Transparencia y acceso a información pública

En Las Margaritas ya crecen 148
nuevos árboles bien plantados

 

El sueño de hacer de Bogotá la ciudad con más árboles no para. 79 cedros y 68 eucaliptos pomarroso fueron plantados este martes en la avenida 19 con calle 153, un corredor importante para los ciclistas de la ciudad, que ahora podrán disfrutar de un aire más depurado.

En una nueva jornada de arborización para aumentar la cobertura vegetal de la capital, liderada por la Alcaldía de Bogotá, los niños, estudiantes y docentes del Instituto Roble participaron plantando 148 árboles nuevos. Las especies fueron seleccionadas teniendo en cuenta las condiciones de humedad; tipo de suelo; la precipitación; tipo de copa y permanencia del follaje; resistencia y tolerancia a la contaminación y estrés urbano, entre otros factores, para garantizar que la ciclorruta de la avenida 19 sea segura, con mayor visibilidad de los entornos, y con la mejor calidad de vida, gracias a la alta captación de CO2 que tienen los nuevos individuos plantados.

“Desde la docencia invito a los jóvenes y ciudadanos a que participen en estos procesos de plantación, porque no solo nos benefician a nosotros como transeúntes, sino a todas los animales que pueden alimentarse de ellos”, indicó Vanessa Velandia, docente de Biología del Instituto Roble.

Los 148 árboles nuevos se suman a los 115.131 individuos que ya tenemos plantados en la localidad de Usaquén. El objetivo es continuar con más jornadas de plantación, no solo en esta localidad, sino en toda Bogotá, en las que los ciudadanos sean los protagonistas y así generar un mayor sentido de apropiación por los árboles de la capital.

 

Con huertas escolares sembramos
inclusión en Bogotá

Con huertas escolares sembramos inclusión en Bogotá

 

Plántulas de acelgas, repollo, caléndula y arvejas crecen en la huerta que, bajo el acompañamiento del Jardín Botánico, ha sido construida en el Colegio Benjamín Herrera con todo el esmero de los alumnos del grado 1003, junto con los estudiantes de inclusión, quienes sin importar su discapacidad cognitiva o física participan en los proyectos de aprendizaje como cualquier otro joven, pues sus ganas de conocer y aprender del mundo son la herramienta principal para reconocerse a sí mismos como líderes.

“Es una forma de ponernos en los zapatos de los demás. A mí me causa curiosidad cómo es que los campesinos siempre producen los alimentos, se levantan muy temprano todos los días y nosotros lo hacemos cada ocho días en este espacio. Entonces tenemos la oportunidad de conocer este oficio”, dijo Alisson Castiblanco, estudiante de grado 1003.

En el proceso, alumnos y padres, quienes también participan en este proyecto con insumos económicos y materiales, han aprendido cómo crear su propio semillero desde la utilización de elementos cotidianos como cubetas de huevos, vasos plásticos u otros materiales, de esta manera eliminan las fronteras para tener su propia huerta en casa en un trabajo coordinado con sus pequeños.

“Yo creo que es muy importante que los niños sepan de dónde viene la comida. Es una forma de enseñarles que hay que ensuciarse las manos, que hay que trabajar duro para obtener los frutos, y eso les ayuda a valorar el alimento. Es por eso que como papás debemos acompañarlos, porque al vernos ahí van a decir ‘si mi mamá está ahí y puede, ¿por qué yo no?’”, contó Yolanda Bobadilla, madre de uno de los estudiantes de inclusión.

Ahora, los jóvenes esperarán pacientemente para no solo compartir de sus frutos, sino también ver cómo a través del tiempo, trabajo y amor se puede construir una Bogotá que reconoce a cada uno de sus ciudadanos como iguales sin importar las múltiples capacidades.

 
 
 

Flores y agua en el
Jardín de Noche de Mayo

 Flores y agua en el Jardín de Noche de Mayo

 

Este viernes 31 de mayo la Alcaldía de Bogotá trae con entrada gratuita y cupo limitado a partir de las 5:30 p.m., las mejores actividades nocturnas donde se mezclan el teatro, los conciertos y la naturaleza en el Jardín Botánico de Bogotá.

