Transparencia y acceso a información pública

2019

2019 (133)

La historia detrás de los caballitos del diablo
y las libélulas de Bogotá
 

Debido a su posición geográfica, Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del mundo. Sus selvas húmedas y secas, sabanas de bosque de clima templado, bosques de niebla, páramos, ríos, costas y bosques altoandinos, entre otros, hacen del país un territorio con alta riqueza de fauna y flora. Para el caso de Bogotá, los santuarios, reservas forestales y los parques ecológicos con los que cuenta, convierten a la capital en el hábitat de un sinfín de especies por describir y descubrir como los odonatos.

 

Conocidos comúnmente con el nombre de libélulas, matapiojos o caballitos del diablo, los odonatos son un grupo de insectos que dependen de los afluentes de agua para su desarrollo y, además, cumplen un papel ecológico importante dentro del ecosistema. Actualmente, en el mundo se tiene un registro de 6.000 especies, de las cuales 1.650 están en el neotrópico, 238 en Colombia y 15 en Bogotá.

 

Este carismático grupo de insectos está categorizado como uno de los más antiguos del planeta, debido a que aún poseen características muy primitivas. Al igual que otros insectos, como las mariposas y los escarabajos, los odonatos son animales que poseen una amplia gama de coloración, tanto en sus alas como en su cuerpo, aunque no son tan diversos como estos.

 

Se caracterizan por poseer una larva acuática, conocida como náyade, la cual espera dentro del agua las condiciones ambientales propicias para pasar a adulto. La náyade es un depredador innato, lo que los cataloga dentro de los insectos más depredadores de la cadena y los hace excelentes controladores de otros insectos que, en ocasiones, son considerados como plagas, como el caso de los mosquitos y zancudos.

 

Asimismo, los odonatos han sido estudiados como potenciales bioindicadores de calidad del agua, ya que dependen en su totalidad de este medio para su completo desarrollo de vida. Además, también son importantes en la red trófica de los ecosistemas, debido a que hacen parte de la dieta de aves, anfibios, artrópodos y peces.

 

Tanto libélulas como caballitos del diablo hacen parte de este grupo. La deferencia entre el uno y el otro radica en que las libélulas son las que tienen tamaño grande, de cuerpo robusto, de ojos casi unidos en medio de la frente y, al posarse, las alas no las pliegan. Por su parte, los caballitos del diablo son aquellos de tamaño pequeño, de cuerpo delgado, sus ojos se encuentran cada uno a los lados y, al posarse, despliegan sus alas hacia atrás.

Según recientes datos, se estima que en el mundo hay un total de 6.000 especies reconocidas, 1.650 en el neotrópico, 238 especies distribuidas en 17 familias en Colombia y, de estas, aproximadamente 15 están en Bogotá, distribuidas en tres familias, principalmente Coenagrionidae, Aeshnidae, y Libellulidae.

 

A continuación presentamos las ocho más comunes de la capital:

Mesamphiagrion laterale: Se caracteriza por ser una de las especies con mayor rango de distribución, al encontrarse en casi todos los humedales. Se reconocen fácilmente por su patrón de coloración azul.

 

mesamphiagrion-laterale

 

Enallagma civile: Se reconoce fácilmente por el patrón de coloración en su abdomen azul-negro-azul, con las dos bandas azules en los últimos segmentos abdominales. La hembra es de coloración café-marrón-café. Suelen poner sus huevos dentro de raíces y hojas de plantas acuáticas sumergidas.

 

enallagma-civile

 

Ischnura cruzí: Es una de las especies más pequeñas de caballito del diablo, dificultando su observación en el medio.

 

Ischnura cruzí

 

Ischnura chingaza: Al igual que I.cruzí presenta un pequeño tamaño, además de caracterizarse por su color verde oliva en todo el cuerpo, incluyendo los ojos.

