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Jardín Botánico de Bogotá se la jugó en el
Taller Regional de Jardines Botánicos de Suramérica

Jardín Botánico de Bogotá se la jugó en el Taller Regional de Jardines Botánicos de Suramérica

 

Con dos charlas magistrales, el Jardín Botánico de Bogotá fue uno de los representantes  de Colombia en el 1°. Taller Regional de Jardines Botánicos de América del Sur, un evento en el que  se compartieron experiencias sobre el manejo de colecciones, se resaltó el papel científico, técnico y educativo de los jardines en la región, y se conocieron los nuevos retos para atender las necesidades de la sociedad.

Con el propósito de crear un plan de acción para la formación de una red sostenible de los Jardines Botánicos Sudamericanos, Botanic Gardens Conservation International, junto con el Jardín Botánico Alexander Von Humboldt, realizaron el primer  taller regional que busca, entre otras cosas,  generar nuevas alianzas para apoyar y promover la conservación de la diversidad vegetal, y oportunidades  para contribuir a la implementación del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).

Jardines botánicos de Chile, Colombia, Venezuela, Brasil, Paraguay, Argentina y Educador se congregaron en Universidad del Tolima (Colombia) desde el 3 hasta el 6 de diciembre, para, además, asumir nuevos roles y retos para atender las necesidades de la sociedad en América del Sur, como el cambio climático, arbolado urbano, la restauración ecológica y la inclusión social.

Por su parte, el Jardín Botánico de Bogotá contó con la participación del profesor Gustavo Morales, quien impartió un taller sobre el Manejo de colecciones de Heliconias y pasifloras; y Patricia Velásquez y David Camelo, quienes presentaron las perspectivas y experiencias de la Botánica en Colombia.

 

 
 
 
 

¡Inscríbete! Ya llegó la nueva temporada
de las Vacaciones Científicas

Ya llegó la nueva temporada de las Vacaciones Científicas

 

Recargada y con una amplia y divertida agenda académica vuelve la temporada de las Vacaciones Científicas, para los niños entre los 5 y 12 años que que quieran conocer más sobre la naturaleza. Serán dos semanas completas de actividades que incluyen juegos, fabricación de instrumentos navideños, Festival Brilla Colombia y gastronomía, entre otras.

A partir de hoy están abiertas las inscripciones a esta nueva temporada, que se llevará a cabo del 2 al 13 de diciembre, y que busca generar un espacio para promover el desarrollo de habilidades y actitudes orientadas al conocimiento, valoración y cuidado de los recursos naturales y la biodiversidad.

Los niños participantes podrán asistir a las sesiones que deseen, las cuales se realizarán de lunes a viernes, sin incluir fines de semana ni festivos, en dos  jornadas disponibles: la primera, de 8:30 a.m. a 12:00 p.m.; y la segunda, de 1:30 p.m. a 5:00 p.m.

Asimismo, cada día se desarrollarán diferentes temáticas relacionadas con las ciencias naturales y la conservación del medioambiente, algunas de que se destacan son el ‘Festival Brilla Colombia’ (6 de diciembre), ‘usos cosméticos de las plantas’ (10 de diciembre) y ‘descubre los polinizadores de tu jardín’ (11 de diciembre), entre otras.

Para quienes deseen participar, podrán realizar las inscripciones  en la taquilla del Jardín Botánico de Bogotá, previamente o el día que desee participar, siguiendo los siguientes pasos:

  1. Llevar copia del documento de identidad y certificado de la EPS del niño o niña.
  2. Dirigirse a la Oficina de Interpretación Ambiental, con el equipo de profesionales de Vacaciones Científicas, diligenciar el formulario de inscripción y entregar dichos documentos.
  3. Llevar una fotografía 3x4 del participante tamaño.
  4. El equipo de profesionales entregará la autorización para cancelar el valor en la taquilla del Jardín Botánico.
  5. Entregar el recibo de pago. 

Por otro lado, los costos a tener en cuenta son los siguientes:

  • Una jornada: Cualquiera de las fechas vigentes en temporada, $13.000.
  • Semana completa: Cinco días de las fechas vigentes en temporada, $61.000.
  • Temporada completa: Dos semanas, $117.000.

Les recordamos a los niños que para ser parte de este equipo de pequeños científicos, solo se necesita traer ropa cómoda, botas, capa para lluvia, refrigerio y todas las ganas de aprender. Asimismo, los padres deben tener en cuenta que el programa no incluye servicio de transporte ni alimentación.

Para conocer más sobre esta gran jornada de Vacaciones Científicas pueden hacerlo a través de nuestra línea disponible 4377060 Ext.1033 o escribiendo al correo electrónico ahiguera@jbb.gov.co. 