Como es habitual el último viernes de cada mes, Jardín de Noche llega con la tradicional bienvenida en la maloca indígena ‘Monifue Uruk’, donde vibrarán los sonidos con el instrumento amazónico manguaré. Además, los visitantes podrán participar en el recital de ‘Poesía sin fronteras’ un espacio donde la palabra tiene la fuerza de crear alrededor de la ecología.

Reviviendo el Festival del Río, el equipo teatral del Jardín presentará su obra enfocada en acciones divertidas para salvar las cuencas hídricas de la ciudad; allí grandes y pequeños podrán reconocer algunas especies vegetales y animales que conforman principalmente el río Bogotá. Dándole ritmo a la noche, la tarima del Jardín le dará paso a un especial de rock argentino con show de poesía incluido. Y para los oídos más clásicos, la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara tocará un repertorio de cuerdas inspirado en música colombiana.

Y por ser mayo el Mes de la Madre, la ciudadanía podrá participar en la maratón de las nuevas experiencias enfocadas en conocer las colecciones vivas que se encuentran en las instalaciones del Jardín, esta vez enfocadas en la temática ‘Flores Gump’, para saber todo sobre las formas de las flores, su genética, polinización y adaptación en nuestro ecosistema.

Jardín de Noche es una apuesta de la Bogotá Mejor Para Todos, que busca acercar a la ciudadanía a los espacios verdes, a la ciencia y a la cultura. Toda la información sobre la agenda se encuentra en nuestras redes sociales:

Facebook: Jardín Botánico de Bogotá
Twitter: @jbotanicobogota
Instagram: @jardinbotanicodebogota

 
 
 

La Alcaldía de Bogotá avanza
en el proyecto más grande de
restauración ecológica en toda su historia

 La Alcaldía de Bogotá avanza en el proyecto más grande de restauración ecológica en toda su historia

 

Cerca de 53 vuelos con dron fueron necesarios para cartografiar alrededor de 740 hectáreas (46 veces el Jardín Botánico de Bogotá) del Embalse de Tominé, con el objetivo de identificar la invasión de retamo espinoso, una de las cien especies más agresivas del mundo y entre las diez con más alto riesgo de invasión para Colombia, que hoy perjudica un millón de metros cuadrados del embalse.

Así se iniciaron las labores de restauración ecológica más grandes en toda la historia de la capital, las cuales hacen parte del Plan de Manejo Ambiental (PMA) del mega proyecto del Grupo de Energía de Bogotá y la Administración Distrital, que contempla la construcción de un parque turístico regional, amigable con el medioambiente, en los 50 kilómetros cuadrados del Embalse de Tominé, ubicado entre los municipios de Guatavita y Sesquilé, al norte de Bogotá.

Históricamente, el afluente ha servido para suministrarle agua a la planta Tibitoc, donde el líquido es tratado para volverlo potable y así beneficiar a los capitalinos. De acuerdo con el Grupo de Energía de Bogotá, el proyecto del Embalse de Tominé es el más importante en cuanto al mejoramiento de la calidad del agua y del uso del recurso hídrico con impacto local y regional, ya que es la reserva hídrica de la Sabana de Bogotá con mayor capacidad y disponibilidad.

Entre las principales labores del Plan de Manejo Ambiental de este proyecto está la erradicación y control del retamo espinoso, especie que actualmente tiene invadido el 10% de las 7.200 hectáreas que tiene el Embalse de Tominé, y que a partir de su creación en el año 1962 se ha ido extendiendo en forma gradual.

El retamo espinoso, conocido científicamente como Ulex europaeus, hace aumentar la probabilidad de incendios forestales y, como forma matorrales extensos, densos y homogéneos, actúa como barrera para reducir la capacidad de desarrollo de otras especies, impidiendo que puedan establecerse en dicha zona.