 

ischnura-chingaza

 

Rhionaeschna marchali: Es una de las especies más grandes que se encuentran en Bogotá, se caracteriza por su cuerpo robusto con colores metalizados en gamas de verde-azul-amarillo, con dimorfismo sexual casi imperceptible. Gracias a su potente vuelo se pueden encontrar en zonas urbanas muy alejadas de cuerpos de agua.

 

rionaeschna-marchali

 

Sympetrum gilvum: Es una de las especies de libélulas más conocidas en Bogotá, se reconoce fácilmente por el color rojo intenso en los machos y amarillo-dorado en las hembras. Suelen verse fácilmente posados en pastizales o volando cerca al cuerpo de agua en defensa de territorio, en busca de alimento o para la reproducción.

sympetrum-gilvum

 

Erythrodiplax abjecta: Presenta una coloración abdominal café-azul en los machos y amarilla en las hembras. Son de tamaño mediano a pequeño y se encuentran principalmente en zonas donde hay gran diversidad de plantas acuáticas.

 

Erythrodiplax abjecta

 

Anax amazilí: Es una de las especies migratorias que se han registrado en Bogotá, al igual que R. marchali, es de gran tamaño y robusta, aunque sus patrones de coloración son un poco más oscuros y opacos.

La conservación de este grupo de insectos depende estrechamente de la protección de los hábitats que son importantes para su desarrollo. Las causas de la pérdida de biodiversidad se encuentran relacionadas, principalmente, por el deterioro progresivo de los humedales (y otros cuerpos de agua) que, en ecosistemas urbanos como Bogotá, son importantes y estratégicos, no solo para los Odonatos, sino también para una gran diversidad de fauna y flora.

 

 
 
 
 
 

Conoce los briófitos que crecen
en la madera en descomposición
 

Lophocolea Bidentata

 

Como si se tratara de la piel de la tierra, los briófitos son un grupo de plantas que se encuentran representados por los musgos, hepáticas y antocerotes, los cuales son de gran importancia en los ecosistemas, gracias a que son agentes mitigadores de erosión, refugio de algunos invertebrados y bioindicadores de contaminación atmosférica, además, de participar en los ciclos del agua y del carbono.  

En Colombia, el grupo de las hepáticas representa cerca del 60% de las especies registradas en toda América tropical y casi una sexta parte de las del mundo. En cuanto a musgos, el estimado puede estar alrededor de un 35% de las especies encontradas en el neotrópico y una décima parte de las especies encontradas a nivel mundial.

Estos organismos crecen en diferentes tipos de sustrato, como el suelo, las rocas, las cortezas de los árboles, la madera en descomposición y la hojarasca, entre otros. Dichos sustratos conforman un microhábitat perfecto para su crecimiento, como el caso de la madera en descomposición, la cual absorbe mucha más agua y ofrece características físicas y químicas especiales para este grupo vegetal.

Dada la importancia de estas especies en nuestros ecosistemas, el Jardín Botánico de Bogotá realizó una investigación en el Parque Natural Chicaque (Cundinamarca), con la finalidad de conocer las especies que crecen en la madera en descomposición e identificar las condiciones microambientales propicias para su establecimiento.

Dentro de la caracterización efectuada se evaluaron 45 troncos, donde se tomaron en cuenta variables físicas del tronco como el pH, hidrofobicidad y grado descomposición. De acuerdo con los resultados, se evidenció que el grupo más diverso corresponde a las hepáticas, con 37 especies, donde Lophocolea bidentataRadula pusilla y Riccardia poeppigiana fueron las más abundantes.

Por su parte, en el grupo de los musgos se encontraron 34 especies, donde Isopterygium tenerifoliumBrachythecium occidentale y Cyclodictyon albicans fueron las más diversas. Asimismo, se observó que las variables evaluadas (pH, hidrofobicidad y grado descomposición) no ejercieron una influencia significativa en la distribución de las especies registradas, lo cual puede atribuirse a la dominancia del macroclima regional, así como a la frecuencia de especies generalistas.

Gracias a este estudio se pudo observar el efecto de los patrones físicos de la madera sobre la distribución y diversidad de los briófitos en este sustrato para que, a futuro, puedan replicarse en el Jardín Botánico con el fin de enriquecer la colección viva de briófitos.

