Transparencia y acceso a información pública

Conociendo las Aves del Río Fucha, Bogotá

 

Sergio Chaparro-Herrera1,2 y Pedro A. Camargo Martínez1,2

 

1 Investigador Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis. Avenida-Calle 63 No. 68-95, Bogotá, Colombia.
2 Asociación Bogotana de Ornitología (ABO). Carrera 47 No. 22A-65, Bogotá, Colombia. Correo: sergioupn@gmail.com

 

Los investigadores Sergio Chaparro-Herrera y Pedro A. Camargo de la Subdirección Científica del Jardín Botánico de Bogotá visitaron durante el 2015 cuatro sitios del río Fucha con el objetivo de evaluar la presencia, abundancia y función de las aves en su ronda. Los sitios en los que se realizaron las observaciones fueron: Reserva El Delirio y Parque Metropolitano San Cristóbal (ubicados en la localidad de San Cristóbal) e Industriales y Marsella (localidad de Kennedy).

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Figura 1. Sitios de muestreo de aves en diciembre de 2015 a lo largo del río Fucha, Bogotá.
A) Reserva El Delirio, B) San Cristóbal (Parque Metropolitano), C) Industriales, D) Marsella. Fotografía: Sergio Chaparro-Herrera©.

Fueron registradas:

67 especies, 1.464 individuos, 24 familias.L

Las familias más representativas:

Atrapamoscas (Tyrannidae): 9 especies
Tangaras (Thraupidae) y Colibríes (Trochilidae): 8 especies
Reinitas (Parulidae): 6 especies


Se resalta la presencia de 10 especies migratorias boreales, es decir, que se reproducen en Norteamérica y 5 especies casi-endémicas (especies que presentan la mitad o más de su distribución en un país, con extensiones menores hacia uno o más países vecinos): el Soterrey Rufo (Cinnycerthia unirufa), el Picocono Rufo (Conirostrum rufum), el Trepamusgos Flamulado (Thripadectes flammulatus), la Candelita Frentidorada (Myioborus ornatus) y el Jilguero Andino (Spinus spinescens).


 

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Figura 2. Picocono Rufo (Conirostrum rufum), especie casi-endémica de Colombia presente en la ronda del río Fucha, Bogotá.
Fotografía: Sergio Chaparro-Herrera©.

Los sitios con mayor número de especies fueron la Reserva El Delirio con 46 especies y San Cristóbal con 22, y la de menor riqueza Industriales con 16 especies.

Por su lado las especies con mayor número de individuos fueron:

  • La Torcaza (Zenaida auriculata) con 347
  • La Golondrina Ahumada (Orochelidon murina) con 193
  • El Chamón (Molothrus bonariensis)con 163
  • El Zuro (Columba livia) con 132
  • La Mirla Negra (Turdus fuscater)con 106
  • El Copetón (Zonotrichia capensis)con 91 individuos

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Figura 3. Algunas de las aves más comunes  a lo largo del río Fucha. Superior izquierda Chulo (Coragyps atratus), derecha Chamón (Molothrus bonariensis). Inferior izquierda Mirla (Turdus fuscater), derecha Torcaza (Zenaida auriculata). Fotografía: Sergio Chaparro-Herrera©.

Respecto a la dieta de las especies encontradas en la ronde del río Fucha, 22 especies consumen insectos pequeños, 10 especies insectos pequeños y frutos, 10 especies néctar e insectos pequeños, 6 especies insectos pequeños e invertebrados grandes y vertebrados pequeños  y 5 especies  semillas. Los resultados de esta investigación demuestran la necesidad de proteger, recuperar y fomentar espacios verdes dentro de la ciudad para conservar las aves y sus hábitats debido a que estas proveen importantes servicios ecosistémicos como polinizadores, dispersores de semillas y agentes de control de insectos y roedores.Por todo esto la conservación de hábitats no solo beneficia a las aves sino a muchas otras especies animales y vegetales así como el recurso hídrico, la calidad del aire y el paisaje en general.

En este sentido, es fundamental generar conectividad mediante especies vegetales nativas, para permitir el movimiento de las aves entre diferentes hábitats y enriquecer espacios naturales a lo largo de la ciudad (Sanesi et al. 2009). Por lo cual es necesario reconocer la conectividad como una propiedad vital del territorio pues asegura la salud de los ecosistemas, la conservación de la biodiversidad y  el mantenimiento de los componentes y procesos de los que se desprenden buena parte de los bienes y servicios que el ser humano requiere para su supervivencia (De la Guerra et al. 2002, 2001, Marzluff & Ewing 2001, Sanesi et al. 2009, Shochat et al. 2010).