Entre las razones de cómo el Ulex europaeus se ha ido expandiendo en Colombia es por su capacidad regenerativa y reproductiva, pues basta con que un solo individuo se establezca en un área para adaptarse de la mejor forma, ya que usa estrategias reproductivas adaptadas para aprovechar el ambiente de la mejor forma (agua, viento, humedad, luz). Por otro lado, al ser una especie de ciclo corto entre floraciones, miembro de la familia de las legumbres (como la arveja), su estrategia principal es producir muchas semillas, incrementando la probabilidad de dispersión por todos los medios posibles.

Lo preocupante, de hecho, es que aunque actualmente el retamo está represado en la parte sur del afluente, gracias a que el cuerpo de agua presenta unas características ambientales que hacen que los vientos y el agua confinen esta especie y eviten su movimiento hacia la parte norte, no obstante, puede ocurrir que, en cualquier momento, dichas condiciones cambien y causen que el retamo continúe invadiendo.

Es importante resaltar que el embalse recibe agua desde cuencas aledañas a Chingaza, por lo que todas las semillas de retamo que vienen desde la parte alta de la cuenca se depositan en la base del embalse, lo que provoca que esta especie invasora se extienda. Por esta razón, y en cumplimiento al PMA, el mayor reto es quitar todo tipo de vegetación leñosa desde la cota de inundación hacia a la parte baja del embalse, y así garantizar que la especie no exista dentro del cuerpo de agua.

Estas labores, que se inciaron en el marco de los 20 años de trabajo de restauración ecológica en el Jardín Botánico de Bogotá, y que están contempladas en el proyecto de inversión de investigación para la conservación de los ecosistemas y la flora de Bogotá (estipulados en el Plan de Desarrollo), se hacen por primera vez bajo la modalidad de aviones no tripulados para el levantamiento de cartografía y el análisis de cobertura invasora de retamo dentro del embalse.

La idea de este proyecto es probar las metodologías científicas ya aprobadas, nacionales e internacionales, para el control del retamo espinoso y así, al finalizar el proyecto, generar la mejor forma de erradicar esta especie invasora.

 
 
 

Un nuevo hito para la memoria ambiental:
el sietecueros de los líderes de Bogotá

 Un nuevo hito para la memoria ambiental: el sietecueros de los líderes de Bogotá

 

Han pasado 22 años desde que las vidas de Mario Calderón,  Elsa Alvarado y Carlos  Alvarado (padre de Elsa)  se apagaron luego de  un  atentado  terrorista  en  su  apartamento  en  Bogotá. Los líderes eran distinguidos por luchar contra la desigualdad y el daño ambiental en el  páramo  de Sumapaz, debido a los enfrentamientos que se desarrollaban en  la zona entre la guerrilla y el ejército. Hoy, en conmemoración, familiares, amigos y  compañeros  del Centro de Investigación  y Educación Popular (CINEP) revivieron sus sueños y memoria  a través  de un  sietecueros, la especie que dio paso al amor en esta pareja.
 
La ceremonia se desarrolló en  los  jardines  del  Centro  de  Memoria, allí, los  eventos que  marcaron  la historia  del  conflicto en el  país  se  encuentran representados en árboles  que  han sido  plantados de la mano de la Alcaldía de Bogotá. 
 
“Esta  siembra  simbólica tiene un significado  doble: la memoria de  ellos, pero  también la  de todos los defensores  del  medioambiente. Por eso, el trabajo  articulado  con el  Jardín Botánico nos permite cuidar de este jardín y lograr que cada árbol plantado no sea un acto  de un solo día, sino que pueda  perdurar  en el  tiempo”, dijo Arturo Charria, coordinador del  Centro  de Memoria.
 
Los proyectos educativos e investigativos que la pareja  lideraba desde el CINEP  fueron  la razón por la que se crearon  grandes lazos de  amistad que llevaron a que hoy, en  esta ceremonia,  se  plantara  un  hermoso  sietecueros, el cual era  el  preferido  por Mario porque, aparte  de  ser  muy  colorido,  es un  árbol que  sirve  de  alimento  para la avifauna y, con su  flor,  la cual se constituye  de  cinco  pétalos  con  pintas amarillas muy vistosas, permite la polinización. Además, su corteza se caracteriza por despellejarse constantemente como forma de  repeler a cualquier  maleza.
 