 
 
 
 

Así conservamos la
palma de cera del Quindío

Así conservamos la palma de cera del Quindío

 

Su único hogar es Colombia,  uno de los países con mayor biodiversidad de palmas, con 66 géneros y más de 289 especies. Su altura puede alcanzar hasta 60 metros; su estado de conservación es en peligro de extinción (EN), por lo cual gracias a una ardua labor del Jardín Botánico de Bogotá hoy trabajamos por su protección.

La imponente y longeva palma de cera, Ceroxylon quindiuense, además de ser el árbol nacional de Colombia desde 1985, es una especie importante para el Jardín Botánico de Bogotá por ser las primeras palmas de cera que se plantaron en la capital. Precisamente, su historia se remonta a una expedición botánica en el Alto de la Línea, Salento y el Quindío en general, realizada por nuestro fundador Enrique Pérez Arbeláez, donde se trajeron semillas y plántulas que estaban debajo de los bosques de palmas de cera y las cuales fueron plantas en la entidad.

Lamentablemente, la constante pérdida de ecosistemas naturales y su lento crecimiento han llevado a que la palma de cera actualmente se encuentre en peligro de extinción (EN), razón por la cual desde el Jardín Botánico se adelantan constantemente estudios encaminados a encontrar diferentes estrategias que permitan ayudar en la conservación de esta especie.

De acuerdo con varios estudios realizados por investigadores del Jardín Botánico, aunque una de las estrategias de conservación a largo plazo de las plantas es el almacenamiento de las semillas en bancos de germoplasma, la Palma de cera no cuenta con semillas que toleren las bajas temperaturas y contenidos de humedad donde son almacenadas, lo que dificulta el proceso.

Sin embargo, entre los hallazgos de las investigaciones se ha encontrado que es vital la implementación de procesos de propagación a través de  la recolección de los frutos maduros (de color anaranjado), los cuales son escogidos directamente de la planta y deben sembrarse lo más pronto posible, ya que las semillas son poco longevas y mueren rápido después de la colecta.

Además, se ha evidenciado que un lijado en la cubierta de las semillas es clave para acelerar la germinación, la cual se presenta entre 14 a 16 meses después de la siembra, ya que  se ha registrado que las semillas de la palma de cera presentan un crecimiento lento de 5 cm en 5 meses. 

Asimismo, se logró determinar que, en época de cosecha, la especie puede llegar a producir cientos de frutos, los cuales tienen diferentes potencialidades de uso, pues todas sus partes pueden ser utilizadas.

Con relación al peso, la cáscara representa un 20%; la pulpa, 31%; y la semilla, 49%. La pulpa es la parte comestible, es buena fuente de fibra, proteína y grasas, las cuales pueden encontrarse también en la semilla. Tiene un sabor dulce y con ella se pueden obtener mermeladas y bebidas fermentadas. Por otro lado, la cáscara puede ser usada como fuente de pigmentos naturales, gracias a la presencia de carotenos (responsables del tono naranja). 

Los esfuerzos por buscar las mejores estrategias para conservar el árbol nacional siguen siendo una apuesta del Jardín Botánico de Bogotá, por lo que continuarán desarrollándose estudios y avances que les permitan a las comunidades conocer, proteger y aprovechar nuestra biodiversidad.

 
 
 
 
 

Conoce los briófitos que crecen
en la madera en descomposición
 

Lophocolea Bidentata

 

Como si se tratara de la piel de la tierra, los briófitos son un grupo de plantas que se encuentran representados por los musgos, hepáticas y antocerotes, los cuales son de gran importancia en los ecosistemas, gracias a que son agentes mitigadores de erosión, refugio de algunos invertebrados y bioindicadores de contaminación atmosférica, además, de participar en los ciclos del agua y del carbono.  

En Colombia, el grupo de las hepáticas representa cerca del 60% de las especies registradas en toda América tropical y casi una sexta parte de las del mundo. En cuanto a musgos, el estimado puede estar alrededor de un 35% de las especies encontradas en el neotrópico y una décima parte de las especies encontradas a nivel mundial.

Estos organismos crecen en diferentes tipos de sustrato, como el suelo, las rocas, las cortezas de los árboles, la madera en descomposición y la hojarasca, entre otros. Dichos sustratos conforman un microhábitat perfecto para su crecimiento, como el caso de la madera en descomposición, la cual absorbe mucha más agua y ofrece características físicas y químicas especiales para este grupo vegetal.

