entidades y comunidad en el desarrollo de procesos para la recuperación de los ecosistemas.
 
Es así como surgen las Áreas Piloto de Investigación en Restauración Ecológica (APIRE), espacios donde se adelantan procesos de facilitación y recuperación de coberturas vegetales con la participación institucional y de la ciudadanía. Actualmente se ejecutan labores en 12 APIRE, las cuales están, en su mayoría, en la fase de manejo adaptativo, es decir, donde se establecen las estrategias para asistir y acelerar, en la medida de lo posible, el proceso de recuperación del ecosistema.
 
Algunas de nuestras APIRE son: La Cascada (cerros orientales), donde el ecosistema se vio afectado por un voraz incendio forestal en 2016, el cual degradó la cobertura nativa de bosque altoandino; Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, segunda etapa, donde se registran diversas  alteraciones generadas por la plantación forestal con la especie exótica Eucalyptus globulus y la invasión de especies introducidas como el retamo espinoso; Parque Regional La Florida, APIRE consolidada con el fin de conservar las aves acuáticas en el Distrito; y Parque Metropolitano La Arboleda, un ecosistema altamente alterado y degradado por actividad antrópica y por la invasión de retamo espinoso, el cual se expandió por toda el área, entre otros ecosistemas degradados.
 
Dentro de las estrategias que se han implementado en el proceso de restauración ecológica están la reintroducción de especies vegetales nativas, el control y manejo de especies invasoras como el retamo espinoso, creación de refugios artificiales para fauna y la utilización de perchas artificiales para aves, las cuales han permitido entender cómo es el funcionamiento ecológico de un ecosistema y su respuesta frente a diversas tácticas para ser reestablecido estructural y funcionalmente y así contribuir a la recuperación del ecosistema. A cada proceso se le realiza un seguimiento para generar conocimiento aplicable a otras áreas afectadas, similares o distintas, en el Distrito Capital y la región.
 
De esta manera se han reintroducido alrededor de 100.000 árboles y arbustos que han contribuido en la recuperación de los bosques que tiene la capital, el desarrollo de 5 modelos de restauración ecológica aplicables y el acompañamiento a la recuperación de las coberturas vegetales, bajo el concepto de manejo adaptativo, en aproximadamente 15 áreas de Bogotá.
 
 
 
 

Del agua a artesanías colombianas

 

Las plantas acuáticas están asociadas a ecosistemas como humedales, lagunas y ríos. En Bogotá, las cifras indican que en los humedales hay cerca de 81 especies de acuáticas y semiacuáticas reportadas. Unas se han empleado en jardinería, otras en depuración de aguas y algunas en la elaboración de artesanías.

Cestos, sombreros y hasta papel son algunos de los usos que les han dado a varias especies de plantas acuáticas, no solo en Bogotá, sino alrededor del mundo.
 
Dentro de las colecciones vivas del Jardín Botánico se encuentran cerca de 41 especies, las cuales pueden ser observadas en el Lago principal, en el lago del sector de páramo, dentro del Jardín agroecológico y en el estanque del Arboretum.
 
A continuación presentamos algunas especies de las plantas acuáticas que han sido empleadas para la elaboración de artesanías como cestas y  sombreros, y las cuales puedes venir a conocer en el Jardín Botánico de Bogotá:
 
Thypa latifolia 
 
Quercus humboldtii Bonpl.
 
Conocida comúnmente como enea o  espadaña, es una planta emergente de hasta 3 metros de altura. Crece en lugares pantanosos o en los bordes de lagunas desde el nivel del mar hasta los 2.600 metros de altitud. Sus hojas se emplean en  la elaboración de canastas, sombreros y  esteras. Los ejes de las inflorescencias son utilizados en floristería, y las fibras de sus hojas son empleadas para la fabricación de papel artesanal. Se puede observar en el Lago principal y el lago del Jardín agroecológico.
 
Schoenoplectus californicus
 
Prunus serotina Ehrh.
 
Su nombre común es junco o  totora. Es una planta emergente de hasta 2 metros de altura. Los ejes de las inflorescencias se emplean en la elaboración de canastos, esteras y enjalmas. Las fibras de sus hojas son utilizadas para la fabricación de papel artesanal. Se puede observar en el Lago principal.
 
Juncus ramboi 
 
Ceroxylon quindiuense (H. Karst.) H.Wendl.
 