 
 
 
 

Guía para visitar el Jardín durante
el Festival Brilla Colombia

Guía para visitar el Jardín durante el Festival Brilla Colombia

 

Del 16 de noviembre de 2019 al 12 de enero de 2020, el Jardín Botánico de Bogotá abre sus puertas a un festival pionero en el país: Brilla Colombia, un espacio para que los capitalinos conozcan algunas especies de la flora y fauna del territorio nacional, gracias a las 500 figuras gigantes hechas de seda y luces led.

Los interesados en asistir al festival deben tener en cuenta que el recorrido diurno en el Jardín será de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. y tendrá un costo de $16.000 por persona. A partir de las 6:00 p.m., y hasta las 11 p.m., será el horario nocturno, el cual tendrá un valor de $29.900 cada entrada, con un descuento especial para quienes paguen con la Tarjeta RappiPay: $26.000.

No obstante, para aquellos ciudadanos que únicamente deseen visitar nuestras colecciones, sin participar del Festival Brilla, hemos dispuesto de una ruta y una tarifa especial: $1.100 para adultos y $550 para niños entre los 4 y 12 años.

El ingreso y la salida, para aquellos que desean únicamente visitar nuestras colecciones, será por el parqueadero público, ubicado en la Bolera El Salitre, a tan solo un par de metros de la entrada habitual al Jardín Botánico.

A continuación les presentamos el mapa con las rutas disponibles, tanto para el Festival Brilla, como para los recorridos guiados por nuestras colecciones:

Mapa Brilla

 

 

 

Claves para propagar la flor
insignia de Bogotá

Claves para propagar la flor insignia de Bogotá
Foto: Juan Camilo Ordoñez

 

Adoptada como la flor de la capital en el año 2003, la Oncidium luteopurpureum es una orquídea endémica de Colombia caracterizada por sus flores grandes y vistosas, sus pétalos amarillos de manchas color marrón, su tolerancia al clima frío y su necesidad de una alta humedad. En Bogotá, además, se destaca por encontrarse bajo las copas de los árboles, especialmente de aquellos que están ubicados en los cerros cercanos de la ciudad​.

Ubicadas a una altura entre los 2.200 y 3.000 metros sobre el nivel del mar, las ​plantas de Oncidium luteopurpureum se encuentran en la categoría de ‘Casi Amenazada’, de acuerdo con el Libro Rojo de Plantas de Colombia. Precisamente,  algunas investigaciones realizadas por el Jardín Botánico de Bogotá han logrado establecer que de esta especie tan solo  se reconocen cerca de diez  poblaciones naturales en seis localidades de Cundinamarca.

Entre las mayores amenazas que hoy enfrentan las orquídeas está la fragmentación de su hábitat natural, ocasionada principalmente por la expansión de la frontera agrícola y la deforestación, la cual ha aumentado hasta en un 44% en Colombia, afectando principalmente a la región Andina, una de las más deforestadas,  y el bosque de niebla, el ecosistema preferente para la Oncidium luteopurpureum, y declarado como uno de los más amenazados del mundo.

Por esta razón, y como una estrategia para revertir los efectos negativos que trae consigo la degradación de los ecosistemas, el Jardín Botánico de Bogotá trabaja diariamente en la propagación de estas especies. Sin embargo, en las orquídeas la propagación en estado silvestre presenta algunas limitaciones como su lento crecimiento, la tardanza en la floración y el cuajado de las cápsulas (frutos), lo que dificulta más su conservación. Además, sus semillas  son llamadas “semillas de polvo”, debido a su tamaño reducido (unos cuantos milímetros) y a la carencia de nutrientes de reserva que facilitan su germinación.