“En la casa de nosotros siempre había  un sietecueros, por  eso  la  entrada  era  morada,  muy  colorida.  A mi papá y a Mario les encantaba ese  árbol”, contó con nostalgia Elvira  Alvarado,  hermana de Elsa.
 
Ahora Elsa y Mario tienen un  lugar más donde ser recordados. Se sabe  que en los corazones de sus seres queridos jamás morirán, y es por  esto que sus ideas  con este árbol siempre perdurarán.

 
 

Dime qué hoja es y
te diré de qué árbol viene

En Bogotá  hay 1´298.203 árboles que  tienen  una gran importancia  ecológica, pues además de proveer  refugio y  alimento para la avifauna, son atractivos para los  polinizadores y reducen  el ruido  y las  altas temperaturas de  la  ciudad.

Es por  esto que al caminar por  cualquier  calle  o  parque  no deberíamos  pasarlos por alto,  pues  construyen una  identidad  única  con  la  capital.  Hoy  te  enseñamos a reconocer algunas  de  las  especies más frecuentes en el arbolado  de la  ciudad por medio  de sus  hojas y que te ayudarán a apropiarte de la naturaleza capitalina.

 

Liquidambar

Nombre común: Liquidámbar
Nombre Cientifico: Liquidambar styraciflua
Hay 17.067 individuos en la capital que acompañan a los bogotanos con su frondosidad característica. Sus hojas son similares a una pequeña mano y puedes encontrarlas en color rojo, amarillo, verde y naranja. Además, al macerar alguna de ellas se percibe un olor muy agradable. Su textura es muy suave y lisa y los bordes son aserrados, es decir, se asemejan a los dientes de un serrucho. El Liquidámbar tiene un fruto similar a un erizo, por su forma y las pequeñas púas que lo acompañan, de hecho, si encuentras alguno de estos en el suelo da por seguro que estás muy cerca a un individuo de liquidámbar.
 
 

Nogal

Nombre común: Nogal
Nombre Cientifico: Juglans neotrópica
Gracias a su resistencia a la contaminación, valor paisajístico e histórico y su longevidad, desde el 2002 el Nogal es el árbol insignia de Bogotá. Se caracteriza por tener un tallo bastante recto, cualidad por la cual los muiscas lo consideraban un medio de comunicación entre la tierra y el cielo. En sus hojas podrás encontrar que están distribuidas en filas y responden de par a par, cada una de ellas es ovalada y tienden a ser de color verde ocre.

 

Caucho

Nombre común: Caucho Sabanero
Nombre Cientifico: Ficus americana subsp. andicola
Se caracteriza por sus hojas ovaladas, las cuales son  de textura dura, las cuales se asemejan al cuero. Los frutos  son pequeños y similares a las brevas. El caucho sabanero se caracteriza por el látex que segrega de las ramas y el  tallo.


 

Siete Cueros

Nombre común: Sietecueros
Nombre Cientifico: Tibouchina lepidota
Le debe el nombre al comportamiento del tallo, pues renueva constantemente su corteza como método de defensa contra plantas parásitas u otros factores, por eso parece que tuviese muchas capas. Cuando se palpa su hoja también se percibe la textura de un cuero en la parte superior. Mientras que en la inferior es rugosa. Su forma se caracteriza por tener una nervadura central - línea que divide una hoja- y varias paralelas que inician en la base y terminan  en la punta. Comparte esta característica con primas de su misma familia, las Melastomataceae.
 



 

Yarumo

Nombre común: Yarumo
Nombre Cientifico: Cecropia telenitida
Sus grandes hojas, aparte de ser palmeadas, parecen plateadas gracias a los pelos que la protegen de los rayos del sol. Son grandes, aproximadamente de 50 centímetros por 50 centímetros. Su textura es dura y muy resistente. El yarumo se caracteriza por ser un árbol que conserva bastante humedad en su interior, por eso tradicionalmente se plantaban cerca de las fuentes hídricas a espera de que las conservara.