Conocida comúnmente como Esparto, Juncus ramboi es una planta emergente que puede llegar a medir 30 centímetros de altura. Es nativa de Colombia, propia de los  ecosistemas de páramo. Crece en suelos húmedos, a lo largo de quebradas o en zonas inundadas. Los ejes de las inflorescencias se utilizan en la elaboración de canastos y sombreros.
 
Se puede observar en el borde del Lago principal del Jardín botánico de Bogotá.
 
Eleocharis elegans
 
Magnolia grandiflora L.
 
Más conocida como cebolleta de pantano, esta planta puede llegar a medir 50 centímetros de altura. Los ejes de las inflorescencias se emplean en la elaboración de canastos y sombreros. Se puede observar al interior del Lago principal del Jardín botánico.
 
Cyperus papyrus 
 
 
Araucaria angustifolia (Bertol.) Kuntze
 
Denominada como papiro, la Cyperus papyrus es una planta propia de África oriental y meridional que puede alcanzar hasta  5 metros de altura.  Desde la antigüedad, los egipcios, griegos y romanos cultivaron esta planta para la elaboración de papiros, una clase de papel artesanal producido a partir de tiras de los culmos (tipo de tallo). Actualmente, esta planta se emplea en la construcción de techos y esteras.
 
Puede ser observada en el estanque del Arboretum del Jardín Botánico.
 

 
 
 
 

El legado de los estudiantes del
Colegio San Pedro Claver

 

Img Nota Estudiantes

 

Como forma de armonizar su lugar de aprendizaje y dejar un legado, los jóvenes del  Colegio San Pedro Claver plantaron 30 nuevos árboles. El trabajo  de este gran regalo estuvo a cargo de los mismos estudiantes y profesores de la institución, el apoyo del Batallón de ingenieros Antonio Baraya y la asesoría del Jardín Botánico con quienes también tienen el proyecto de huertas escolares.

El colegio  siempre dejará una huella  en cada persona que pasa por él, pero ¿qué dejamos  nosotros al colegio?, esa es la pregunta que respondió esta plantación, pues cada árbol que se adoptó, será cuidado  por la comunidad estudiantil de bachillerato y primaria. Por eso los estudiantes de grado once pasaron por cada salón invitando  a los más pequeños a la construcción de este sendero en el que se plantaron especies adecuadas para el espacio, de esta manera, con el pasar del tiempo, la estructura del  plantel no se verá afectada por el crecimiento de las raíces de los individuos.
 
“Es muy importante que los jóvenes sean capaces de reconocer el proceso de plantación y cuidado  de los árboles, es pasar del salón de clase a la práctica”, contó Ayda Torres, docente de Ciencias Naturales, quien organizó la jornada  de plantación.
 
El Colegio San Pedro  Claver es una de las instituciones educativas que está comprometida con  la educación ambiental responsable, es por esto que también integra la red  de huertas escolares en la que dan cuenta cómo la Alcadía de Bogotá apoya las iniciativas en pro  de la autoproducción de alimento y en la promoción del talento humano.
 
 
 

Alcaldía y candidatas a Miss Mundo
plantarán en la Avenida El Dorado

 

Reinas Img Nota

 

Su pasarela será la Avenida El Dorado. Su maquillaje, unas cuantas manchas de tierra. Sus accesorios, unos guantes y su mayor prueba, plantar palmas de cera.

Así fue la jornada para las seis representantes de Miss Mundo Colombia de los departamentos de Cundinamarca, Santander, Boyacá, Bogotá, Huila y Tolima, quienes este viernes 12 de julio se sumaron a la campaña YoYaPlanTé, una apuesta de la Bogotá Mejor Para Todos que busca  planear, plantar y transformar las coberturas vegetales de la ciudad.
 
Aunque, en la importante calle 26 se han plantado cerca de 600 árboles, esta administración sigue comprometida con ampliar la cobertura verde de la ciudad y por esto, continuará plantando en esta zona. Para  hacer de este uno de los principales corredores con mejor calidad de vida.
 
Precisamente, durante esta Administración ya se han plantado 136.688 árboles  en toda la ciudad de los cuales 62.406 han sido en espacio urbano.
 
 
 

Jardín Botánico denuncia “arboricidio”
por árboles vandalizados en la ciudad

 

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En un atentado contra el patrimonio vegetal, cuatro árboles fueron asfixiados esta mañana en el Eje Ambiental del centro de la capital.  Aunque se hará un tratamiento para mitigar la afectación, los árboles se encuentran en grave riesgo.