En medio natural, la germinación en estas plantas se da solo si se establece la simbiosis (asociación) con un hongo micorriza, el cual abastece con azúcares y nutrientes a las plantas jóvenes hasta que sean lo suficientemente grandes para fabricar su propio alimento. Es por esto que el Jardín Botánico de Bogotá, por medio de la Subdirección Científica, ha sumado esfuerzos para incrementar el conocimiento biológico de las orquídeas, a través del establecimiento de protocolos de propagación in vitro como estrategia de conservación ex situ.

Para propagar in vitro la orquídea O. lutepurpureum se parte de semillas extraídas de las capsulas, las cuales se siembran en medios de cultivo que contienen nutrientes necesarios para que estas germinen. Generalmente, están suplementados con extractos orgánicos como el agua de coco, la pulpa de banano, jugo de piña o de tomate, que además de vitaminas, enzimas y fuentes nitrogenadas, contienen fitohormonas que promueven el desarrollo de las estructuras tipo protocormos, es decir, aquellas que se forman cuando una semilla de esta especie  germina.

La obtención de plántulas completas se da a los 45 días de siembra, posteriormente, es necesario realizar trasferencia a nuevos medios para inducir el crecimiento de las plántulas. Pasados 90 días se obtienen plantas con brotes axilares y crecimiento activo de raíces. Estas plantas (vitroplantas) son sembradas en sustratos especiales como fibra de coco, corteza de pino o carbón vegetal y mantenidas en invernadero. Esta es la etapa  final de propagación, en donde se verifica la eficiencia del proceso y la calidad de las plantas producidas in vitro.

El material vegetal producido a través del cultivo in vitro hace parte del Banco de Germoplasma in vitro del Jardín Botánico, en el que se resguarda y protege la biodiversidad vegetal que presenta algún riesgo de extinción, como es el caso de la flor insignia del distrito capital. No obstante, estas vitroplantas también pueden ser utilizadas en programas de restauración y replantación de ecosistemas perturbados,  lo que contribuye a la conservación y el uso sostenible de las especies vegetales presentes en Bogotá y la región.

 

 

Por primera vez, llega al Jardín Botánico
con la exposición de Bromelias

Por primera vez, ‘Un oasis de color’ llega al Jardín Botánico con la exposición de Bromelias

 

Vistosas y coloridas, así son las legendarias flores de las bromelias, un importante grupo de plantas que desde hace cientos de años ha cautivado a los más exigentes públicos y horticultores, y las cuales  llegarán al Jardín Botánico de Bogotá para develarnos todos sus secretos y deleitarnos con sus seductoras formas.

Del 9 al 11 de noviembre, cerca de 600 individuos de 34 especies diferentes estarán exhibidos en esta primera versión de la exposición, en la que, además, tendremos individuos de especies nativas de Colombia, exóticas provenientes de Brasil, Ecuador y Perú y algunos cultivares.

Con el lema “Un oasis de color”, la exposición dará a conocer una parte de este grupo de plantas epífitas que se aferran a la vida desde las alturas. Además, ofrecerá una amplia agenda cultural que contempla talleres para todas las edades, charlas y conversatorios que nos ayudarán a entender la importancia de las bromelias.

 

Bromelias Nota2
 

“Son plantas principalmente bioindicadoras de la calidad del aire, por lo que su abundancia en lugares contaminados es nula. Por otro lado, participan activamente en el ciclo del agua, capturando grandes cantidades y liberándola lentamente al ecosistema, razones que las convierten en individuos importantes, no solo para los seres humanos, sino también para insectos, aves y otros organismos”, indicó Laura Mantilla, directora del Jardín Botánico de Bogotá.

Para acompañar esta exhibición, pequeños y adultos podrán disfrutar de una fascinante obra de teatro denominada ‘Una bromelia pa’l camino’, la cual narra los sucesos y recuerdos vividos por un campesino y su nieto durante una larga travesía para llegar a esta colorida exposición en la capital.

Los interesados en adquirir este tipo de plantas también podrán hacerlo gracias a los diferentes puntos de venta disponibles. El costo del ingreso a la exposición es de $5.200 para adultos y $2.100 para niños de 4 y 12 años.