Dada la importancia de estas especies en nuestros ecosistemas, el Jardín Botánico de Bogotá realizó una investigación en el Parque Natural Chicaque (Cundinamarca), con la finalidad de conocer las especies que crecen en la madera en descomposición e identificar las condiciones microambientales propicias para su establecimiento.

Dentro de la caracterización efectuada se evaluaron 45 troncos, donde se tomaron en cuenta variables físicas del tronco como el pH, hidrofobicidad y grado descomposición. De acuerdo con los resultados, se evidenció que el grupo más diverso corresponde a las hepáticas, con 37 especies, donde Lophocolea bidentataRadula pusilla y Riccardia poeppigiana fueron las más abundantes.

Por su parte, en el grupo de los musgos se encontraron 34 especies, donde Isopterygium tenerifoliumBrachythecium occidentale y Cyclodictyon albicans fueron las más diversas. Asimismo, se observó que las variables evaluadas (pH, hidrofobicidad y grado descomposición) no ejercieron una influencia significativa en la distribución de las especies registradas, lo cual puede atribuirse a la dominancia del macroclima regional, así como a la frecuencia de especies generalistas.

Gracias a este estudio se pudo observar el efecto de los patrones físicos de la madera sobre la distribución y diversidad de los briófitos en este sustrato para que, a futuro, puedan replicarse en el Jardín Botánico con el fin de enriquecer la colección viva de briófitos.

 
 
 
 

La historia detrás de los caballitos del diablo
y las libélulas de Bogotá
 

Debido a su posición geográfica, Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del mundo. Sus selvas húmedas y secas, sabanas de bosque de clima templado, bosques de niebla, páramos, ríos, costas y bosques altoandinos, entre otros, hacen del país un territorio con alta riqueza de fauna y flora. Para el caso de Bogotá, los santuarios, reservas forestales y los parques ecológicos con los que cuenta, convierten a la capital en el hábitat de un sinfín de especies por describir y descubrir como los odonatos.

 

Conocidos comúnmente con el nombre de libélulas, matapiojos o caballitos del diablo, los odonatos son un grupo de insectos que dependen de los afluentes de agua para su desarrollo y, además, cumplen un papel ecológico importante dentro del ecosistema. Actualmente, en el mundo se tiene un registro de 6.000 especies, de las cuales 1.650 están en el neotrópico, 238 en Colombia y 15 en Bogotá.

 

Este carismático grupo de insectos está categorizado como uno de los más antiguos del planeta, debido a que aún poseen características muy primitivas. Al igual que otros insectos, como las mariposas y los escarabajos, los odonatos son animales que poseen una amplia gama de coloración, tanto en sus alas como en su cuerpo, aunque no son tan diversos como estos.

 

Se caracterizan por poseer una larva acuática, conocida como náyade, la cual espera dentro del agua las condiciones ambientales propicias para pasar a adulto. La náyade es un depredador innato, lo que los cataloga dentro de los insectos más depredadores de la cadena y los hace excelentes controladores de otros insectos que, en ocasiones, son considerados como plagas, como el caso de los mosquitos y zancudos.

 

Asimismo, los odonatos han sido estudiados como potenciales bioindicadores de calidad del agua, ya que dependen en su totalidad de este medio para su completo desarrollo de vida. Además, también son importantes en la red trófica de los ecosistemas, debido a que hacen parte de la dieta de aves, anfibios, artrópodos y peces.

 

Tanto libélulas como caballitos del diablo hacen parte de este grupo. La deferencia entre el uno y el otro radica en que las libélulas son las que tienen tamaño grande, de cuerpo robusto, de ojos casi unidos en medio de la frente y, al posarse, las alas no las pliegan. Por su parte, los caballitos del diablo son aquellos de tamaño pequeño, de cuerpo delgado, sus ojos se encuentran cada uno a los lados y, al posarse, despliegan sus alas hacia atrás.

Según recientes datos, se estima que en el mundo hay un total de 6.000 especies reconocidas, 1.650 en el neotrópico, 238 especies distribuidas en 17 familias en Colombia y, de estas, aproximadamente 15 están en Bogotá, distribuidas en tres familias, principalmente Coenagrionidae, Aeshnidae, y Libellulidae.

 

A continuación presentamos las ocho más comunes de la capital:

Mesamphiagrion laterale: Se caracteriza por ser una de las especies con mayor rango de distribución, al encontrarse en casi todos los humedales. Se reconocen fácilmente por su patrón de coloración azul.

 

mesamphiagrion-laterale

 

Enallagma civile: Se reconoce fácilmente por el patrón de coloración en su abdomen azul-negro-azul, con las dos bandas azules en los últimos segmentos abdominales. La hembra es de coloración café-marrón-café. Suelen poner sus huevos dentro de raíces y hojas de plantas acuáticas sumergidas.