Salvamos palma que estaba
en inminente riesgo de morir

Alcaldía  salvó  palma que estaba en riesgo de morir

 

Ahogada  y  sin  nutrientes  estaba  la  palma washintonia que por  25  años  ha acompañado a los transeúntes de la calle 79 con avenida novena. Trataba de sobrevivir mientras  una  hiedra  de gran  envergadura abrazaba su estípite quitándole  toda  su  vitalidad.  Es  por  esto  que  la Alcaldía  de Bogotá intervino  para  prolongar  su vida.

 “Trabajo en esta esquina hace 15 años aproximadamente. He visto su crecimiento desde que tenía como tres metros de altura, por  eso  a los que pasaban  por  aquí  les decíamos que no la iban a quitar, sino que la iban a curar”, contó con emoción Miriam Fonseca, vendedora del sector, a quien le alegró  que retiraran  la hiedra del  fuste de la palma.
 
La alta frondosidad que tenía la hiedra  se prestaba para ser refugio de roedores, insectos y generar pudrición,  razón por la cual se hacía urgente una intervención que de no ser por la Alcaldía de Bogotá hoy la palma no haría parte de nuestro patrimonio vegetal.
 
A  través del Jardín  Botánico se retiró exitosamente un 70% de la planta parásita, pues si se quitaban completamente las raíces de la hiedra, que han estado  por mucho  tiempo en el cuerpo  de la palma, se hubiesen podido generar heridas en la corteza de la washintonia.
 

En la ciudad hay 594  palmas  washintonia, las cuales se caracterizan por tener porte alto, hojas aserradas y,  como  todas las palmas, van soltando  sus hojas secas a medida que crecen, comportamiento  que estaba siendo  afectado por la hiedra. 
Por eso  con  las herramientas más especializadas se retiró esta enredadera y la palma  espera recuperarse  en  su  totalidad para seguir prestando los servicios  ecosistémicos en la zona.

 

Las huertas de mamá:
el futuro de Bogotá

Madres2019

 

“Cuando  riegas y abonas  tu huerta con materiales orgánicos que salen de tu cocina sabes  que lo que estás  comiendo  y lo que comerán tus  hijos es algo  sano  que traerá  bienestar a todos”. Con estas palabras Paola  Jiménez, madre  e ingeniera  química, resaltó  la importancia  de las huertas  urbanas en la  capital, pues  son las  buenas  prácticas ecológicas del  futuro de Bogotá.

 
Nada  se compara  con  comer  algo  que fue  cultivado  con nuestras propias  manos,  es  por  esto  que, en  muestra  de cariño  hacia las mamás bogotanas, la Alcaldía de Bogotá  realizó  un  taller  de  agricultura  urbana especialmente para  ellas. 
 
Madres  en  compañía  de  algunos  de sus hijos y familiares asistieron  a la actividad  en  el  Jardín Botánico de  Bogotá, donde no solo recibieron capacitaciones  teóricas dadas  por  los profesionales de la entidad, sino que también aprendieron  sobre las buenas  prácticas agroecológicas  antes  de tener una huerta, como la planeación al momento de sembrar las semillas, la creación  de compostaje, el  control  de plagas en sus cultivos, la distancia entre  cada  planta y  las  labores  culturales como podas, tutorados y riegos, entre otras. 
 
Asimismo, aprendieron la importancia de cuidarse a sí mismas, tanto como a la madre tierra, por recompensa  a sus sacrificios diarios.
 
Ya en la  práctica, estas valientes mujeres crearon  su  primer compostaje formado  principalmente con material  vegetal  que se encuentra en  sus cocinas como cáscaras de huevo, hojas de  lechuga, espinaca o  repollo; sembraron  sus primeras  semillas  de cilantro  y plantaron  algunas hortalizas. 
 