 

Las aves que más visitan
los árboles de Bogotá

Las aves que más visitan los árboles de Bogotá

 

Entre los árboles y arbustos de la capital se refugian un sinfín de ellas. Sin importar la hora o el lugar, el canto de alguna siempre te ha de acompañar. Otras se dejarán fotografiar, mientras varias se esconderán entre las ramas de algún lugar. Con suerte, lograrás ver cómo extienden sus alas  y planean su mejor vuelo; la caza de una apetitosa lombriz que depositarán en el pico de sus polluelos; o la mirada de ellas en el horizonte disfrutando de las coberturas vegetales que Bogotá les ofrece. Así son las aves de la ciudad.

A través de diferentes investigaciones se ha logrado establecer que ciudades como Bogotá son lugares importantes para la avifauna, precisamente, ya se han registrado 235 especies de aves en la capital, las cuales pertenecen a 41 familias. De ellas, 170 son residentes, 73 migratorias y 68 son exclusivas del área rural de la ciudad, mientras que 26 son únicas del área urbana.

De acuerdo con estudios realizados por el Jardín Botánico en algunos puntos de los Cerros Orientales, área de vegetación nativa propia del ecosistema andino, se observó la interacción de 58 especies de aves con las diferentes plantas allí presentes, siendo el Chilco (Baccharis latifolia) la que mayor interacción tuvo con las aves, principalmente como sitio de percha de la avifauna. De las aves que se han observado haciendo uso del chilco están la chisga (Spinus spinescens), el barbudito (Mecocerculus leucophrys) y aves migratorias como la reinita gorginaranja (Setophaga fusca) y la especie casi endémica picocono rufo (Conirostrum rufum), entre otras.

En los Cerros orientales también se ha observado la estrecha relación de las aves con especies vegetales como el sauco (Sambucus nigra), arboloco (Smallanthus pyramidalis), aliso (Alnus acuminata), salvio negro (Cordia cylindrostachya), raque (Vallea stipularis), cucharo blanco (Myrsine latifolia), tuno esmeraldo (Miconia squamulosa) y eucalipto común (Eucalyptus globulus), entre otras, esta última es utilizada, principalmente, por el colibrí chillón (colibrí coruscans) y el toche (Icterus chrysater) para percha y canto.

Asimismo, en la ciudad se ha observado el uso que brindan diferentes especies del arbolado urbano como recurso alimenticio para la avifauna. Es el caso del picogordo (Pheuticus aureoventris) y el cascabelito (Forpus conspicillatus), que se han reportado alimentándose de las flores del arboloco; el gorrión de monte (Atlapetes pallidinucha) alimentándose de los frutos del cucharo blanco; la pava de monte (Penelope montagnii) alimentándose de las flores del sauco y de las flores de la curuba de monte; y el clarinero (Anisognathus igniventris) alimentándose del laurel de cera y el turno esmeraldo.

Otro grupo de aves que comunes en Bogotá y que se alimentan del néctar de las flores que ofrecen algunas plantas de nuestra ciudad, tanto en los parques como en los jardines y otras áreas verdes urbanas, son los colibríes y las diglossas.

Estas aves, y muchas otras que han sido registradas, pueden sobrevivir en las ciudades con corredores de vegetación natural a lo largo de las quebradas, humedales o ríos, los cuales mantienen la conectividad de la ciudad con sus áreas rurales circundantes, en donde la vegetación nativa es más extensa y representativa. No obstante, dentro de la matriz urbana, los parques también juegan un elemento esencial como hábitat para las aves.

En los parques que han sido visitados en Bogotá se han registrado 32 especies de aves, de las cuales se destacan la mirla patinaranja (Turdus fuscater), considerada la especie más abundante y con mayor asociación con las diferentes especies arbóreas y arbustivas sembradas en Bogotá. Otras de las especies de aves comúnmente encontradas en los parques urbanos son la torcaza, el copetón, el colibrí chillón, sirirí, palmero, azulejo, cucarachero, gallinazo o chulo, chamón y carbonero.