A través de la práctica de anillamiento, tres jazmín del cabo y un falso pimiento amanecieron este martes con un trozo de la corteza desgarrado, dejando expuesta una parte importante del árbol que es el floema, es decir, el tejido vegetal por el que se transporta la savia elaborada desde la copa del árbol hacia las raíces, la cual, al ser obstruida, causa que el árbol empiece una etapa de muerte lenta.
 
Aunque a los árboles afectados se les hará una fertilización edáfica, es decir nutrición del suelo, una cicatrización para evitar que haya infección por patógenos y una aspersión foliar, los daños son irreversibles, pues el anillamiento es letal para cualquier árbol.
 
Img2 Nota Arboricidio
 
Desde esta Administración rechazamos rotundamente este tipo de actos vandálicos y le recordamos a la ciudadanía que continuamos con nuestro compromiso de salvaguardar los árboles de la ciudad. Por eso, entre 2016 y 2019, hemos realizado mantenimiento a 70.214 árboles enfermos en la capital, triplicando la cifra y batiendo récord en atención de árboles en Bogotá. Asimismo, trabajamos diariamente por ampliar la cobertura vegetal, por eso tenemos la meta de plantar 500.000 árboles en toda la ciudad, de los cuales ya se han plantado 332.295.
 
Invitamos a la ciudadanía a denunciar este tipo de actos delictivos contra el medioambiente y el patrimonio vegetal de los ciudadanos, a través de la línea de atención 3778899, que tiene habilitada la Secretaría Distrital de Ambiente.
 
 
 

Las raíces de Bogotá
narradas por un Nogal

Img Nogal Nota

 

El nogal ha acompañado las costumbres de la capital por mucho tiempo. Con la pulpa de su fruto tinturó los cabellos de las abuelas, con su almendra alimentaba algunos bogotanos y con sus semillas, usadas como  botones, adornó los abrigos de elegantes ciudadanos.

Considerado un templo, por su tronco fuerte y recto, el Juglans neotropica era un medio de comunicación entre el cielo y la tierra por los antiguos muiscas. Actualmente es uno de los árboles priorizados por la Administración Distrital, porque gracias a su frondosidad, control de la erosión del suelo y alta resistencia a la contaminación,  lo hacen una de las especies adecuadas para el espacio urbano de la capital.
 
El nogal se convirtió  en el árbol insignia de Bogotá desde el  2003, tras la evaluación de su valor paisajístico, longevidad y valor histórico, criterios que permitieron reemplazar al caucho sabanero, que encabezaba esa posición.
 
Esta especie tiene un comportamiento caducifolio lo que quiere decir que, en épocas del año deja caer sus hojas y con ellas las plagas y la contaminación, es decir, es como si deshiciera de la maleza. Cuando vuelven a nacer es un árbol completamente nuevo, dispuesto a resistir los retos del ambiente bogotano.
 
Se dice que este árbol también sufrió la violencia de la conquista española, ya que los nogales fueron talados, en gran medida, por su madera y por su importancia espiritual para  los indígenas, como una forma de combatir el paganismo. Sin embargo, para el 2019 ha sido propagado exitosamente, gracias a los programas de plantación liderados por la Administración Distrital, en los que se busca plantar en el  lugar y en la forma correcta. Precisamente, algunos de los individuos ya tienen fruto y hoy crecen sanos y fuertes.
 
Uno de los ejemplares más representativos del Juglans neotropica se encuentra ubicado en la carrera novena con calle 77. Allí está el nogal más antiguo de Bogotá, de aproximadamente  200 años de vida, el cual ha sido protagonista de muchas historias de los vecinos del barrio que lleva su nombre y, por eso, se ha convertido  en un tesoro para la ciudad.
 
Para mantenerlo con vida, en el 2017 se sometió a una cirugía por parte del equipo técnico de labores preventivas en silvicultura y fitosanitarias del Jardín, el cual logró alargar su vida y permitir que siga encabezando la lista de los más longevos.
 
Se espera que la especie se siga recuperando mediante  la propagación responsable que adelanta la Alcaldía, y así  ayudar a que el nogal siga acompañando el paisaje urbano y los relatos de la capital.
 