 

enallagma-civile

 

Ischnura cruzí: Es una de las especies más pequeñas de caballito del diablo, dificultando su observación en el medio.

 

Ischnura cruzí

 

Ischnura chingaza: Al igual que I.cruzí presenta un pequeño tamaño, además de caracterizarse por su color verde oliva en todo el cuerpo, incluyendo los ojos.

 

ischnura-chingaza

 

Rhionaeschna marchali: Es una de las especies más grandes que se encuentran en Bogotá, se caracteriza por su cuerpo robusto con colores metalizados en gamas de verde-azul-amarillo, con dimorfismo sexual casi imperceptible. Gracias a su potente vuelo se pueden encontrar en zonas urbanas muy alejadas de cuerpos de agua.

 

rionaeschna-marchali

 

Sympetrum gilvum: Es una de las especies de libélulas más conocidas en Bogotá, se reconoce fácilmente por el color rojo intenso en los machos y amarillo-dorado en las hembras. Suelen verse fácilmente posados en pastizales o volando cerca al cuerpo de agua en defensa de territorio, en busca de alimento o para la reproducción.

sympetrum-gilvum

 

Erythrodiplax abjecta: Presenta una coloración abdominal café-azul en los machos y amarilla en las hembras. Son de tamaño mediano a pequeño y se encuentran principalmente en zonas donde hay gran diversidad de plantas acuáticas.

 

Erythrodiplax abjecta

 

Anax amazilí: Es una de las especies migratorias que se han registrado en Bogotá, al igual que R. marchali, es de gran tamaño y robusta, aunque sus patrones de coloración son un poco más oscuros y opacos.

La conservación de este grupo de insectos depende estrechamente de la protección de los hábitats que son importantes para su desarrollo. Las causas de la pérdida de biodiversidad se encuentran relacionadas, principalmente, por el deterioro progresivo de los humedales (y otros cuerpos de agua) que, en ecosistemas urbanos como Bogotá, son importantes y estratégicos, no solo para los Odonatos, sino también para una gran diversidad de fauna y flora.

 

 
 
 
 
 

Los 80 árboles que rememoran a los
seres queridos que ya no están

Los 80 árboles que rememoran a los seres queridos que ya no están

 

Con agrado y felicidad, los habitantes de la localidad de Engativá recibieron los 80 árboles plantados por la Administración en el Parque Gran Granada. Para algunos, estos nuevos individuos serán más que un árbol, pues simbolizarán a aquellas personas que ya no están.

Este es el caso de Geraldine Ramírez, quien plantó un roble junto con su hermana en honor a Cristian, un ser muy especial para su familia y a quien podrán recordar sin extensión de tiempo gracias a este árbol. Además, el roble dejará sentado en la tierra, un poco de las raíces de los Ramírez.

De esta manera queda demostrado que plantar especies como nogal, chicalá, roble y  carbonero rojo no solo mejoran la calidad del aire y filtran las partículas contaminantes, sino que también nos recuerdan a aquellos que ya no están, pero que queremos representar simbólicamente para sentirlos un poco más cerca.

En unos años, dichos árboles conformarán la familia más grande de árboles en la capital, al ser parte de los 444.401 árboles plantados en la capital por la Alcaldía de Bogotá.

 

El elixir de los griegos: aceite de cedro

El elixir de los griegos: aceite de cedro

 

Cuenta la leyenda que aquella especie nativa perteneciente a los bosques Andinos y subandinos, y de una altura que puede superar los 20 metros, era utilizada en la antigua Grecia para extraer una sustancia aceitosa con un aroma amaderado y balsámico. Todo era con fines religiosos.

El aceite de cedro se utilizaba en los ritos funerarios para embalsamar a los familiares muertos, con el fin de disminuir el olor putrefacto del cuerpo y permitir que el alma cumpliera el tránsito del mundo de los vivos al de los muertos y no vagará en la eterna angustia. 

Adicionalmente, con la madera del árbol se fabricaban sarcófagos (ataúdes). Precisamente, algunos todavía están en excelente condición después de 3.000 años.

El aceite esencial de cedro se extrae de la corteza o de las agujas. El aroma de esta especie combina muy bien con el aceite esencial de incienso, enebro, romero, ciprés, vetiver, azahar y madera de sándalo.

 

El elixir de los griegos: aceite de cedro

 

Sin duda alguna, existe un sinnúmero de historias escondidas en los tres billones de árboles que hay en el mundo, según recientes estudios de la Universidad de Yale (Estados Unidos), algunas de estas, claves para recordar la cultural de la humanidad.