Entre las especies vegetales que presentan mayores asociaciones con la avifauna en los parques urbanos se encuentran el Guayacán de Manizales, caucho sabanero, pino romerón, nogal, caucho Tequendama, cerezo y sangregado, que son usados como recurso alimenticio y para la percha.

Las coberturas vegetales urbanas en Bogotá son refugio de especies migratorias entre los meses de septiembre y abril, en donde gran diversidad de aves se observan en la ciudad, como el atrapamoscas, verderones y buchipecosas, entre otras. Estas especies usan las coberturas vegetales urbanas para descansar y alimentarse, reponiendo sus fuerzas para continuar su viaje a áreas más amplias, con mayores recursos en donde pasan su temporada invernal.

La apuesta de la Administración Distrital por convertir a Bogotá en lugar predilecto para aves residentes y migratorias es una realidad. Ya son 162.000 árboles plantados en espacio urbano y zonas de restauración, los cuales contribuyen a la consolidación de un acogedor hogar para todos.

 
 

Líquenes, los sobrevivientes
extremos del mundo

Líquenes, los sobrevivientes extremos del mundo

 

Los líquenes son la asociación entre un hongo y un alga, gracias a esta relación, hoy, alrededor del mundo, ya son más de 17.000 especies de líquenes registradas. De ellas, aproximadamente 1.674 estarían en Colombia, de las cuales 133 han sido reportadas en la capital, a través del inventario del Jardín Botánico de Bogotá.

De acuerdo con estudios realizados hace algunos años por la Agencia Espacial Europea, quienes pusieron en órbita varios líquenes, encontraron que, de manera sorpresiva, tras 12 días en el espacio, estos no sufrieron daños y se recuperaron con rapidez. Asimismo, se ha encontrado que otros líquenes han desarrollado estrategias para vivir en la Antártida, soportando temperaturas de hasta -25 grados centígrados sobre la capa de hielo, demostrando la fortaleza de estos organismos para resistir a condiciones extremas.

El alga produce su propio alimento por medio del proceso de fotosíntesis, el cual consiste en transformar la energía del sol en energía aprovechable; en este punto, el alga produce azúcares las cuales son utilizadas por el hongo como alimento. El alga, por su parte, obtiene del hongo la protección necesaria para evitar la deshidratación, debido a que aumenta su capacidad de absorber agua.
 

Liquenes Nota Web
 

Desde tiempos memorables, los líquenes han sido pioneros colonizando ecosistemas, tanto en los trópicos como en los polos. Además, debido a sus características tan únicas pueden desarrollarse en medios con escasos nutrientes y condiciones ambientales extremas. Precisamente, algunos de ellos producen sustancias ácidas que ayudan a degradar rocas y pueden extraer con eficiencia fósforo, magnesio, calcio, potasio, azufre y hierro, contribuyendo a la formación del suelo.

Por otro lado, los líquenes también actúan como indicadores biológicos de la calidad del aire, debido a que su superficie no cuenta con una capa protectora, lo que los hace susceptibles a los cambios en el ambiente y a algunos contaminantes, como dióxido de carbono y lluvia ácida.

En el Distrito Capital se destacan algunas especies como la Flavopunctelia flaventorRamalina celastri y Usnea sp., las cuales fueron recolectadas en la cuenca alta del Río Bogotá y presentaron actividad antibacteriana frente a uno de los microorganismos que produce la neumonía (Klebsiella pneumoniae).

También es importante resaltar la especie Cora celestinoa, encontrada en la región de Sumapaz y dedicada al botánico español José Celestino Mutis. Su ejemplar tipo (el usado para describir esa nueva especie) está depositado en el Herbario del Jardín Botánico de Bogotá.

En cuanto a los usos y aprovechamientos de estos organismos, se ha identificado que en algunos países asiáticos varios líquenes se han utilizado como agentes terapéuticos, para lo cual se ingiere por vía oral para el tratamiento de infecciones pulmonares y del tracto respiratorio superior. También se aplica sobre la piel para el tratamiento de infecciones o úlceras externas.