 

Así lucen los más longevos
del Jardín Botánico

 

El Jardín Botánico de Bogotá, que hasta la fecha alberga cerca de 46.674 individuos, 304 familias, 646 géneros y 1109 especies, de las cuales el 14% son endémicas y 78% nativas, fue fundado en 1955 por el sacerdote Enrique Pérez Arbeláez. En él hoy habitan y siguen creciendo algunos viejos amigos verdes que superan los 60 años.

Desde su creación se inició el enriquecimiento de las colecciones vivas, a través de la siembra, representación y conservación ex situ de algunas de las especies más importantes de los bosques altoandinos y de páramo.
 
A continuación, conocerás las cinco especies más antiguas del Jardín, la cuales fueron plantadas por el mismo fundador, entre los años de 1955 y 1960, es decir que, a la fecha, estas especies tienen alrededor de 60 años de edad, lo que las convierte en las especies más antiguas de la entidad.
 
1. Quercus humboldtii Bonpl.
Nombres comunes: roble colombiano, roble andino.
 
Quercus humboldtii Bonpl.
 
Esta especie es de la familia Fagaceae y se caracteriza porque su corteza es escamosa y de color rojizo o gris. Sus frutos son en cápsula ovoide o bellota. Es un árbol endémico de los Andes, cuya distribución es desde los 1.400 hasta los 3.300 metros de altitud.
 
Es una especie muy apetecida por algunos animales como abejas, venados, ardillas y borugos, entre otros, los cuales se alimentan de las hojas y frutos. Actualmente, el roble se encuentra en un estado de conservación vulnerable, debido, principalmente, al aprovechamiento ilegal de su madera, las complicaciones que se han evaluado en su reproducción y la falta de continuidad en los programas de conservación de la especie.
 
Quercus humboldtii en el Jardín Botánico de Bogotá: existen aproximadamente 300 individuos de Quercus humboldtii, de los cuales ocho fueron plantados entre los años de 1955 y 1960 por Enrique Pérez Arbeláez, consolidándose como unos de los árboles más ancianos que puedes encontrar en el Jardín. Los ocho árboles de roble mencionados tienen alturas entre los 20 y 25 metros y un fuste entre los 2 y 3 metros de perímetro, los puedes ubicar en la zona del Arboretum.
 
2. Prunus serotina Ehrh.
Nombres comunes: Cerezo, capulí.
 
Prunus serotina Ehrh.
 
Especie de la familia Rosaceae, que tiene una distribución en los Andes y el Valle del Cauca de Colombia, entre los 1.700 hasta los 3.500 m. de altitud.  Es una especie con múltiples usos, por ejemplo, funciona como combustible para leña y carbón; provee de alimento a la fauna y al ser humano con la producción de jaleas y bebidas frescas; en la industria es empleado para la producción de jabones y pinturas; medicinalmente, la corteza, hojas y frutos son utilizados como expectorantes, antiespasmódicos, tónicos, sedantes y para combatir el mal de estómago, entre otros usos.
 
Actualmente, la especie no ha sido evaluada en ningún estado de conservación, sin embargo debe propender por su conservación, teniendo en cuenta sus múltiples usos.
 
Prunus en el Jardín Botánico de Bogotá: Dentro de las colecciones vivas del Jardín puedes encontrar alrededor de 100 individuos de esta especie. Uno de ellos fue plantado entre 1955 y 1960, en la zona del Bosque Andino con énfasis en Quinas, convirtiéndolo en otro de los árboles más antiguos de la entidad. Puedes identificar al cerezo por su altura mayor a  20 metros y su gran fuste de 2.5 metros de perímetro, por lo que te invitamos a conocerlo y conservarlo.
 
3. Ceroxylon quindiuense (H. Karst.) H.Wendl.
Nombres comunes: Palma de cera, palma de ramo.
 
Ceroxylon quindiuense (H. Karst.) H.Wendl.
 
Es una especie de la familia Arecaceae, cuya distribución oscila entre los 1.500 y 3.100 m. de altitud. La palma de cera es una especie nativa y es catalogada como el árbol nacional del país. Actualmente se encuentra en un estado de conservación de Peligro, debido a que su hábitat ha sido altamente alterado y reducido, principalmente, a causa del uso indiscriminado de las hojas para celebraciones católicas del domingo de ramos en la semana santa del país.
 