 

El guardián de los árboles
de la localidad de Suba

El guardián de los árboles de la localidad de Suba

 

Pedro Pablo Molina Bermúdez es un amante de la naturaleza desde que era tan solo un niño, cuando le ayudaba a su padre en las labores del campo. Fue allí cuando descubrió que el tesoro más preciado para el hombre son los árboles, esos grandes, pequeños o medianos individuos encargados de producir oxígeno, purificar el aire y hacer los suelos fértiles.

Su amor por la naturaleza viene desde cuna, de hecho, de acuerdo con el señor Molina, desde los 15 años se dedicó a la agricultura, hasta que decidió enlistarse en el ejército, situación que no sería un impedimento para seguir trabajando en una de sus mayores pasiones: el medioambiente.

Sabio y con sentido de pertenencia por la naturaleza es como sus vecinos lo describen, los habitantes del conjunto Granada Norte, ubicado en la localidad de Suba, quienes además resaltan que el señor Molina siempre ha colaborado con la jardinería, plantaciones y el mantenimiento de los árboles del sector, desde hace más de siete años.

No obstante, no fue solo Molina quien aportó su granito de arena con la plantación, fueron 20 colegas más, junto con la Administración Distrital, los que lograron que hoy especies como el nogal, ligustro y carbonero rojo sean parte del arbolado de Suba y se conviertan en los nuevos vecinos de los capitalinos. 

Asimismo, la actividad estuvo acompañada con los diferentes proyectos y cursos ambientales que realiza Molina con la comunidad, desempeñándose como guía y guardián ambientalista de forma voluntaria. Además es el encargado del paisajismo del jardín y el encargado de la huerta escolar del colegio Hamelin Jardín y Liceo Pedagógico, donde aún sigue orientando los próximos guardianes ambientales, que velarán por el bienestar de los amigos verdes del señor Molina.

Completamos 11.042 árboles
plantados en Ciudad Bolívar

Completamos 11.042 árboles plantados en Ciudad Bolívar

 

Fortalecer el sentido de pertenencia en el barrio es uno de los objetivos de la comunidad de Ciudad Bolívar, que por iniciativa de Briyith Gómez, habitante del sector, y con el apoyo de la Alcaldía, se plantaron especies como, ligustro, chicalá, falso pimiento, polygala y caucho sabanero, en los alrededores del parque Urbanización La Serranía del Sur.

Estos nuevos árboles hacen parte del proyecto de paisajismo urbano de la Alcaldía de Bogotá, cuya finalidad es darle vida a los diferentes espacios de la ciudad, logrando un ambiente más verde, agradable y especial para los capitalinos. 

Como sus habitantes lo indican, este tipo de proyectos ambientales inician como algo pequeño en los parques, pero se espera que en algunos años se conviertan en espacios de esparcimiento familiar y apropiación ciudadana, y así garantizar la seguridad y felicidad de todos.

Hasta la fecha, la Alcaldía de Bogotá ha plantado 444.401 árboles en la ciudad, ratificando el compromiso de la Administración con el medioambiente de la capital.

Guía para visitar el Jardín durante
el Festival Brilla Colombia

Guía para visitar el Jardín durante el Festival Brilla Colombia

 

Del 16 de noviembre de 2019 al 12 de enero de 2020, el Jardín Botánico de Bogotá abre sus puertas a un festival pionero en el país: Brilla Colombia, un espacio para que los capitalinos conozcan algunas especies de la flora y fauna del territorio nacional, gracias a las 500 figuras gigantes hechas de seda y luces led.

Los interesados en asistir al festival deben tener en cuenta que el recorrido diurno en el Jardín será de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. y tendrá un costo de $16.000 por persona. A partir de las 6:00 p.m., y hasta las 11 p.m., será el horario nocturno, el cual tendrá un valor de $29.900 cada entrada, con un descuento especial para quienes paguen con la Tarjeta RappiPay: $26.000.

No obstante, para aquellos ciudadanos que únicamente deseen visitar nuestras colecciones, sin participar del Festival Brilla, hemos dispuesto de una ruta y una tarifa especial: $1.100 para adultos y $550 para niños entre los 4 y 12 años.

El ingreso y la salida, para aquellos que desean únicamente visitar nuestras colecciones, será por el parqueadero público, ubicado en la Bolera El Salitre, a tan solo un par de metros de la entrada habitual al Jardín Botánico.

A continuación les presentamos el mapa con las rutas disponibles, tanto para el Festival Brilla, como para los recorridos guiados por nuestras colecciones:

Mapa Brilla

 

 

 

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