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Así conservamos la
palma de cera del Quindío

Así conservamos la palma de cera del Quindío

 

Su único hogar es Colombia,  uno de los países con mayor biodiversidad de palmas, con 66 géneros y más de 289 especies. Su altura puede alcanzar hasta 60 metros; su estado de conservación es en peligro de extinción (EN), por lo cual gracias a una ardua labor del Jardín Botánico de Bogotá hoy trabajamos por su protección.

La imponente y longeva palma de cera, Ceroxylon quindiuense, además de ser el árbol nacional de Colombia desde 1985, es una especie importante para el Jardín Botánico de Bogotá por ser las primeras palmas de cera que se plantaron en la capital. Precisamente, su historia se remonta a una expedición botánica en el Alto de la Línea, Salento y el Quindío en general, realizada por nuestro fundador Enrique Pérez Arbeláez, donde se trajeron semillas y plántulas que estaban debajo de los bosques de palmas de cera y las cuales fueron plantas en la entidad.

Lamentablemente, la constante pérdida de ecosistemas naturales y su lento crecimiento han llevado a que la palma de cera actualmente se encuentre en peligro de extinción (EN), razón por la cual desde el Jardín Botánico se adelantan constantemente estudios encaminados a encontrar diferentes estrategias que permitan ayudar en la conservación de esta especie.

De acuerdo con varios estudios realizados por investigadores del Jardín Botánico, aunque una de las estrategias de conservación a largo plazo de las plantas es el almacenamiento de las semillas en bancos de germoplasma, la Palma de cera no cuenta con semillas que toleren las bajas temperaturas y contenidos de humedad donde son almacenadas, lo que dificulta el proceso.

Sin embargo, entre los hallazgos de las investigaciones se ha encontrado que es vital la implementación de procesos de propagación a través de  la recolección de los frutos maduros (de color anaranjado), los cuales son escogidos directamente de la planta y deben sembrarse lo más pronto posible, ya que las semillas son poco longevas y mueren rápido después de la colecta.

Además, se ha evidenciado que un lijado en la cubierta de las semillas es clave para acelerar la germinación, la cual se presenta entre 14 a 16 meses después de la siembra, ya que  se ha registrado que las semillas de la palma de cera presentan un crecimiento lento de 5 cm en 5 meses. 

Asimismo, se logró determinar que, en época de cosecha, la especie puede llegar a producir cientos de frutos, los cuales tienen diferentes potencialidades de uso, pues todas sus partes pueden ser utilizadas.

Con relación al peso, la cáscara representa un 20%; la pulpa, 31%; y la semilla, 49%. La pulpa es la parte comestible, es buena fuente de fibra, proteína y grasas, las cuales pueden encontrarse también en la semilla. Tiene un sabor dulce y con ella se pueden obtener mermeladas y bebidas fermentadas. Por otro lado, la cáscara puede ser usada como fuente de pigmentos naturales, gracias a la presencia de carotenos (responsables del tono naranja). 

Los esfuerzos por buscar las mejores estrategias para conservar el árbol nacional siguen siendo una apuesta del Jardín Botánico de Bogotá, por lo que continuarán desarrollándose estudios y avances que les permitan a las comunidades conocer, proteger y aprovechar nuestra biodiversidad.

 
 
 
 
 

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