Ceroxylon en el Jardín Botánico de Bogotá: Dentro de nuestras colecciones tenemos alrededor de 190 individuos de palma de cera, de los cuales, cinco están ubicados en la zona de la colección de palmas y fueron plantados entre los años de 1955 y 1960, catalogándolos como unos de los individuos más antiguos de la colección del Jardín. Las palmas tienen alturas entre los 22 y 24 metros y un perímetro del estípite entre 1 y 1.5 metros.
 
4. Magnolia grandiflora L.
Nombre común: Magnolio.
 
Magnolia grandiflora L.
 
Es una especie de la familia Magnoliaceae, conocida comúnmente como magnolio. Esta especie es ampliamente utilizada en Bogotá como ornamental, debido a sus hermosas flores, el característico olor aromático, y la forma de su copa.
 
Magnolias en el Jardín Botánico de Bogotá: En las colecciones vivas del Jardín Botánico de Bogotá existen alrededor de 40 individuos de esta especie, uno de ellos, localizado en la colección de árboles exóticos, es considerado uno de los más antiguos de la entidad al haber sido plantado en la época de Pérez Arbeláez, entre los años de 1955 y 1960. Actualmente, dicho individuo cuenta con una altura de 11 metros y un perímetro del fuste de 1.2 metros.
 
5. Araucaria angustifolia (Bertol.) Kuntze
Nombres comunes: pino de Brasil, pino de Paraná.
 
Araucaria angustifolia (Bertol.) Kuntze
 
Perteneciente a la familia Araucariaceae, conocida comúnmente como pino del Brasil, la Araucaria es una especie de gran importancia, ya que sus semillas fueron importantes en la alimentación de los indígenas del estado brasileño de Paraná, las cuales aún siguen siendo usadas en diferentes recetas por las comunidades mestizas. Adicionalmente, en los árboles caídos prospera el gusano llamado Koro, el cual también es excelente alimento para las comunidades autóctonas. También es utilizado como ornamental, gracias a su gran porte y la forma de su copa.
 
Araucaria en el Jardín Botánico de Bogotá: Dentro del Jardín existen seis individuos del pino de Brasil, uno de ellos, ubicado en la Colección de Palmas, tiene a la fecha alrededor de 60 años de edad, ya que fue plantado hacia 1955. Dicho árbol tiene una altura de 17 metros y un perímetro del fuste de 1.7 metros.
 

 
 

El regalo perfecto para un padre
y líder: un pino romerón

El regalo perfecto para un padre y líder: un pino romerón


A su  derecha  la compañía su pequeña hija Daniela de 12 años, a su izquierda  un megáfono con el  que  Milton Salgado invitaba  a sus vecinos a participar en una jornada de plantación,  liderada  por la Alcaldía de Bogotá, en el barrio  Santa Rita  II de la localidad de San Cristóbal.  En esta ocasión, 36 árboles fueron plantados por los habitantes del sector, de los cuales, uno  de  ellos fue bautizado en honor  al  héroe de Salgado: su padre. 

 
A medida que  el barrio se expandía,  Milton fue testigo  de la forma  como su  sector  fue afectado  por las inundaciones y derrumbes que se presentaban  en temporadas invernales, razón por la cual, en compañía del  Jardín Botánico, se plantaron  árboles de especies como  guayacán de Manizales, caucho  sabanero y nogal, entre otros, las cuales ayudaron  a controlar la erosión  del suelo y la humedad,  gracias  a la profundidad de sus raíces y la absorción de agua.
 
Pero la historia no  quedó  ahí. Como  presidente de la Junta de Acción Comunal, hoy,  Milton organizó  una plantación para hacer del  nombre  de su  padre, José, uno  que perdure  en  el  tiempo por sus acciones como el  líder que  logró que los habitantes de Santa Rita I y II  se  unieran para  apropiarse del parque que tienen  en  común y, cuidar cada árbol que hay en el lugar.
 
“Yo sé  que el  tiempo va  pasando, por eso  aprovecho  para honrar a mi padre con este  árbol.  No me gustaría que todo  lo que él hizo  por el  barrio pase al olvido, por eso nombro  a este árbol como él. En un  futuro estará muy  grande y vivirá por mucho  tiempo”, dijo, Salgado, mientras  terminaba de plantar. 
 

Desde hoy, a Milton y su hija Daniela les queda continuar  con  el legado  de Don José. Esta  es la forma  en  la que la Alcaldía  le apuesta a la construcción  de tejido social y una Bogotá bien plantada.

 

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