Al final de la jornada, y como detalle especial por el mes de la madre, el Jardín Botánico les enseñó cómo hacer una  crema  de caléndula que ayuda  a humectar  la piel, aliviar dolores  y  quitar las imperfecciones. 

“¡Salgo  muy  motivada  a tener mi propia  huerta. Aunque  tengo  un  apartamento pequeño, voy  a empezar  ahí y  luego miraré de  qué manera  puedo tener una más grande!”, concluyó  Paola  Jiménez, mostrando su  agradecimiento por las prácticas agroecológicas recibidas en el primer taller de agricultura urbana para madres.

Así sembramos el futuro
de Bogotá

Vivero la Florida

 

Cerca de 138.077 individuos vegetales están albergados hoy en el Vivero la Florida y el Túnel de Propagación, dos espacios que hacen posible la siembra del futuro de nuestra ciudad.

Plantar un árbol no es tarea fácil. Es indispensable diseñar y evaluar el terreno para garantizar que los árboles tengan el espacio adecuado para desarrollarse de la mejor manera; visualizar el futuro del paisaje y, especialmente, identificar y seleccionar las especies que mejor se adaptan al lugar que desea arborizar. Precisamente, gracias a un equipo de profesionales del Jardín Botánico se trabaja constantemente para asegurar que los árboles de Bogotá sean los mejores del país.
 
El proceso de siembra se inicia desde el Vivero La Florida y el Túnel de Propagación, donde ingenieros forestales y biólogos recopilan y consultan en el Herbario del Jardín Botánico la información de las coordenadas de las muestras de semillas que deben ser recolectadas para plantar. Una vez identificada la ubicación, los profesionales salen a las fuentes semilleras de la ciudad en busca del material vegetal.
 
Entre  cuatro y cinco salidas al mes son necesarias para recolectar las mejores semillas, tanto en zonas urbanas como de restauración ecológica, las cuales llegarán a los viveros para dar inicio al proceso de propagación y así, incrementar los árboles con los que se arborizará la capital.
 
El proceso de propagación puede darse por semillas o de manera asexual. Con el primer método, las semillas se ponen a germinar y se monitorean constantemente para verlas crecer. Unas tardan hasta dos años en germinar, como el tuno y el mortiño, utilizados para restauración ecológica; mientras que otras tan solo tardan tres meses, como el nogal y el cedro, empleados en la arborización urbana también.  Si el proceso es de manera asexual o vegetativa, los rizomas, bulbos o material vegetal se ubican en tierra para que broten raíces.
 
Cuando ya las plántulas tienen un tamaño de entre 10 a 15 centímetros y están con hojas reales, pasan a bolsa. Dicho proceso es denominado era de crecimiento, en el que se puede establecer cuántos árboles de cada especie estarán listos, en unos meses, para el suelo capitalino. 
 
Una vez en bolsa y con el tamaño ideal, pueden ser plantados en la ciudad, ya sea en espacio urbano, como para zonas de restauración ecológica y jardinería. Para el caso de las zonas de restauración ecológica, los individuos son de 50 centímetros a 2.10 metros de altura; mientras que para arborización urbana el requerimiento es de 1.50 a 3.60 metros de alto.
 
Con los árboles listos se hace un análisis específico de los espacios, como por ejemplo las condiciones de humedad de cada zona de la ciudad, el tipo de suelo, la precipitación, tipo de copa y permanencia del follaje, la distancia entre un árbol y otro (interdistancia) y la acumulación de agua por debajo de la superficie del suelo, entre otros factores, para garantizar que las especies seleccionadas para cada lugar puedan alcanzar su máximo potencial y la prestación de los servicios ecosistémicos ideales y acordes al lugar de emplazamiento.
 
Actualmente, el Túnel de propagación tiene listos 2.519 individuos, mientras que La Florida 62.440. No obstante, solo entre 2016 y 2018, el Vivero La Florida, el más grande que tiene el Jardín Botánico (3.2 hectáreas), registró la salida de 397.927 individuos.