 

Alcaldía entrega megaobra del Tercer Milenio
con 121 nuevos árboles

Alcaldía entrega megaobra del Tercer Milenio con 121 nuevos árboles

 

Una nueva y renovada cara se tomó la localidad de Santa fe, en el Parque Tercer Milenio. Son tres canchas sintéticas, una de fútbol 11 y dos de fútbol 5; pista recreativa de patinaje con cancha de hockey; gimnasio al aire libre, zona de juegos infantiles, skatepark, pista de BMX recreativa y 121 nuevos árboles, las obras con las que la Administración Distrital le da vida al centro de la ciudad. 

A partir de hoy,  los capitalinos podrán disfrutar de un nuevo espacio para la recreación, el entretenimiento, el deporte  y, sobre todo, para compartir en familia. Gracias a la inversión de 32.500 millones de pesos para la intervención de 150.000 metros cuadrados de lo que antiguamente fue una parte del sombrío Cartucho de Bogotá.

Además de las diferentes obras que incluye este parque, para garantizar el óptimo aprovechamiento de la ciudadanía la infraestructura es acompañada con 121 árboles de especies como guayacán de Manizales, pino romerón, cedro, carbonero y palma de cera, las cuales fueron seleccionada por ser nativas, atractivas para insectos y aves y presentar un buen comportamiento a los microclimas de la zona y la contaminación.

En ese sentido, el Tercer Milenio ahora será un espacio en el que las risas de los niños y el canto de las aves serán la música que acompañará a cada visitante y, qué mejor complemento que un aire más depurado y libre de CO2, gracias a los nuevos árboles que hoy nacen allí, pero que mañana serán los pulmones verdes del futuro.

Con estos 121 árboles, ya son más de 12.770 individuos los que esta Administración ha plantado en la localidad de Santa Fe.

 
 

Llega a Bogotá la primera plataforma
que registra las interacciones de flora y otros
organismos de los ecosistemas de la capital

Llega a Bogotá la primera plataforma que registra las interacciones de flora y otros organismos de los ecosistemas de la capital

 

Conocer cuáles son las plagas que pueden atacar los cultivos, identificar qué especies de árboles son las que proporcionan alimento o espacios de anidamiento para la avifauna, o reconocer las plantas adecuadas para sembrar en su jardín, son algunas de las inquietudes que por primera vez y a partir de hoy pueden ser consultadas a través de la ‘Red de Interacciones Bióticas de Bogotá D.C’, plataforma pionera en la ciudad.

Con el objetivo de brindar toda la información sobre los organismos que interactúan en las coberturas vegetales y en los diferentes ecosistemas de la capital, la Alcaldía de Bogotá, a través del Jardín Botánico, lanzó la ‘Red de Interacciones Bióticas de Bogotá D.C’, una gran base de datos que, a la fecha, contiene 4.071 interacciones que ocurren entre 1.652 especies distintas. Dichas cifras irán incrementando mes a mes, gracias a las actualizaciones de los investigadores, apoyados con cientos de fuentes de literatura científica y material multimedia obtenidos durante el trabajo de campo.

Cada interacción recopilada puede consultarse y explorarse interactivamente en forma de una red gráfica, a través de la página web del Jardín Botánico de Bogotá www.jbb.gov.co/redbiotica.

Llega a Bogotá la primera plataforma que registra las interacciones de flora y otros organismos de los ecosistemas de la capital

 

Con esta herramienta, toda la ciudadanía podrá beneficiarse. Por un lado, la comunidad científica puede usar la información contenida en la Red de Interacciones como datos de base para diversos estudios y análisis ecológicos. Por su parte, las entidades a cargo del arbolado también podrán consultar la plataforma para identificar qué especies de árboles son las que proporcionan alimento o espacios de anidamiento para la mayor cantidad de especies de avifauna.

Por otro lado, quienes deseen saber qué tipo de plantas son las que deben sembrar en sus jardines para atraer a vistosas y coloridas mariposas u otros visitantes florales como colibríes, podrán hacerlo a través de esta herramienta.

