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La historia detrás de los caballitos del diablo
y las libélulas de Bogotá
 

Debido a su posición geográfica, Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del mundo. Sus selvas húmedas y secas, sabanas de bosque de clima templado, bosques de niebla, páramos, ríos, costas y bosques altoandinos, entre otros, hacen del país un territorio con alta riqueza de fauna y flora. Para el caso de Bogotá, los santuarios, reservas forestales y los parques ecológicos con los que cuenta, convierten a la capital en el hábitat de un sinfín de especies por describir y descubrir como los odonatos.

 

Conocidos comúnmente con el nombre de libélulas, matapiojos o caballitos del diablo, los odonatos son un grupo de insectos que dependen de los afluentes de agua para su desarrollo y, además, cumplen un papel ecológico importante dentro del ecosistema. Actualmente, en el mundo se tiene un registro de 6.000 especies, de las cuales 1.650 están en el neotrópico, 238 en Colombia y 15 en Bogotá.

 

Este carismático grupo de insectos está categorizado como uno de los más antiguos del planeta, debido a que aún poseen características muy primitivas. Al igual que otros insectos, como las mariposas y los escarabajos, los odonatos son animales que poseen una amplia gama de coloración, tanto en sus alas como en su cuerpo, aunque no son tan diversos como estos.

 

Se caracterizan por poseer una larva acuática, conocida como náyade, la cual espera dentro del agua las condiciones ambientales propicias para pasar a adulto. La náyade es un depredador innato, lo que los cataloga dentro de los insectos más depredadores de la cadena y los hace excelentes controladores de otros insectos que, en ocasiones, son considerados como plagas, como el caso de los mosquitos y zancudos.

 

Asimismo, los odonatos han sido estudiados como potenciales bioindicadores de calidad del agua, ya que dependen en su totalidad de este medio para su completo desarrollo de vida. Además, también son importantes en la red trófica de los ecosistemas, debido a que hacen parte de la dieta de aves, anfibios, artrópodos y peces.

 

Tanto libélulas como caballitos del diablo hacen parte de este grupo. La deferencia entre el uno y el otro radica en que las libélulas son las que tienen tamaño grande, de cuerpo robusto, de ojos casi unidos en medio de la frente y, al posarse, las alas no las pliegan. Por su parte, los caballitos del diablo son aquellos de tamaño pequeño, de cuerpo delgado, sus ojos se encuentran cada uno a los lados y, al posarse, despliegan sus alas hacia atrás.

Según recientes datos, se estima que en el mundo hay un total de 6.000 especies reconocidas, 1.650 en el neotrópico, 238 especies distribuidas en 17 familias en Colombia y, de estas, aproximadamente 15 están en Bogotá, distribuidas en tres familias, principalmente Coenagrionidae, Aeshnidae, y Libellulidae.

 

A continuación presentamos las ocho más comunes de la capital:

Mesamphiagrion laterale: Se caracteriza por ser una de las especies con mayor rango de distribución, al encontrarse en casi todos los humedales. Se reconocen fácilmente por su patrón de coloración azul.

 

mesamphiagrion-laterale

 

Enallagma civile: Se reconoce fácilmente por el patrón de coloración en su abdomen azul-negro-azul, con las dos bandas azules en los últimos segmentos abdominales. La hembra es de coloración café-marrón-café. Suelen poner sus huevos dentro de raíces y hojas de plantas acuáticas sumergidas.

 

enallagma-civile

 

Ischnura cruzí: Es una de las especies más pequeñas de caballito del diablo, dificultando su observación en el medio.

 

Ischnura cruzí

 

Ischnura chingaza: Al igual que I.cruzí presenta un pequeño tamaño, además de caracterizarse por su color verde oliva en todo el cuerpo, incluyendo los ojos.

 

ischnura-chingaza

 

Rhionaeschna marchali: Es una de las especies más grandes que se encuentran en Bogotá, se caracteriza por su cuerpo robusto con colores metalizados en gamas de verde-azul-amarillo, con dimorfismo sexual casi imperceptible. Gracias a su potente vuelo se pueden encontrar en zonas urbanas muy alejadas de cuerpos de agua.

 

rionaeschna-marchali

 

Sympetrum gilvum: Es una de las especies de libélulas más conocidas en Bogotá, se reconoce fácilmente por el color rojo intenso en los machos y amarillo-dorado en las hembras. Suelen verse fácilmente posados en pastizales o volando cerca al cuerpo de agua en defensa de territorio, en busca de alimento o para la reproducción.

sympetrum-gilvum

 

Erythrodiplax abjecta: Presenta una coloración abdominal café-azul en los machos y amarilla en las hembras. Son de tamaño mediano a pequeño y se encuentran principalmente en zonas donde hay gran diversidad de plantas acuáticas.

 

Erythrodiplax abjecta

 

Anax amazilí: Es una de las especies migratorias que se han registrado en Bogotá, al igual que R. marchali, es de gran tamaño y robusta, aunque sus patrones de coloración son un poco más oscuros y opacos.

La conservación de este grupo de insectos depende estrechamente de la protección de los hábitats que son importantes para su desarrollo. Las causas de la pérdida de biodiversidad se encuentran relacionadas, principalmente, por el deterioro progresivo de los humedales (y otros cuerpos de agua) que, en ecosistemas urbanos como Bogotá, son importantes y estratégicos, no solo para los Odonatos, sino también para una gran diversidad de fauna y flora.

 

 
 
 
 
 

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