De esta manera, la Alcaldía de Bogotá, a través del Jardín Botánico, ha plantado hasta la fecha 120.252 árboles nuevos en toda la ciudad. 

Jardín Botánico de Bogotá, pionero
en la implementación de hoteles
para abejas en la capital

Jardín Botánico de Bogotá, pionero en la implementación de hoteles para abejas en la capital

 

De las cerca de 20.000 especies de abejas en el mundo, aproximadamente 600 están en Colombia; entre 30 y 40 en Bogotá; unas 18 en el Jardín Botánico de la capital y de estas, tres especies hoy son huéspedes fieles de los domicilios artificiales ubicados dentro de la entidad.

Como si se tratara de un alojamiento cinco estrellas, en medio de materiales naturales (como tallos de diferentes plantas, tallos con médula blanda) y de otros como pitillos plásticos, de papel y madera con perforaciones de diferentes diámetros, las abejas solitarias que viven en la ciudad arriban a estos hoteles para hacer sus nidos, dejar sus huevos, protegerse del frío, pasar la noche o, incluso, pasar largas temporadas tras su ardua labor de polinización.

La idea de que la Administración Distrital le apostara a crear estos albergues para abejas, que surgió ante la preocupante reducción en las interacciones y en las poblaciones de los polinizadores alrededor del mundo, fue con el propósito de, no solo contribuir a la conservación de estas especies, sino como una excelente herramienta para fomentar la investigación del comportamiento de estos insectos, y como elemento de sensibilización para los visitantes del jardín.

Es por ello que la Alcaldía de Bogotá viene desarrollando desde hace un año una investigación con tres módulos instalados en diferentes puntos del Jardín Botánico, de los cuales, el que está ubicado en el sector de páramo ha registrado la presencia de tres especies nativas de Colombia, las cuales, ya han completado 85 nidos activos en el alojamiento.

Básicamente, a los albergues para abejas llegan principalmente las hembras apareadas con capacidad para poner huevos, quienes construyen celdas y en cada una depositan un huevo con comida y, finalmente, cierran con un tabique. Una vez la abeja finaliza su labor dentro del hotel, se marcha en busca de otro lugar para colonizar, pero los huevos se quedan y se desarrollan dentro del alojamiento, salvaguardados de otros insectos, de las aves y de la intemperie. Más adelante, las abejas que nacen allí, incluso, pueden reutilizar el espacio.

Como hallazgo importante de la investigación, se encontró que en el hotel instalado en el sector de páramo (representación de uno de los ecosistemas clave de la zona altoandina y de Bogotá) llegaron las abejas, especialmente de la especie Colletes sp., convirtiéndose en un indicador de salud, pues lo plantado a su alrededor es adecuado con estos polinizadores.

En cuanto a la estructura instalada, se trata de un módulo alejado del suelo para evitar la humedad y que otros insectos se suban; está protegido con un techo para resguardarlo de la lluvia; además, está ubicado estratégicamente donde hay buena iluminación y  recursos alimenticios alrededor, garantizando un buen espacio para estos insectos.

La lucha por brindarles un hábitat adecuado a las abejas es cada vez más apremiante, pues la ausencia de espacios óptimos para ellas y otros polinizadores podría conducir a una disminución de la polinización, un beneficio ecosistémico para la conservación de la diversidad biológica, de los ecosistemas mismos, la producción de alimentos y la economía mundial.

Precisamente, cerca del 75% de los cultivos del mundo dependen de la polinización. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las abejas silvestres son un importante elemento para la polinización, un indicador de la salud del medioambiente y, a su vez,  reflejan la diversidad biológica.

Sin embargo, los servicios de polinización han mostrado una tendencia decreciente en todo el mundo, lo que afecta directamente a los cultivos y la nutrición.

Actualmente, factores como plaguicidas, enfermedades, efectos del cambio climático y la llegada de especies exóticas (desplazamiento) plantean problemas, no solo para los polinizadores, sino en la calidad de los alimentos que producimos. De hecho, si continúa la disminución de la polinización, algunos cultivos dejarían de existir.

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