Asimismo, el sector agrícola también se verá favorecido, ya que a través de la Red de Interacciones Bióticas se pueden conocer cuáles son las posibles plagas que atacan las plantas de los cultivos, así como también los potenciales depredadores de estas.

La plataforma más grande a nivel mundial es GloBi (Global Biotic Interactions), quienes registran interacciones de todas las partes del planeta y, aunque tienen cientos de registros de interacciones, a nivel local para Bogotá este solo cuenta con tres registros de interacciones, mientras que ‘Red de Interacciones’ cuenta con más de 4.000, las cuales pueden visualizarse y explorarse gráfica e interactivamente.

 
 

Estudios del Jardín Botánico logran identificar algunos microorganismos asociados a los frailejones

Estudios del Jardín Botánico logran identificar algunos microorganismos asociados a los frailejones

 

Colombia es el segundo país con mayor representatividad de frailejones, albergando a 88 especies distribuidas en siete géneros. Sin embargo, del total de especies en el país, 36 están en alguna categoría de amenaza y, de estas, 23 están catalogadas en grado alto de amenaza.

De tronco grueso, generalmente único; hojas grandes y vellosas, y hojas muertas a lo largo que permanecen para protegerlos, los frailejones se caracterizan por crecer entre uno y cuatro centímetros por año y vivir más de 100. Asimismo, se destacan porque son capaces de almacenar hasta 25 veces su peso en agua, lo cual permite catalogarlos como “fabricas” de agua, al captar el líquido de la lluvia y la neblina y almacenarla para nutrir las quebradas y ríos que nacen en los páramos y que proveen, en su mayoría, al acueducto de Bogotá.

No obstante, y debido a la afectación generada por actividades como la agricultura, ganadería extensiva, minería de oro y carbón y el turismo no controlado, así como por organismos como escarabajos, hongos y polillas, los denominados ‘monjes de páramo’ se están desapareciendo, por lo que ha sido prioritario crear alternativas que promuevan su conservación, tanto a nivel nacional como departamental.

Estudios del Jardín Botánico logran identificar algunos microorganismos asociados a los frailejones

 

Es así como la Alcaldía de Bogotá, a través del proyecto de inversión 1121 para la conservación de los ecosistemas y la flora de Bogotá y la región, se ha enfocado en generar conocimiento para la formulación de herramientas que lleven a la protección de los frailejones en los páramos que rodean la ciudad, mediante la identificación de los hongos causantes de enfermedades en diferentes especies de monjes de páramo de San Francisco, Sumapaz, Pasquilla y el Tablazo.

De acuerdo con estudios realizados en los últimos años por el Jardín Botánico, los hongos que se han reconocido en las muestras de hojas de por lo menos cinco especies diferentes de frailejones son Alternaria sp., Cladosporium sp., Fusarium sp., Nigrospora sp., y Acremonium sp. Los cuatro primeros son microorganismos fúngicos reconocidos que atacan diversas especies de plantas ocasionándoles múltiples enfermedades, mientras que el último es un hongo microscópico que se alimenta de materia orgánica del suelo y, en algún momento, puede afectar las plantar por medio de las heridas o lesiones.

Estudios del Jardín Botánico logran identificar algunos microorganismos asociados a los frailejones

 

Por otro lado, en el suelo de los frailejones se encontró Penicillium sp., Cladosporium sp., Fusarium sp., Rhizopus sp., Aspergillus sp. y Mucor sp., hongos diminutos que cumplen diferentes roles en el suelo, como por ejemplo liberar nutrientes asimilables, descomponer la materia orgánica o los patógenos que las afectan.

A través de la Subdirección Científica del Jardín Botánico de Bogotá, el reto de la Administración es continuar investigando para determinar si estos hongos, solos o en conjunto, son los responsables de las afectaciones que se han observado sobre los frailejones, los cuales también cumplen otros papeles ecológicos importantes, al servir de refugio a una diversidad de insectos y proveer alimento para algunas aves de montaña.

 
 

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